Luiz Inácio Lula da Silva cerró anoche su campaña en Sao Bernardo do Campo. Las elecciones generales brasileñas son el domingo 1 de octubre. (LA PRENSA/AP/Victor Caivano)

Lula favorito hasta el final

El Presidente de Brasil vislumbra la reelección, pero ¿bastará una vuelta? [doap_box title=»Ventaja categórica sobre rivales» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Las últimas encuestas señalan que Lula ganará el domingo 1 de octubre con poco más del 50 por ciento y unos quince puntos porcentuales más que el socialdemócrata Geraldo Alckmin, pero no excluyen del todo una segunda […]

  • El Presidente de Brasil vislumbra la reelección, pero ¿bastará una vuelta?
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Las últimas encuestas señalan que Lula ganará el domingo 1 de octubre con poco más del 50 por ciento y unos quince puntos porcentuales más que el socialdemócrata Geraldo Alckmin, pero no excluyen del todo una segunda vuelta, necesaria si nadie supera la mitad del censo o la suma de respaldo de todos sus adversarios.

Una posible variación de ese escenario podría estar atada a lo que podía suceder anoche, en un último debate de candidatos que se transmitiría por el influyente canal de televisión Globo, que ha invitado a todos los candidatos, pero al que Lula decidió no asistir. Ni sus voceros ni su partido, el PT, dieron razones.

La favela Rocinha quiere a Lula

En la favela Rocinha, la mayor de Rio de Janeiro, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva se puede sentir a sus anchas: muchos dicen que pese a los escándalos de corrupción en el gobierno, lo votarán porque les mejoró la vida.

“A pesar de los escándalos que sacudieron al gobierno, voto por Lula. Mejoró las condiciones de vida de los desvalidos”, declaró a la AFP Eliezer de Oliveira, de 42 años, agente de la compañía de electricidad de Rio, la Light, “nacido y criado” en la favela.

Odete de Paula, de 51 años, madre de familia de cinco niños, es de la misma opinión: “El costo de vida bajó. El rico no quiere a Lula y muchos no lo quieren a causa de los escándalos de corrupción, pero todos hicieron lo mismo”.

Ella también vivió siempre en la Rocinha, una favela de 160,000 habitantes en las laderas de la colina que se derrama sobre los barrios acomodados de la zona sur de la ciudad. Votará por el presidente saliente a pesar de que “el ambiente en la favela ha empeorado con el aumento de la violencia”. “Ahora hay que hacer todo para evitar que los jóvenes continúen haciéndose matar”.

En la Rocinha, como en las otras favelas de Rio, muchos jóvenes son reclutados por los traficantes de drogas y terminan muriendo en los enfrentamientos con la Policía o entre bandas rivales.

Según Odete, “lo más importante sería que el gobierno asegure ahora el porvenir de los jóvenes a través de la educación para darles perspectivas”.

El director de la asociación cultural, René Mello, de 30 años, no votará a Lula. Decepcionado con el “lulismo”, votará por la candidata radical Heloisa Helena, excluida del PT en 2003 por haber criticado la política económica “neoliberal” de Lula: “Al menos se mantuvo ética”.

Pero René reconoce que la Rocinha “apoya a Lula”, como la mayoría de las alrededor de 600 favelas de la ciudad. “Aunque con menor entusiasmo que en 2002, ya que no cumplió todas sus promesas”, agrega.

Mello destaca que 45 por ciento de la población de la favela está desocupada. Lula aumentó el salario mínimo, es cierto, pero aún está muy bajo (equivale a 160 dólares por mes) y desestimula a los jóvenes, que prefieren dedicarse al tráfico de drogas, mucho más rentable.

AFP/Claire de Oliveira[/doap_box]

Brasilia/EFE

Sin embargo, si hay una segunda vuelta, René votará por Lula antes que por el socialdemócrata Geraldo Alckim.

Un amigo de Mello, Gilberto Santana, no acepta que Lula se defienda de las acusaciones afirmando que no estaba al tanto de las actividades delictivas de su entorno. “O Lula es ingenuo o es un idiota. ¿Cómo el jefe de la casa no va a saber lo que sucede?”.

La campaña en radio y televisión para las elecciones del domingo en Brasil concluyó el jueves con el liderazgo del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en todos los sondeos, pero no se descarta la posibilidad de una segunda vuelta electoral.

Pese a lo que se esperaba, el fin de la campaña televisiva no reflejó la virulencia de los últimos días y se centró en mensajes de esperanza, aunque la oposición no olvidó los últimos escándalos en el entorno de Lula.

Geraldo Alckmin, del Partido de la Social Democracia (PSDB), dijo que quiere ser presidente “para barrer la corrupción” y ofreció “un gobierno con los pies en la tierra, los ojos en el futuro y el corazón en aquellos que más precisan”.

El espacio comenzó con un locutor en “off” que se refirió al intento de compra de un dossier con falsas acusaciones de corrupción contra el propio Alckmin y contra el candidato del PSDB al gobierno de Sao Paulo, José Serra.

Aparecieron fotografías de los implicados, todos miembros del comité de campaña de Lula que fueron destituidos al estallar el escándalo, e imágenes del momento en que la Policía detuvo hace quince días a dos de ellos, con el equivalente a 800,000 dólares que serían pagados por el dossier.

El locutor dijo que “la sociedad brasileña espera explicaciones” y acusó al Gobierno de demorar la investigación “hasta después de las elecciones”.

Entre sus promesas dirigidas a los más pobres, Alckmin ratificó que “mantendrá y mejorará” los programas sociales de Lula, aunque metió el dedo en la llaga al anunciar “una mejor fiscalización” para evitar “la corrupción”.

Lula, por su parte, apeló a la emoción. Apareció radiante junto con su esposa, Marisa Leticia, con las notas del “Himno a la Alegría” de fondo, y deseó que “las elecciones transcurran en mucha paz” y “sean un momento de reflexión”.

Dijo confiar en que los brasileños elegirán “lo mejor” y afirmó que hace casi cuatro años encontró “un país en crisis, que hoy está muy diferente”.

Reiteró que “nunca se combinaron tantos datos positivos juntos”, entre los que citó el crecimiento económico con baja inflación y generación de empleos.

“Si con las dificultades y la falta de experiencia que teníamos conseguimos todo eso, imagine lo que podremos hacer ahora”, declaró Lula, quien dijo haber aprendido “con los errores y los aciertos” y pidió “otro voto de confianza”.

Su último programa abundó en imágenes de personas de las más bajas clases sociales, que agradecieron emocionadas que “por fin” un gobierno las ha tomado en cuenta.

El espacio concluyó con Lula y su esposa tomados de la mano con personas de todas las razas frente a la residencia oficial del Presidente en Brasilia, y luego el ex sindicalista afirmó que se “escuchan los pasos de un nuevo Brasil”.

En los casi cinco minutos que tuvo Lula no hubo una alusión a los escándalos en torno al Partido de los Trabajadores (PT) ni tampoco aparecieron las banderas rojas de la formación que fundó en 1980, lo que se interpretó como un claro distanciamiento entre el candidato y los asuntos de corrupción del último año y medio.

Los otros seis candidatos inscritos, que juntos suman el 12 por ciento de respaldo en las encuestas, agradecieron el apoyo de los electores durante los tres meses de campaña.

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