- Un breve recorrido por los orígenes de El Güegüense, su parentesco con otras obras teatrales como El Rabinal Achí y sus formas de expresión en el lenguaje
El Güegüense, única comedia teatral del mestizaje nicaragüense, escrita a mediados del siglo XVII como pieza de ballet hablado en español arcaico y náhuatl; fue rescatada y editada en 1883 en Filadelfia por el doctor Daniel G. Briton y en 1981 compilada por Carlos Manuel Suárez en su libro Teatro Barroco Hispanoamericano.
Al igual, Marina Gálvez la incluyó en 1988 en su texto El Teatro Latinoamericano. En este sentir el académico de la lengua, Jorge Eduardo Arellano, le asocia parentesco histórico, folclórico y misionero a los dramas de los finales del siglo XVII: el Ollantal de Perú (castellano y quechua).
Es interesante resaltar que al Ollantal le antecede el poema satírico; A las cosas que pasan en el Perú. Romance que data de 1598, y que excede los dos mil versos, escrito por el encomendero andaluz Mateo Rosa Oquendo (1559-1612) que critica con sarna los vicios del mundillo limeño, gobernante y del vulgo.
El Rabinal Achí, de Guatemala, es otra misionera antigua, a la que Arellano hace referencia. Esta versión religiosa-épica fue dictada en 1850 al quiché por el nativo guatemalteco Bartolo Ziz y el sacerdote francés Charles Étienne la publicó en 1862 en París, en versión bilingüe quiché-francés.
Esta contiene diálogos, danza, música, mimo y poesía, y trata de las hazañas bélicas de dos tribus rivales de Rabinal y de Queché, obras que tratan sobre el sacrificio del jefe derrotado en honor de los dioses.
Según los especialistas El Rabinal Achí, no posee contaminación alguna de la cultura europea. Sin embargo posee algunas similitudes con las tragedia clásica griega.
Con relación a la comedia mestiza de El Guegüense, el intelectual Franco Cerruti dice que es una piedra miliare della tradizione dramática e espirituale in senso lato dell’America precolombina. De ella también se ha expresado con elogio moderado los escritores Ernesto La Orden Miracle, José Martí, Rubén Darío, Carlos Mántica, y los diriambinos Leopoldo Serrano y el poeta Juan Gutiérrez.
EL GÜEGÜENSE: PATRIMONIO ORAL E INMATERIAL DE LA HUMANIDAD
Esta comedia de expresión popular nicaragüense, por sus altos valores lingüísticos, literarios y folclóricos, fue elevada el año pasado por una declaratoria de la UNESCO como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad. En dicho manifiesto, por igual se reconocieron 43 obras más en el mundo.
Por otro lado, la UNESCO ha publicado la segunda edición de un Atlas, donde advierte que de 6,000 lenguas, 3,000 están por desaparecer.
Para el caso de Nicaragua, la lengua náhuatl ha desaparecido, como han desaparecido las danzas con diálogos, El San Martín y El San Ramón, así señala en sus notas el historiador y crítico Jorge Eduardo Arellano; pero en tradición patronal festiva de la ciudad de Diriamba se mantiene viva la tradición del bailongo con cortos diálogos de El Güegüense, donde se expresan por igual otras manifestaciones danzarias como El Toro huaco, El Gigante, y Las Inditas.
Sólo la obra teatral callejera de El Güegüense es la que conserva sus parlamentos, (incompletos y corrompidos del náhuatl), el truco de aparentar sordera de el güegüe mercader y bufón, el silencio de las mujeres (Sochilt Malintzin y sus damas), la personificación de animales por medio de máscaras de mulas, y el cierre con la mojigatería pícara.
VESTUARIO Y TRADICIÓN
Su vestuario de El Güegüense, ha sufrido modificaciones, según las primeras versiones, pero pervive con cambios asegura el folclórogo Bayardo Ortiz que estima que otras manifestaciones danzarias y de espectáculos como el Toro Venado y las fiestas de Santo Domingo, también han sido alteradas en las fiestas patronales.
Por eso su concepción y montaje, pasivo y solapado, medievalista y misionero, españolizado no ha sufrido censura, sino ha sido promovida. Al respecto dice Arellano que su origen estructural pudo ser escrita por un cura del bajo clero, asociado a los administradores de la iglesia colonial.
El Güegüense, es un viajero centroamericano, un primo cultural del clásico y profano, bilingüe, y también andariego, arlequín con máscara de la comedia europea del siglo XVI y XVII: bufón pícaro del medioevo, migrante, astuto, oportunista y avaro; ataviado de oropeles, lentejuelas y plumas; danzante y parlanchín de diálogos breves y profanos; y moralista, misionero.
EL GÜEGÜENSE EN LA HISTORIA DE LAS ARTES
Otro ángulo novedoso de El Güegüense es el impacto que ha tenido en las artes visuales, sus hacedores de arte, dibujo, pintura y escultura. Más adelante nos ocuparemos de la fotografía y el vídeo. Aclaro que esta reseña anterior de la obra teatral y su entorno histórico son para tratar de apreciar su expresión en las artes plásticas.
Valga recordar que varias décadas antes, poetas, pintores y artesanos habían reconocido el valor cultural de esta obra, al rescatarla plásticamente y difundirla culturalmente como uno de los iconos de nuestra nicaraguanidad.
Carlos Montenegro ha sido uno de los pioneros en pintar sus múltiples escenografías callejeras, las que quedaron perennizadas en su exposición: Iconografía de El Güegüense, exhibidas entonces en la Casa Fernando Gordillo en 1983.
Al respecto Montenegro dice: Los nicaragüenses estamos descubriendo a Nicaragua, a la vez construyéndola. Nos estamos dando cuenta que poseemos una personalidad, que tenemos nuestras características que nos diferencian de otros pueblos. Poseemos una iconografía nacional. Hay imágenes que en espacio y tiempo sólo a nosotros nos pertenecen.
Así recuerda que en 1976, la galería Tagüe montó una exposición colectiva sobre el tema de El Güegüense. Ahí se dieron cita connotados pintores, como Omar D’León, Alberto Ycaza, Alejandro Aróstegui, Leoncio Sáenz entre otros, que en sus estilos pintaron imágenes alusivas a la obra teatral.
Según Montenegro, los primeros en hacer algunos dibujos y tratar como elemento estético, la obra de El Güegüense y sus personajes, fueron el poeta Pablo Antonio Cuadra, y el pintor Alejandro Canales, ambos en la técnica del dibujo en trazos rápidos y simples.
Posteriormente fue retomado por el pintor indigenista, Leoncio Sáenz, adquiriendo así una mayor plenitud pictórica, al lograr éste las primeras ejecuciones, con mayor tratamiento plástico y creativo. De esta manera la obra viene a ser redimensionada artísticamente al pasar vigorosamente del mundo del teatro callejero/folclórico, al espacio de la pintura nicaragüense.
En la colección de la Pinacoteca del Banco Central se pueden apreciar por ejemplo una de las obras de Leoncio Sáenz, titulada: Fiesta en Diriamba (óleo frotado sobre madera, de 1976), así como la sarcástica pintura de Alejandro Aróstegui, El Güegüense (mixta sobre madera, 1976). Pintura bien lograda por precisar su concepto al aludir a un personaje mestizo sin su máscara y haciendo la guatusa.
La ironía expresada es obvia en su discurso de burla hacia el español, asimismo crítica mordazmente la demagogia de los políticos de turno. El primitivista Manuel García, pinta sus mascaras de El Güegüense, 1978; Henry Aguilar, con Personajes del Güegüense, 1991; y el Macho Ratón, 1998, en tonos de plata y oro, Carlos Montenegro.
Éste último logra darle continuidad por varias décadas, al investigar su realidad social contemporánea y pintarla en su iconografía, pero desde su particular estilo regionalista, tanto en plumilla en blanco y negro, como en tonos mixtos, de dorados y plateados.
Otro de los pintores que también ha retomado en varias ocasiones la obra como parte de su idiosincrasia cultural nica, pero en Miami, es César Caracas. Su fuerte colorido y sus matices indigenistas son característicos del concepto vanguardista que también promulgó el poeta Pablo Antonio Cuadra, como parte de la búsqueda del ser mestizo nicaragüense.
Uno de los más tenaces precursores en tratar este tema incansablemente es Henry Aguilar. A principios de los años ochenta, en una exposición colectiva en la Fundación José Dolores Estrada, aprecié su primera obra. Ésta era una representación gráfica brillante, con lentejuelas y tonos fosforescentes de El Güegüense, con varios de sus personajes, pintada y dibujada sobre cartón crescent.
Para finales de los años noventa, entre sus tantas obras, pintó escenas de la Boda de El Güegüense, El baile de San Martín, así como a los catorce personajes de la obra, tales como Don Forsico, Don Ambrosio, la Suche Malinche, el Regidor Real, el Alguacil, y los machos, en varias composiciones.
(Fragmento)