El señor Presidente de Costa Rica, Oscar Arias, acaba de cumplir este miércoles 16 de agosto sus primeros cien días de gobierno. El balance es, desafortunadamente, más negativo que positivo, tanto en la relación bilateral con Nicaragua como a lo interno.
El asunto más infortunado desde nuestra perspectiva es, incuestionablemente, el fracaso de Arias en lograr una suspensión o una prórroga para la entrada en vigencia de la nueva ley migratoria costarricense. Es una ley “draconiana” y “digna de la Gestapo”, como el mismo Arias comparó, evocando a la policía secreta nazi.
No resulta fácil comprender por qué no ha sido aprobada la prórroga, porque la ley conlleva varios problemas para Costa Rica misma. Por un lado, las autoridades migratorias no tienen ni personal ni presupuesto para su puesta en práctica. Por otro lado, y lo que es más importante aún, tendrá consecuencias serias para la economía tica, puesto que la mano de obra barata nicaragüense es necesaria en las cosechas de café, cítricos, caña de azúcar, en la construcción y otros sectores.
La nueva legislación, que entró en vigencia el sábado pasado, prevé la deportación de indocumentados sin órdenes judiciales y pone fuertes multas a los empresarios costarricenses que empleen a trabajadores sin papeles.
“Todas esas empresas han manifestado fuerte preocupación. Hay sectores que se ven perjudicados porque realizan una labor en cadena. Todo lo que es cítricos, por ejemplo. Los exportadores de jugos no precisamente cultivan la naranja, entonces utilizan a segundos o terceros que lo hacen. Por eso la afectación va en cadena porque las fincas no podrán tener trabajadores. Efectivamente, esta ley puede causar un impacto complicado en el sector”, dijo Sergio Navas, de la Cámara de Exportadores de Costa Rica.
La economía y la sociedad nicaragüenses se ven perjudicadas por igual. Alrededor de medio millón de compatriotas viven allá. Muchos están ilegales.
En 2005, los nicas en Costa Rica mandaron a sus casas unos US$ 158.3 millones. Como efecto de las nuevas medidas, según calculan las empresas de envíos de dinero, esa cantidad podría ser menor en un 20 por ciento este año. Y está el fantasma de las deportaciones masivas, aunque los funcionarios responsables lo han descartado.
Varios factores pueden influir. La xenofobia, que en realidad es “nicafobia”, está en niveles muy altos. Oficialmente, el Ejecutivo envió muy tarde el proyecto de ley de enmienda y por eso no se aprobó.
Las relaciones bilaterales están en un punto bajo. Si bien se ha desempolvado una Comisión Binacional para la cooperación, ambos países están enfrentados en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Nuestro país se ha quejado de la retardación de justicia en los casos de Natividad Canda y José Ariel Urbina — el uno despedazado por unos perros y el otro asesinado por sujetos enfurecidos— por la xenofobia y el descuido en el respeto a los derechos humanos de los inmigrantes.
Además, está la demanda en la Corte Internacional de Justicia sobre los derechos de navegación en el río San Juan, querella a la cual el nuevo gobierno de San José no ha querido renunciar. El 29 de agosto próximo es la fecha límite para la presentación de la memoria costarricense en La Haya.
¿Qué fue un descuido del Ejecutivo con la ley migratoria? ¿ falta de voluntad real? ¿armas de presión?
Arias ha viajado varias veces al exterior, pero no ha incluido a Nicaragua en sus giras. Probablemente espera que asuma un nuevo presidente en enero.
En cuanto a la política costarricense, Arias no ha sido capaz de avanzar en la ratificación del tratado de libre comercio de Centroamérica, EE.UU. y República Dominicana, en la aprobación de una reforma fiscal que Abel Pacheco tampoco logró empujar y sus opositores le critican que no tiene disposición al diálogo.
El Partido Liberación Nacional, oficialista, tiene 25 diputados en un parlamento de 57 escaños. La mayoría simple es de 29. Arias ha buscado una alianza con el neoliberal Movimiento Libertario, con 6 escaños. La segunda fuerza es el Partido Acción Nacional, de Ottón Solís, con 17.
El presidente no debería olvidar que su mandato no fue categórico. Ganó con apenas el uno por ciento, y la otra mitad del país le votó a Solís, cuestiona y teme al DR-Cafta, y es recelosa con lo que, según cree, es el desmontaje del Estado benefactor tico y las privatizaciones de los servicios públicos.
Arias se mantiene popular, pues el 44 por ciento de los ciudadanos estimó en una encuesta que “arrancó bien”, pero también hay críticas por haberse subido el salario de 6,200 dólares mensuales a unos 2,500 más.
El mandatario ha tenido un gran protagonismo internacional. Claro, como le va a un Premio Nobel de la Paz. Está embarcado en una campaña para la eliminación y el control de las armas de fuego, y a favor de un convenio global en la materia. Ha aceptado ser mediador en el proceso de paz colombiano y hace unos días, se embarcó en una polémica con el vicepresidente cubano sobre los derechos humanos en Cuba. Acaba de anunciar el traslado de la embajada en Israel de Jerusalén a Tel Aviv, un gesto simbólico destinado a mejorar la relación con el mundo islámico.
Pero por muy loables que sean sus intenciones y acciones, los costarricenses estarán con mucha probabilidad más interesados en ver respuestas a sus propios y agudos problemas.