Querido Padre Alberto:
El grado de desesperación por el que estoy pasando me tiene al borde de la locura.
Todos los días leo sus consejos y nunca pensé que yo estaría entre las tantas personas desesperadas que acuden en busca de ayuda.
Estoy casada desde hace 15 años, mi esposo fue mi primero y único novio y acabamos de tener una niña que apenas tiene 9 meses.
En el lugar donde yo trabajaba había un señor muy respetuoso, que a pesar de que yo intuía que le agradaba, nunca me faltó al respeto. Siempre supo que mi esposo y mi familia estaban por encima de todo.
Desde hace tiempo no hablo con este señor, ya que ninguno de nosotros trabaja en esa empresa. El problema es que hace unos días mi esposo recibió una llamada, según él, de una señora que lo aprecia mucho diciéndole que ese señor y yo tuvimos relaciones amorosas.
Mi esposo es un hombre muy exagerado ante el qué dirán y dice que un solo comentario es como un hecho. No nos hemos separado, pero esto ha creado una separación emocional muy grande entre nosotros.
Me siento destruida, pues sé que he disminuido como mujer ante él, y además se niega a decir quién fue la persona que lo llamó. Pienso que esa mujer tiene un gran deseo de destruir nuestro matrimonio.
Creo que se está cometiendo una gran injusticia ante esta calumnia tan desalmada.
Maribel, la esposa calumniada
Estimada Maribel:
Las armas, las bombas y los misiles matan y hacen daño, pero la lengua es una de las armas más poderosas del ser humano. No son pocos los que usan la lengua para lastimar, calumniar y hablar de los demás sin fundamento alguno.
Hay quienes viven de los rumores y disfrutan hablar de los demás. Cada vez que me encuentro con una persona “lengua larga” pienso en un letrero que tenía una profesora mía en mi escuela primaria, cuando tenía apenas 10 años, pero nunca se me olvidará:
“Las mentes grandes hablan de ideas, las mentes promedio hablan de eventos, las mentes pequeñas hablan de otras personas”.
Es increíble pensar que una mujer sea capaz de esperar a que tú salgas de esa empresa para llamar a tu esposo y contarle sobre un supuesto “romance” que nunca existió. Una cosa es una atracción, incluso mutua, pero otra cosa muy diferente es tener una relación extramatrimonial con alguien en el trabajo. Nadie sabe las motivaciones de esa mujer, pero puedes sospechar que comienzan con la envidia y terminan con los celos.
Tu problema ya no debe ser lo que dijo esa mujer. En realidad, tu problema es mucho más importante que esa calumnia. El dolor más fuerte que sientes es la desconfianza de tu marido y eso sí puede ser muy dañino para tu matrimonio.
Sin confianza y seguridad en la palabra del amado, la vida matrimonial se puede convertir en un verdadero “infiernito”. Sin honestidad y transparencia, lo que queda es desconfianza y mentiras.
Ustedes van a necesitar la intervención de un terapeuta familiar —un psicólogo o un profesional de la salud mental— que los ayude a trabajar en esta área de la desconfianza y de los daños externos que le pueden causar a su relación, cualquiera a quien ustedes le den más credibilidad que a su propia pareja.
Un abrazo,
Padre Alberto
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Rev. Padre Alberto Cutié
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