- Anastasio Somoza García murió en Panamá el 29 de septiembre de 1956. Fue sepultado el 2 de octubre. Durante tres días se le tributaron las más grandes honras fúnebres de nuestra historia. Fue declarado Príncipe de la Iglesia. El servilismo y la adulación se desbordaron, igual que el terror, la cárcel, la tortura y la muerte. Al final sus restos quedaron abandonados en medio de la basura y el excremento humano
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Notas Relacionadas > Oficialmente se reportó su muerte a las 4:05 de la madrugada del sábado 29 de septiembre de 1956, en el Hospital Gorgas de la Zona del Canal de Panamá. Había sido internado en una sala preparada para el presidente Eisenhower, que había estado recientemente en Panamá.
Desde que Rigoberto López Pérez le disparara la noche del 21 de septiembre, en León, una serie de comunicados en nada presagiaban el deceso. El Boletín No. 1 de la Secretaría de la Presidencia, al referirse al atentado, señaló que “un individuo atentó contra la vida del Señor Presidente de la República, acertándole cuatro tiros que afortunadamente no son de gravedad”.
Se expresaba que “su estado de salud es satisfactorio y no presenta ningún peligro”. Todavía en el Boletín No. 17 del 28 de septiembre, se aseguraba que “la salud del Señor Presidente continúa mejorando notablemente”. Ya para entonces Anastasio Somoza García, el dictador que por tantos años había reprimido a su pueblo, estaba clínicamente muerto.
A las 7:30 de la noche del viernes 28, su hijo, el coronel Luis Anastasio Somoza Debayle, fue investido por el Congreso Nacional con el cargo de Presidente Encargado de la República, ya que respecto a Somoza García “su estado de salud no le permite desempeñar actualmente sus funciones de Presidente de la República, según se desprende de la constancia médica extendida en forma legal”.
EL PODER DINÁSTICO
La muerte de Anastasio Somoza García terminaba con un período histórico de gobierno iniciado el 1 de enero de 1937, aunque su poder comenzó al asumir en 1932 el cargo de Jefe Director Auxiliar de la Guardia Nacional. En 1934 ordenó el asesinato del general Augusto C. Sandino, en 1936 derrocó a su tío político, el presidente Juan Bautista Sacasa. En pocos años entronizó el mayor poder político, militar y económico en una sola persona, en nuestra historia.
Su muerte oficializó el poder dinástico. El coronel Luis Somoza Debayle asumió como Presidente de la República y el coronel Anastasio Somoza Debayle, Jefe Director de la Guardia Nacional. Se da la continuidad de la política de las tres P: plata para los amigos, palo para los indiferentes y plomo para los enemigos, hasta julio de 1979.
IMPONENTES FUNERALES
El 30 de septiembre fueron traídos los restos a Nicaragua. Ese mismo día, durante muchos años, Somoza García viajaba a Masaya para bailar en la procesión de San Jerónimo. El estado de sitio decretado en León la noche del mismo día 21, más el decreto de duelo nacional no permitió que la imagen del santo recorriera las calles de Masaya.
Los restos de Somoza García fueron bajados del avión en la antigua terminal Las Mercedes. Desde ahí fueron conducidos a la Catedral de Managua, donde comenzó a recibir honores nunca antes tributados. Para efectos del funeral había sido declarado Príncipe de la Iglesia. Cuando aún no había fallecido, la Nunciatura Apostólica en Panamá comunicó a doña Salvadora Debayle, que el Papa Pío XII le enviaba una bendición especial.
Iniciados los sufragios en memoria del “Siervo Anastasio”, el Arzobispo de Managua, monseñor González y Robleto, concedió a los que asistieran, 200 días de indulgencia. El cardenal de Nueva York, monseñor Spellman envió un mensaje a Luis A. Somoza Debayle diciéndole: “Estoy seguro de que su padre se sentiría feliz si supiera que usted es su sucesor”. Ingenuidad o cinismo, como si no se supiera que había sido puesto en la Cámara de Diputados para heredar el poder político.
El funeral de Somoza García reunió al alto clero y sacerdotes que se desempeñaban como capellanes militares con grados en la Guardia Nacional. Además, se sentían respaldados por las muestras recibas desde el Vaticano. Monseñor Angelo Dell Acqua, Sustituto Secretario de Estado del Vaticano envió un mensaje expresando: “Su Santidad vivamente afectado deceso presidente Somoza”.
La misa en Catedral fue concelebrada por los obispos de Nicaragua, con excepción del Obispo de Matagalpa, monseñor Calderón y Padilla. La oración fúnebre la dijo monseñor Luis Enrique Mejía y Fajardo, canónigo de Catedral. Sobre el difunto, expresó condolencia: “que se le estaba tributando un homenaje de cariño y gratitud, como reconocimiento de sus relevantes méritos de ilustre estadista, de egregio ciudadano que en todos los actos de su vida pública supo reflejar el amor a la patria”.
Agregó monseñor Mejía y Fajardo “respetó a las leyes, la abnegación del sacrificio; al esclarecido mandatario que resumió en su alma: del águila la altivez, del león la fuerza, del volcán las nobles iras, de la vejez la prudencia, de la juventud el entusiasmo, y del mártir la generosa inmolación”. Le llamó “Pacificador de Las Segovias, hábil organizador de la administración pública”.
Desde el domingo 30 de septiembre hasta el martes 2 de octubre, los restos de Somoza García fueron llevados a distintos sitios, al Palacio Nacional en dos ocasiones, a la Academia Militar, Casa Presidencial en la Loma de Tiscapa, el Palacio del Ayuntamiento, el Club de Clases y Alistados de la Guardia Nacional que quedaba en la intersección de la calle Colón y la Avenida Bolívar, el Club de Obreros de Managua.
COMPETENCIA DE DISCURSOS
Fue una competencia de discursos, en los que el halago y el servilismo se juntaron alrededor del dictador muerto y de los dos herederos de la dinastía. Por primera vez en muchos años se dividía el poder militar y el político. Desde las palabras en la Misa Pontifical, pasando por los representantes de los poderes estatales, nada hacía pensar en quién había sembrado el temor, la cárcel, tortura y muerte durante tantos años.
En nombre del Poder Ejecutivo habló Oscar Sevilla Sacasa, ministro de Relaciones Exteriores. Luego de alabar al difunto, dijo de los herederos: “Como en limpios espejos, las virtudes del general Somoza se reflejan en sus hijos”, señalándolos de estar ajustados al cumplimiento del deber, el santo ejercicio del trabajo, de la honradez, de la caballerosidad. Ellos, agregó, son ahora los escogidos por los indescifrables signos del Destino, para continuar y multiplicar la obra del general Somoza.
El doctor Ulises Irías, presidente del Congreso Nacional, representó al Poder Legislativo. El doctor Juan Marcos López Miranda, presidente de la Corte Suprema de Justicia por el Poder Judicial. El general José María Zelaya C., senador de la República, por la Cámara del Senado. El doctor Manuel F. Zurita, en representación de la Cámara de Diputados, al final de su discurso, dijo: “Somoza no ha muerto si el patriotismo vive. El que quiera verlo vivo, que me saque el corazón”.
EL DISCURSO DE GAITÁN
El coronel Francisco Gaitán era uno de los más viejos miembros de la Guardia Nacional. Gozaba de toda la confianza de Somoza García, era muy popular, apreciado por su origen humilde. No se sabía que estuviera involucrado en robos, torturas o asesinatos. Al momento de la muerte del dictador se desempeñaba como Ministro de la Guerra, Marina y Aviación. Habló en nombre del Ejército.
Su discurso fue muy sentido. Dijo: “Querido y respetado Jefe, en mi voz, estremecida por el dolor, referente al eco de la voz del fiel ejército que tú tanto amaras, con la esperanza de que ahora que asciendes nimbado de la gloria que da el martirio, te llene de gozo el inextinguible amor de tus soldados que dejas, pero que jamás te olvidarán”.
De nada le sirvió al coronel Gaitán su manifestación de lealtad y dolor. Los hermanos Somoza Debayle aprovecharon la muerte de su padre para eliminar a varios altos oficiales que gozaban de mucha popularidad en la Guardia Nacional. No admitían sombras.
El coronel Gaitán fue involucrado en el proceso y enviado como embajador a Argentina. Allá falleció, sus restos fueron traídos a Nicaragua, están a corta distancia de donde se encuentran los de Somoza García y Luis Anastasio Somoza Debayle.
No podía faltar el discurso del embajador de Estados Unidos de América, Thomas E. Whelan, el sembrador de papas con cargo diplomático, el íntimo amigo de la familia Somoza Debayle, cuyos ojos se humedecieron cuando lo vio herido. Habló en representación del Cuerpo Diplomático y dijo: “Extendemos nuestros profundos sentimientos de pesar a doña Salvadorita, en esta trágica hora y esperamos que será de algún consuelo para ella, saber que su pena es compartida por todos nosotros».
El doctor Lorenzo Guerrero había sido burlado en 1947 por Somoza García cuando se presentó como precandidato del Partido Liberal, frente a don Alejandro Abaunza Espinoza (suegro del presidente Enrique Bolaños Geyer), resultando candidato el doctor Leonardo Argüello Barreto, derrocado a los 27 días de haber asumido la Presidencia. Lorenzo Guerrero habló en nombre del Partido Liberal Nacionalista. Fue Presidente a la muerte del doctor René Schick Gutiérrez en 1966. Llegó al extremo de decir: “Somoza como Lincoln, será siempre símbolo y gloria de la patria”.
A nombre del ala femenina liberal habló la doctora Olga Hunes de Saballos, viceministra de Educación Pública. El doctor Ildefonso Palma Martínez, a nombre de la Junta Departamental y Legal del Partido Liberal Nacionalista de la ciudad de León. Don Aurelio Montenegro lo hizo en su calidad de primer secretario de la Cámara de Diputados. También dijeron discursos, don Andrés Largaespada viceministro del Distrito Nacional; Raúl Sandoval, por el obrerismo somocista, lo mismo que Agustín Herrera.
EL FUNERAL
El martes 2 de octubre de 1956, un día como hoy, hace 50 años, se realizó el funeral de Anastasio Somoza García. Había muerto quien decidió la muerte de tantos nicaragüenses, quien sembró de tumbas el territorio nacional, no siempre, pues los asesinados en la Cuesta del Coyol pasaron tiempo a la intemperie como escarmiento a su rebeldía en el levantamiento de la Mina La India. Iba ahora a donde ya estaban varias de sus víctimas, más tarde llevarían los restos de los muertos del 4 de abril de 1954.
Entre el Palacio Nacional, salida del féretro, hasta el Cementerio Occidental donde estaba la cripta de los oficiales de la Guardia Nacional, había en aquel tiempo una distancia de 28 cuadras, la mayoría a través de la calle 15 de septiembre. El desfile salió a las nueve y media de la mañana y concluyó a la una y quince minutos de la tarde.
Iba en el desfile un gran caballo negro, un “cash fox”, llevaba sobre la montura un par de botas puestas al revés. Halaba el caballo un soldado alto y fornido de nombre Alberto Gutiérrez, desde ese día sería conocido entre sus compañeros como el “Macho Negro”, llegaría a ser un conocido represor. En 1979 fue públicamente fusilado en el barrio Monimbó, de Masaya.
Cantidad de soldados cargaban cojines sobre los cuales colocaron la enorme cantidad de medallas, condecoraciones que eran la debilidad del dictador, al extremo que su pariente, el general José María Moncada Tapia, al verlo una vez con el uniforme lleno de medallas, le dijo con ironía, que ya parecía montura de charro mexicano. En el desfile iba todo tipo de delegaciones, incluyendo una del alto clero presidida por monseñor González y Robleto. Estaba la Banda Presidencial de la República Dominicana, enviada por el dictador Rafael Trujillo Molina, ajusticiado en mayo de 1960.
LOS MENSAJES
El Presidente de Estados Unidos de América, Dwight D. Eisenhower, envió un mensaje que decía: “El presidente Somoza constantemente patentizaba, tanto pública como privadamente, su amistad hacia los Estados Unidos, una amistad que persistió hasta el momento de su muerte”, y le llamó “gran pérdida” al deceso. Igual de expresivo fue el mensaje del entonces vicepresidente Richard M. Nixon.
El general Héctor Bienvenido Trujillo Molina era el Presidente de República Dominicana, aunque el verdadero gobernante era su hermano Rafael, fue uno de los dictadores que expresó solidaridad ante la muerte del tirano nicaragüense. A la lista se sumaron Marcos Pérez Jiménez, de Venezuela; Alfredo Stroessner, de Paraguay; Fulgencio Batista y Zaldívar, de Cuba; Gustavo Rojas Pinilla, de Colombia; Paúl E. Magloire, de Haití; Carlos Ibáñez del Campo, de Chile. Los gobiernos dictatoriales decretaron duelos nacionales.
Hubo más mensajes de condolencias, de todos los firmantes sólo queda viva la reina Elizabeth, de Gran Bretaña; otros conocidos son: Carlos Castillo Armas, muerto a tiros en el Palacio Presidencial de Guatemala; Jusulin Kubitschek de Oliveira; Pedro Aramburú, de Argentina; Hernán Siles Suazo, de Bolivia; Chiang Kai Sheik, de China-Taiwán; John Foster Dulles, secretario de Estado norteamericano; Joaquín Balaguer, secretario de Estado de la Presidencia dominicana; Galde Meir, canciller de Israel.
NICARAGUA GRAN CÁRCEL
Desde la misma noche del 21 de septiembre, Nicaragua se había convertido en una gran cárcel que abarcaba todo el territorio. Miles de personas fueron encarceladas. La tortura y la muerte cundió. El dictador era enterrado con el sino que marcó su vida: el terror, la represión, la angustia en los hogares, la incertidumbre. Aún sus restos no habían sido sepultados cuando ya sus herederos demostraban las enseñanzas recibidas, personalmente dirigieron las sesiones de tortura y ordenaron los asesinatos.
Nunca en la historia de Nicaragua se ha mezclado tanto el afecto con el terror, largas filas pasaron frente al féretro, igual pasó en las aceras llenas de gente viendo pasar el funeral, oficiaron misas por el descanso eterno del “Siervo Anastasio”, las oficinas de telégrafo se abarrotaron por el envío de mensajes de condolencias, las floristerías no dieron abasto ante el pedido de ofrendas, la delación cundió en el seno de la familia y se quebrantó la amistad.
Aunque joven yo, me había hecho amigo del historiador don Sofonías Salvatierra, quien tenía su imprenta sobre la Calle 15 de Septiembre. Solía sentarse por las tardes en la acera en una silla abuelita. Somoza García le había causado grandes daños morales, calumniándolo como responsable de haber entregado al general Augusto C. Sandino. El día del funeral, don Sofonías no puso la silla en el lugar acostumbrado, cuando pasó el féretro, dentro de su casa, el anciano estaba sentado dando la espalda hacia la calle.