San jerónimo es uno de los santos con el poder de convocar a miles de devotos, en la ciudad de Masaya. (LA PRENSA/ ARCHIVO)

San Jerónimo, el gran traductor de la Biblia

San Jerónimo nació en Estridón (Dalmacia) en el año 340; sus estudios los realizó en Roma y allí fue bautizado. Su espíritu es enciclopédico: su obra literaria nos muestra al filósofo, al retórico, al gramático, al dialecto, capaz de hablar y escribir en latín, en griego, en hebreo; letrado rico y puro robusto al mismo […]

San Jerónimo nació en Estridón (Dalmacia) en el año 340; sus estudios los realizó en Roma y allí fue bautizado. Su espíritu es enciclopédico: su obra literaria nos muestra al filósofo, al retórico, al gramático, al dialecto, capaz de hablar y escribir en latín, en griego, en hebreo; letrado rico y puro robusto al mismo tiempo. A él se debe la traducción al latín del antiguo y nuevo testamento, que llegó a ser, con el título de Vulgata, la Biblia oficial del cristianismo.

Jerónimo es de una personalidad fuerte: en cualquier parte a donde va genera entusiasmo o polémicas. Cuando finalizaba un libro iba a un monasterio, no lejos del suyo, a dialogar con unas monjas que llevaban una vida ascética. Él las escuchaba y respondía a las preguntas. Estas mujeres ilustradas sirvieron como filtro para sus explosiones pocas oportunas y él les retribuía con el alimento de una cultura espiritual y bíblica.

Este hombre extraordinario era consciente de sus limitaciones y sus propias fallas. Y las remediaba dándose golpes de pecho con una piedra. Fallece a los 72 años en Belén, en el año 412.

Este milagroso Santo es celebrado los 30 de septiembre con mucha fe y alegría en la ciudad de Masaya, desde hace muchas décadas. Es conocido a nivel nacional como el doctor que cura sin medicinas.

La señora Petrona Amador, ciudadana de Masaya, recuerda que en 1977 a sus dos únicos hijos les acechaba una enfermedad muy terrible. En ese tiempo la señora había visitado muchos lugares buscando ayuda y cura para sus vástagos, sin embargo no hubo resultados exitosos.

“Fue entonces que una amiga me recomendó que los ofreciera (los hijos) a San Jerónimo, porque decían que era el médico que curaba sin medicina. Para alegría de mi corazón, mis hijos se recuperaron de una forma rápida y satisfactoria, y jamás padecieron de ese mal”, dijo.

Por eso, en ese año, los niños y madre bailaron en la iglesia San Jerónimo al son de las marimbas un 30 de septiembre, a manera de agradecimiento. Así como Amador, millares de personas van a las fiestas de este milagroso Santo a pedir un favor.

Religión y Fe

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