Acércate a la fuente del verdadero perdón

Querido Padre Alberto: Después de 25 años de matrimonio, en los cuales sufrí desde un principio la persecución y el acoso por parte de la familia de mi marido, he descubierto que tengo un esposo infiel y que no cambia. Mi esposo mantuvo por años una amante y yo tenía que trabajar dos jornadas diarias. […]

Querido Padre Alberto:

Después de 25 años de matrimonio, en los cuales sufrí desde un principio la persecución y el acoso por parte de la familia de mi marido, he descubierto que tengo un esposo infiel y que no cambia.

Mi esposo mantuvo por años una amante y yo tenía que trabajar dos jornadas diarias. A pesar de todo eso, yo lo perdoné.

Por mucho tiempo nunca tuve el apoyo de un esposo, ni el respeto que es tan importante para el hogar.

Tengo dos hijas y un varón, por supuesto mis hijas le tienen un rencor muy grande a su padre y están resentidas. Él, por su parte, mantiene una aptitud déspota con ellas, apenas las trata; toda su atención es para el varón.

Como mis hijas son las mayores, ellas son las que más cuenta se han dado del comportamiento de su padre. Mi hijo varón es el menor y no sé si como mecanismo de defensa, o porque de verdad no se dio cuenta, nunca le ha reclamado a su padre.

En estos momentos estamos separados, a pesar de haber luchado como una leona para mantener mi hogar. Me siento llena de rencores por haber soportado tanto a un hombre tan egoísta y miserable.

¿Cómo podré liberarme de ese sentimiento que me ata a ese hombre, todo por respetar el sacramento del matrimonio, por amor a mi Dios y por fidelidad a mis principios cristianos?

¿Cómo podré rehacer mi vida y perdonar como Dios manda a quien tanto daño me ha hecho?

Delia, la que no logra curar sus heridas

Estimada Delia:

Tu historia me hace pensar en las muchas mujeres que han tenido que sufrir a manos de un machista. No conozco a tu esposo, ni soy quién para juzgarlo, pero su comportamiento manifiesta lo peor del machista latino que nunca sabe asentarse en su vida matrimonial.

Al igual que tú, la actitud de tus hijas demuestra que se sienten lastimadas y menospreciadas por su padre. El hombre que no quiere compartir con sus hijas, es porque quizás vive con un cargo de conciencia muy grande y no sabe cómo mirarlas a los ojos. Desafortunadamente, tu hijo varón ha recibido un mal ejemplo y yo creo que él sí es consciente de la conducta de su padre, aunque su reacción sea distinta. Recuerda que cada hijo es único y todos respondemos a los golpes de la vida de formas diferentes.

Lo que guardas en tu corazón, especialmente los recuerdos de abandono y maltrato, sólo lo puedes sanar cuando estés convencida de que el momento ya llegó. Mientras sigas guardando resentimientos y pensando en el dolor que te causaron, nunca podrás ser verdaderamente libre de todo lo que tu marido te ha hecho pasar.

Puedes vivir con la certeza de que tú perdonaste, fuiste buena esposa y cumpliste con tus obligaciones, aunque él no tuvo la madurez o los pantalones para corresponderte. Lo del pasado es mejor soltarlo y vivir en el presente.

Yo te recomiendo que reavives tu relación con Dios y busques intensificar tu vida espiritual. Acércate a la fuente del verdadero perdón y a quien nos enseñó con su ejemplo que el perdón y el amor, pueden más que el odio y el resentimiento.

Un abrazo,

Padre Alberto

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Rev. Padre Alberto Cutié

Radio Paz 830 AM

PO BOX 421500

Miami, Fl 33142

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Religión y Fe

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