Miriam Murillo, Esposa de José Ariel Contreras
ENVIADO ESPECIAL /HOUSTON
Bajo los criterios de la formación convencional, hemos sido educados en el entendido de que estabilidad es sinónimo de madurez, de equilibrio. Pero muchas veces, obligados por las circunstancias, dejamos de fluir internamente y ni siquiera imaginamos que existe un mundo distinto al que hemos vivido.
Algo de esto pudo haber pasado con Miriam Murillo, la sencilla morena de ojos vivaces, casada desde hace más de 16 años con José Ariel Contreras, el exitoso y ahora millonario pitcher cubano de los Medias Blancas. Murillo se tomó tres días antes de poder concebir que un short podía costar 12 dólares.
“Tú sabes, ocho dólares son un salario mensual en Cuba, así que dar 12 por un short, no me parecía correcto”, admite Miriam, ahora cómodamente sentada en el apartamento de la familia en Chicago. “Recuerdo que José se molestaba y me decía que podía comprar lo que quisiera pero yo no lo entendía”.
Miriam puede ahora conducir un carro Jaguar, vivir en una lujosa residencia en Tampa y adquirir no sólo lo que necesita, sino también lo que se le antoja en un centro de compras pero antes de llegar a este punto, pasó muchas privaciones y, sobre todo, una arriesgada travesía por el mar, con muchos peligros acechándole.
“El cambio que uno tiene es como de la noche al día. Jamás pensé que había países como éste, que puede no ser perfecto pero te da la oportunidad de soñar, trazarte metas y poder cumplirlas. Uno se entristece porque parte de la familia quedó atrás pero, por lo demás, la verdad, estoy contenta”, señala Miriam.
Como ella misma señala, no es mujer de hablar mucho y, menos aún con periodistas, pero la relación cultivada con su esposo hizo que Miriam abriera su interior y compartiera con los lectores de LA PRENSA, lo que vivió a raíz de la salida de Contreras y la revolución que ha sufrido desde que vino a Estados Unidos.
Miriam asegura que trató de salir de la isla por las vías legales y reunirse con su marido tras un año y nueve meses de separación pero fue imposible. Afirma que el gobierno cubano se dedicó a perseguirla, por lo que no tuvo otra opción que arriesgarse con sus dos pequeñas hijas y lanzarse al mar en busca de José Ariel.
LA SEGUÍAN A TODOS LADOS
Cuando Contreras decide quedarse en México, ¿cómo vivió esa etapa?
Fue muy duro porque además de que me tocó hacer de papá y mamá para mis dos hijas, fui perseguida por el Gobierno. Donde me movía, siempre había un carro siguiéndome. Todo era que diera un paso fuera de la casa y ahí estaban tras de mí. Además, mucha gente dejó de hablarme y relacionarse conmigo porque tenía miedo de perder sus trabajos.
¿Buscó la autorización del gobierno cubano para salir?
Claro y pensé que se podría. Y mientras tuve la esperanza de poder salir legalmente del país, me sentía contenta, pero cuando supe que no sería así, las cosas se me pusieron muy difíciles. Hice todas las gestiones, conseguí los pasaportes y las visas pero nunca recibí la llamada carta blanca. Al final se me dijo que no podría salir sino hasta en cinco años.
¿Es ahí cuando decide arriesgarse a través del mar?
Sí, incluso, fui al Consejo de Estado tratando de recibir una explicación pero no se me dio. Mi idea era hablar con Fidel Castro pero también sabía que eso era imposible. Así que no tuve de otra que hacerme a la mar con la fe en Dios que saldría viva. Recuerdo que agarré a mis dos hijitas y junto a una amiga de la familia, nos vinimos y aquí estamos.
¿Cómo fue la travesía por el mar?
Bueno, traté de salir cuatro veces. En las primeras tres fue imposible y en la cuarta yo ya estaba desesperada porque era difícil la travesía desde la casa al lugar donde se tomaría la lancha. Ese día llegué y salí de Cuba de un lugar determinado a las 12:30 y llegamos a las 5:30 de la mañana. Creí que no llegaría porque los americanos nos siguieron también.
SE QUERÍA REGRESAR
¿Cómo fue eso?
Creo que unas cuarenta millas antes de llegar a suelo estadounidense nos comenzaron a seguir y como la lancha tenía un motor averiado, no corría como se esperaba. Las sirenas y los cañones de los americanos nos apuntaban y decían a través de un altoparlante que nos paráramos. Yo le dije al conductor que parara. Estaba muy nerviosa pero no se detuvo.
¿En realidad, eso quería?
No, yo quería llegar a territorio norteamericano pero como sabés, la ley dice que si llegás te reciben pero si sos capturado en el mar, te devuelven. De modo que me hice la idea de que iba de regreso porque en lugar de morir en altamar y con mis dos hijas, pensé que lo mejor era volverse pero el marinero no hizo caso y llegamos bien, gracias a Dios.
¿Qué pensaba Contreras de la decisión de venirse?
José supo que me había venido hasta que estaba en Florida. Muchas personas dicen que él preparó todo pero no es así. Desde que salí de mi casa, al lugar donde tomaría la lancha, no tuve comunicación con él. Yo le pedía a Dios que todo saliera bien porque si no, no iba a saber qué cuentas iba a darle a este hombre pero aquí estamos.
¿Qué le dijo José cuando la vio por primera vez en Florida?
“Miriam, al fin juntos”. Y nos pusimos a llorar. Recuerdo que vi a José de traje como si se tratara de alguien muy importante y hasta me daba miedo saludarlo. Yo no estaba bien vestida y mucha gente en Cuba me decía que con el dinero podía haber cambiado pero sé la clase de gente que es José y él fue directo a darme un abrazo, lo mismo que a las niñas.