- Más de 50 jóvenes en una disciplina poco popular
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La práctica del canotaje en ascenso
La laguna de Tiscapa dejó de ser un accidente geográfico olvidado por su estado de descomposición y las aguas fétidas que llegaban de distintas partes de Managua.
Para más de 50 jóvenes y niños, la laguna les ha cambiado la vida y les ofrece otra, desde la perspectiva de una canoa, comenzando a practicar un deporte que en otros tiempos sería impensable de hacer en nuestro país.
El mundo de niños de estratos pobres como Darwin Sánchez Rocha, gira ahora en torno a las indicaciones que recibe del chileno José Moreno, ex seleccionado de su país hasta hace diez años, que se muestra admirado por el talento de los muchos niños que han llegado de manera abierta a montarse por primera vez en una canoa.
“Como la vida de muchos de ellos parece que es difícil fuera de aquí, han tomado con mucha tranquilidad la enseñanza del canotaje. Tanto que me he quedado admirado por el talento que hay en Nicaragua y que no dudo que a corto o mediano plazo dé sus primeros frutos para torneos de alto rendimiento”, explica Moreno.
El chileno cuenta que en el grupo que ha llegado por iniciativa propia a los cursos, se ha encontrado con niños que por lo largo que viven de la laguna, se quedan en la mañana y la tarde para no perderse ninguna sesión de entrenamiento, en el que Sánchez Rocha es calificado por el instructor, como uno de los más avanzados.
A sus 12 años, Sánchez, que vive en el kilómetro 34 de la Carretera Vieja a León, luce muy entusiasmado por la experiencia, que los primeros días le despertó el temor a caerse de la canoa y quedar en medio de la laguna.
“Sólo pensaba a qué hora se me iba a dar vuelta, pero ya agarré confianza y ahora me gusta hacerlo”, explica con inocencia Sánchez, quien tuvo que salirse de clases por bajas notas, pero ha encontrado en el deporte una motivación para su tiempo libre.
El niño ahora ya está practicando con las canoas olímpicas, incluso lo está haciendo sin los asientos que usan muchos de los que siguen dando sus primeros pasos.
“Muchos de los que comenzaron a venir creían que las canoas que se usan para torneos olímpicos, por tener aspecto ligero y bonito, las iban a dominar con facilidad, pero en cuanto se subieron por primera vez, vieron que estaban equivocados”, dice Moreno.
El instructor sudamericano tiene dos semanas de entrenar, en par de sesiones diarias, a los casi 70 niños que han asistido y se mantienen desde el primer día.
“No estoy exagerando, hay un material enorme, incluso para desplazar en poco tiempo a disciplinas que se practican desde hace tiempo en el país. Ahora que me restan dos semanas de trabajo, pretendo dejar una base sólida con los niños y los monitores para que mantengan entrenando a este grupo”, dijo.