Tienen muchas cosas que aclarar y resolver

Querido Padre Alberto: Estoy casada desde hace más de un año. Lo normal hubiera sido que le dijera que soy la mujer más feliz del mundo, pero la verdad es que siento todo lo contrario. Mi esposo, aún durante el noviazgo, no era un hombre cariñoso ni expresivo. A pesar de todo eso, yo lo […]

Querido Padre Alberto:

Estoy casada desde hace más de un año. Lo normal hubiera sido que le dijera que soy la mujer más feliz del mundo, pero la verdad es que siento todo lo contrario.

Mi esposo, aún durante el noviazgo, no era un hombre cariñoso ni expresivo. A pesar de todo eso, yo lo amaba así y pensaba que cuando nos casáramos todo iba a cambiar.

Durante nuestro noviazgo él me pedía muestras de cariño y siempre era teniendo relaciones íntimas. Yo lo complací dos veces, con dolor en el alma, pues mi ilusión era llegar virgen ante el altar y complacer a mis padres con los valores que me enseñaron.

Para mi esposo nunca fue muy importante lo de la virginidad y me decía que esas cosas eran “babosadas” de viejas antiguas. Él siempre me decía que la mujer tenía que ser una experta en la cama, para así retener al marido y complacerlo.

Yo trato de cumplir con mis deberes de esposa, todo lo que puedo, pero no soy una experta. Más bien, detesto a esas mujeres que parecen prostitutas en la cama.

Nuestra relación está malísima. Ahora él se pasa todo el tiempo gritándome, me exige mucho en todos los aspectos, no sólo en lo referente al sexo, sino con las comidas, con la ropa, con la limpieza, etc.

Tengo cuatro meses de embarazo y me siento fatal; ni aún así en estos momentos que cargo su bebé se compadece de mí. No es capaz de ayudarme en los quehaceres y es cada día más exigente.

¿Qué consejo me da?

Lucila, la infelicidad de mi matrimonio

Estimada Lucila:

Nadie cambia después de que uno se casa. Todo lo contrario, los problemas que existen en el noviazgo se van acentuando con el tiempo. Lo que se veía muy lindo y romántico antes, se vuelve dura realidad después. Es posible mantener y conservar toda esa ilusión, pero sólo es posible con mucho cariño, respeto y mutua comprensión.

Tu marido es un egoísta. Lo fue antes de casarte con él y lo sigue siendo ahora. Él no valoraba la virginidad porque él sólo buscaba su propio interés. No buscaba una “prueba de amor” —lo que quería era un momento de satisfacción—.

Entiendo que hoy día la gran mayoría de los jóvenes tienen relaciones prematrimoniales. Muchos dicen que lo hacen motivados por el amor. No sé si estoy de acuerdo. Las mujeres se dejan engañar, pero también han cambiado en su enfoque y consideran el sexo como un “premio” para aliviar el estrés y sentirse realmente amadas por su pareja.

Quien tiene valores tradicionales y los quiere mantener, debe buscar una pareja que los comparta y respete ese admirable deseo de hacer las cosas “como Dios manda”. No es fácil, pero sí es posible.

Tu matrimonio, que es tan joven y vive sus primeras etapas, necesita la guía de un terapeuta familiar. No tengas miedo de conseguirlo y pedirle a tu marido el compromiso de hacer este proceso juntos. Tienen muchas cosas que aclarar y resolver, si es que van a sobrevivir como pareja. De lo contrario, serán parte de la gran cifra de separados y divorciados que abundan en esta sociedad.

Un abrazo,

Padre Alberto

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Rev. Padre Alberto Cutié

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