El matrimonio cristiano y la familia

“La familia cristiana —padre, madre, hijos— está llamada pues, a cumplir los objetivos señalados no como algo impuesto desde fuera, sino como un don de la gracia del sacramento del matrimonio infundida en los esposos”. (Benedicto XVI) Quizás uno de los olvidos más graves y deplorables de los esposos cristianos sea la presencia eficaz del […]

“La familia cristiana —padre, madre, hijos— está llamada pues, a cumplir los objetivos señalados no como algo impuesto desde fuera, sino como un don de la gracia del sacramento del matrimonio infundida en los esposos”.

(Benedicto XVI)

Quizás uno de los olvidos más graves y deplorables de los esposos cristianos sea la presencia eficaz del Sacramento del Matrimonio en la vida familiar. En este sentido, presencia y eficacia caminan juntas, son inseparables, indisolubles.

Sólo los esposos que tienen siempre en mente la alianza de amor verificada frente al altar de Dios y que desde la fe asumen la realidad del matrimonio, pueden experimentarlo no como una simple ceremonia o un mero rito, sino “como símbolo y participación de aquel amor con el que Cristo amó a su esposa y se entregó por ella” (Lumen Pentium, 41), como un sacramento instituido por Cristo, “un gran misterio referido a Cristo”, como con precisión señala San Pablo, y vivirlo como fuente de santificación familiar.

“Amor, quiero pedirte tu ayuda, pues me estoy enamorando de una compañera de trabajo”, confesó honestamente un joven esposo. Ella, comprensiva y amorosa, empezó a alentarlo, a orar y comulgar juntos meditando la palabra de Dios y rezando el rosario con toda la familia diariamente.

Al poco tiempo, todo volvió a la normalidad en aquel hogar… más todavía: ahora la pareja se ama más y los hijos se muestran más felices que antes.

Todo sacramento —también el matrimonial— hace realidad lo que significa, ciertamente es don de Dios, pero ello no libra del compromiso serio y constante de cuidarlo, de protegerlo, de salvaguardarlo. El matrimonio es un acto de fe y, en tal sentido, el esposo, la esposa y los hijos, deben vivir de la fe.

La fe es una respuesta del hombre a la llamada amorosa de Dios. Dios llama a los esposos a ejercitar su vocación al amor desde su familia principalmente, lo mismo a los hijos… el matrimonio no es magia, se va haciendo día a día en respuesta generosa a la gracia divina.

Religión y Fe

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí