“Ayuda a las personas a descubrir la verdadera estrella que nos muestra el camino: Jesucristo”.
(Benedicto XVI)
Ha escuchado usted a algunas personas decir: “¡Qué mala estrella la mía!”
Será posible que un cristiano tenga “mala estrella”, el cristiano que según él posee “mala estrella” ha de examinar con detención su fe, y su calidad cristiana. Un cristiano de fe, un cristiano de la calidad, no cree en su mala estrella o mala suerte.
El evangelio es una Buena Noticia que ilumina a los hombres de todos los tiempos: la buena noticia de nuestra Salvación en Jesucristo.
En Jesucristo y por Jesucristo, el buen cristiano, con su vida, con su palabra, puede servir y sirve de estrella o más exactamente, de indicador de la verdadera estrella de nuestra vida.
La mala estrella es uno el que se la hace cuando no se deja guiar por el Espíritu de Dios para seguir el camino, la verdad y la vida, que es Jesucristo. La “tuerce”, “mala suerte”, o “mala estrella” o como quiera llamarse, no es sino una serie o un conjunto de decisiones llevadas a cabo torpemente, sin el debido razonamiento o bien a sabiendas de que a uno le irá mal al actuar en determinada forma. Es lo que la Biblia, abundando en textos, llama estupidez, necedad e insensatez o con otros epítetos similares o sinónimos para invitar a la prudencia o al uso de la reflexión antes de actuar, sobre todo en un asunto de importancia, como abrazar un estado de vida: “¿Me caso o no me caso?”. Al elegir a las autoridades del país: ¿voto por “X” o por “Y”?, se dice que uno es quien se labra su propio destino. Como una mujer para un hombre puede constituir una verdadera desgracia y viceversa, cierto tipo de gobernantes pueden representar una verdadera tragedia para un pueblo… por eso hay que saber elegir, no perder de vista la luminosa estrella para el camino, tanto personal como nacional.