El Presidente de Costa Rica, Oscar Arias, cumplió este miércoles sus primeros 100 días de gobierno, sin haber podido desmontar la polarización que vive esta nación de cuatro millones de habitantes y bajo críticas de la oposición de mostrar poca voluntad de diálogo.
Arias asumió la Presidencia el pasado 8 de mayo, luego de ganar las elecciones de febrero por un escaso margen de apenas un punto frente a su ex ministro de Planificación, Ottón Solís, del Partido Acción Ciudadana (PAC).
Uno de los principales proyectos del gobierno de Arias es la aprobación legislativa del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos (DR-Cafta), al que se oponen el PAC, así como grupos sociales, sindicales y universidades.
Arias no ha podido lograr consenso en torno a temas esenciales como una reforma fiscal para llevar más recursos a las arcas del Estado o el DR-Cafta, aun no ratificado por el Congreso, y que ha dividido a la sociedad.
El gobernante Partido Liberación Nacional (PLN) obtuvo la mayor cantidad de diputados en la Asamblea Legislativa, 25 de 57, pero no alcanzó los 29 necesarios para tener la mayoría simple, lo que le ha impedido agilizar sus proyectos.
“Yo lo que veo es que hay una actitud, por ejemplo en relación con nosotros, de desmerecer el resultado electoral. No veo yo que haya un deseo de acercamiento y un respeto a los otros partidos políticos”, declaró este miércoles Ottón Solís, cuyo partido obtuvo 17 escaños, constituyéndose en la segunda fuerza en el parlamento.
Por su parte, el ex dirigente del PLN y politólogo Luis Guillermo Solís indicó que “yo no veo en las acciones emprendidas por el Poder Ejecutivo, en estos 100 días, que se esté moviendo en ninguna dirección satisfactoria, ni clara ni contundente con respecto a las propias expectativas creadas durante la campaña”.
“Mi gobierno se encuentra decidido a tocar todas las puertas necesarias para que la tenencia de armas deje de verse como un ejercicio de libertad y empiece a entenderse como un obstáculo para ejercerla”, resaltó el mandatario durante un acto simbólico de destrucción de armas en un parque capitalino.
El tema de la paz ocupa un lugar prioritario en su gestión y una de sus decisiones más recientes es la aceptación de ser un eventual mediador en el proceso de paz colombiano.
El Premio Nobel de la Paz 1987 abogó por la aprobación del tratado internacional para la regulación del comercio de armas ligeras.
Un punto débil fue que envió tarde al Congreso un plan para posponer la entrada en vigencia de una “draconiana” —en sus propias palabras— ley de migración que amenaza con la deportación a miles de nicaragüenses ilegales.
Entre los desaciertos figuran su intento de comprometer al Papa Benedicto XVI para que le ayudara con la aprobación del DR-Cafta.
Otra crítica que resaltan los costarricenses es que promovió un aumento de su salario de 6,200 dólares al mes, en unos 2,500 dólares más y decretó al sector público un incremento de un 3.5 por ciento.