Modelo: Amalia Paniagua Rayo. Agencia: Ida Patricia Delaney Teléfono:265-0514. Peinado y maquillaje: Anabell. Coiffeur Teléfono: 277-0668. Local: Hotel Real Intercontinental Metrocentro

Enfermas imaginarias

¿Conoce a alguien que se vive quejando de algún dolor o enfermedad? La hipocondría es más común de lo que cree [doap_box title=»Negarse el derecho a vivir plenamente» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] La vida de la persona con el trastorno y la de quienes la rodean, pierde calidad. Diagnóstico: se debe considerar considerar si los síntomas tienen […]

  • ¿Conoce a alguien que se vive quejando de algún dolor o enfermedad? La hipocondría es más común de lo que cree
[doap_box title=»Negarse el derecho a vivir plenamente» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

La vida de la persona con el trastorno y la de quienes la rodean, pierde calidad.

Diagnóstico: se debe considerar considerar si los síntomas tienen al menos 6 meses y asegurarse de que el paciente no tiene una enfermedad física. Una vez que se ha descartado y el paciente sigue con angustia, preocupación y dudas acerca de su estado de salud, es conveniente tratarlo sicológicamente.

Calidad de vida: la hipocondría afecta la calidad de vida, ya que no cumple a cabalidad con su vida laboral, social u otras áreas importantes de la vida del ser humano.

Un problema que está en la mente

Según un estudio publicado en el diario de la Asociación Médica de Estados Unidos, la sicoterapia puede ayudar a los hipocondríacos a enfrentar sus temores pero el 25% de los pacientes abandona la terapia cuando les dicen que su problema es mental y no físico.

[/doap_box]

“Tengo palpitaciones, sudoración, se me entume el brazo, ¡tengo algo grave!, ¡voy a morir!”, son quejas que normalmente viven expresando personas que padecen de hipocondría, una enfermedad emocional, con la cual la persona tiene la certeza absoluta de estar enferma y cree que va a morir.

La sicóloga clínica, Mariana Aburto, advierte que la hipocondría se explica por la excesiva preocupación de una persona por su salud, particularmente por las enfermedades, lo cual es una respuesta que se origina por privación, soledad, cuadros ansiosos y depresivos, como también por distintas situaciones que se desencadenan por altos estados de estrés.

“Algunos estudios explican que la hipocondría puede desencadenarse por diferentes factores, como experiencias poco gratificantes en la niñez, carencia afectiva, insatisfacción de necesidades propias de edades tempranas (amor, protección y atención), frustración o cuando el malestar y la ira no pueden ser expresadas, surgen quejas somáticas que se concentran en el cuerpo o parte de este, como una forma de llamar la atención a la indiferencia y poca afectividad de los padres”, señala Aburto.

La sicóloga también expresa que hay estudios que revelan que las personas adultas que presentan reacciones de hipocondría tuvieron madres y padres enfermizos y neuróticos en su niñez que usaban la enfermedad como un mecanismo de manipulación y chantaje para mantener el control sobre ellos.

Otros casos tuvieron hermanos enfermos, que por su misma condición, fueron sobreprotegidos por los padres, siendo el centro de la atención, quedando ellos en la indiferencia y abandono; por ello generan mecanismos para hacerse sentir.

También puede darse el caso de desarrollar condición de hipocondríacos como una forma de comunicar sentimientos de impotencia, tristeza, apatía al sentirse no aceptados o rechazados.

Magnifican el problema

El siquiatra Nelson García advierte que las personas que creen sentirse enfermas, buscan síntomas y viven expresando a las demás personas los supuestos padecimientos, pero a pesar de decir que están enfermos, llevan hábitos de salud contrarios a su supuesto estado de salud.

“Son personas que se mantienen tensas o angustiadas tratando de reconocer algo de su organismo. Si sienten una palpitación lo magnifican como que les va a dar un infarto, viven constantemente experimentando o desarrollando síntomas y los relacionan con enfermedades graves”, afirma García.

Hay dos tipos de hipocondríacos: el que tiene temor a enfermarse, que es una persona ansiosa y generalmente tiene más conciencia de su problema y, el que tiene la convicción de estar enfermo, el cual es más depresivo y tiene una relación hostil con los médicos porque se siente enfermo y cuando el médico no le encuentra nada, se enoja, malgasta recursos y ningún médico es bueno.

Según García, hay personas que se vuelven hipocondríacas porque su estado de enfermedad les genera beneficios secundarios, los cuales pueden ser materiales, afectivos, laborales, etc.

Las personas de la tercera edad que viven vacíos afectivos son muy propensas a presentar enfermedades sicosomáticas que luego se convierten en reacciones hipocondríacas. También la persona puede asumir enfermedades como una forma de expiar culpas, lo vive como un castigo. Dichos trastornos no tienen una base orgánica, son de origen sicosomáticos.

Aburto afirma que la condición de hipocondríaco desplaza la angustia de un área de preocupación a una preocupación menos amenazante como es una enfermedad corporal, por ejemplo, una persona que tiene temor de que le despidan del trabajo por un sinnúmero de irregularidades y fallas cometidas, reacciona hipocondríacamente y enferma, busca ganancias secundarias, ya que en el trabajo pueden pensar que por su enfermedad está fuera de control, ha bajado su productividad y disciplina.

¿Puede ser un mal de mujeres?

La hipocondría puede darse en todas las personas pero, según Aburto, en las mujeres la tendencia es mayor debido al estrés y a los múltiples roles que tienen que desempeñar.

García también coincide con Aburto al afirmar que el problema de los hipocondríacos no es propio de las mujeres, ya que es una enfermedad que se da en ambos sexos, aunque las mujeres son más susceptibles. En algunos países la prevalencia es de 17 por ciento de todas las mujeres que visitan los médicos.

El tiempo puede ser transitorio

Las reacciones hipocondríacas pueden ser temporales, o crónicas. “Las temporales o transitorias son muy comunes en este mundo moderno que está lleno de estrés, provocadas por necesidades no satisfechas. Por ello, en un momento u otro de la vida todos podemos experimentar la enfermedad. Por ejemplo, un joven que no se preparó lo suficiente para un examen, puede desarrollar de repente un fuerte dolor de cabeza o de estómago, tiene reacciones sicosomáticas como un mecanismo para evitar enfrentarse a realizar el examen”, dijo Aburto.

La persona estable, saludable, con una buena autoestima es menos propensa a que una reacción hipocondríaca se le arraigue. En cambio, en la persona insegura, con poca confianza en sí misma, sus reacciones o respuestas para enfrentarse a conflictos o problemas son inmaduras, tiene mayores posibilidades de convertirse en un hipocondríaco permanente porque tiene pocas defensas para enfrentar situaciones complejas.

“La hipocondría se arraiga y puede alcanzar un carácter de cronicidad si la persona está encerrada en un mundo que le genera estrés constante y por necesidad o supervivencia no puede salir de la situación”, agrega Aburto.

Ambos especialistas coinciden en que el tratamiento para dicho trastorno es propiamente sicológico. Lo primero que hay que hacer es conocer su estilo de vida, ayudarles a identificar la fuente de sus enfermedad y trabajar para cambiar su estilo de vida, sobre todo, en su dinámica interna.

Nosotras

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí