De Guardia Nacional a Guardia Somocista

Especial para LA PRENSA Para las nuevas generaciones, el somocismo no es más que una referencia histórica. Los relatos de torturas, crímenes y robos no significan mucho. Hace falta promediar cincuenta años para entender el régimen de terror y saqueo que desde 1933 hasta 1979 sufrió el pueblo nicaragüense. Anastasio Somoza García, ingresó a la […]

Especial para LA PRENSA

Para las nuevas generaciones, el somocismo no es más que una referencia histórica. Los relatos de torturas, crímenes y robos no significan mucho. Hace falta promediar cincuenta años para entender el régimen de terror y saqueo que desde 1933 hasta 1979 sufrió el pueblo nicaragüense.

Anastasio Somoza García, ingresó a la Guardia Nacional, el 14 de noviembre de 1932, con el grado de general que le inventaron por haberse tomado el cuartel militar de San Marcos. El 2 de enero de 1933, asumió el cargo de Jefe Director, con el grado de General de Brigada. El 1 de noviembre depositó el cargo en el general J. Rigoberto Reyes para lanzarse como candidato presidencial.

El 10 de diciembre de 1936, ya electo presidente de Nicaragua, asumió de nuevo como Jefe Director de la Guardia Nacional. En 1956 heredó la Jefatura su hijo Anastasio Somoza Debayle. El 17 de julio de 1979 cuando renunció y se marchó al exilio fue nombrado el coronel Federico Mejía, desempeñándose por breve tiempo. El único Inspector General que tuvo la Guardia Nacional fue José R. Somoza, hijo de Somoza García.

Los cargos en la Guardia Nacional se daban sin respetar el escalafón, ni los méritos profesionales. La adulación, el servilismo, el cumplimiento ciego de las órdenes, una recomendación de la Dinorah Sampson, eran el medio más efectivo para ascender en grados y cargos. La forma de hacer dinero era variada. Hubo el famoso “peso del coronel”, se cobraba por cada vehículo de transporte público que entraba o salía de una población.

Habían multas por todo; impuestos a prostíbulos, cantinas y para que funcionaran los llamados “juegos prohibidos”. Habían cargos muy disputados, relacionados con Migración y Aduanas. Las Jefaturas de Policía y Tránsito de Managua eran muy codiciadas, toda la familia Somoza tenía sus coimas.

El colmo es que cerca de la Iglesia de Santo Domingo había una venta de armas y municiones controladas por la Guardia Nacional. La coima era para doña Salvadora Debayle de Somoza, conocida en el círculo del poder como “Mamá Yoya”. Las coimas para la Dinorah Sampson alcanzaron sumas fabulosas en dólares. Un cargo que recibía muchas coimas era el de GN-1, donde se ejecutaban los nombramientos.

Somoza García militarizó todas las instituciones estatales que producían dinero para pagar las planillas de sus haciendas y empresas. Muchas personas que estaban en la nómina de la Guardia Nacional eran trabajadores de sus propiedades personales. Altos oficiales eran Administradores y Pagadores en haciendas y empresas.

Somoza García daba grados militares a quien quería. A su cuñado, Luis Manuel Debayle, conocido como “Tío Luz”, por haber sido presidente de Enaluz, cuando estaba en la Dirección de Sanidad, lo hizo coronel, igual que a su amigo y cómplice, Camilo González Cervantes. Encumbraba y destruía a su antojo.

Igual hicieron sus hijos Luis y Anastasio. Cuando les convenía eliminaban a los viejos oficiales que les hacían sombra en la Guardia Nacional. Así dieron de baja a los coroneles Francisco Gaitán, Carlos Eddy Monterrey, Federico Davidson Blanco y Lisandro Delgadillo. Cuando los derrocamientos de Juan Bautista Sacasa Sacasa y Leonardo Argüello Barreto, Somoza García había eliminado a todos los oficiales que a su criterio no le eran “leales”.

Cuántos hombres entraron a la Guardia Nacional llenos de ideales y se llenaron de ignominia torturando o asesinando a quienes habían sido sus compañeros en la Academia Militar. La dinastía somocista, padre, hijos y nieto fueron implacables con los que habían sido miembros de la Guardia Nacional y complotaban contra la dictadura.

En cada intento de conspirar para derrocar el régimen, los que más torturas sufrían eran los oficiales implicados. A los del 4 de abril los mataron oficiales con los que algunas vez compartieron aulas en la Academia Militar, en Unidades Militares y hasta en actividades sociales, con los que más de alguna vez se echaron tragos.

A los que no fueron firmes, ni sobresalieron a la hora de torturar les llamaban “blandengues o sentimentales”. Oscar Morales Sotomayor se convirtió en un modelo para ascender y tener poder. Experto torturador, se convirtió en el perro faldero de Anastasio Somoza Debayle, todavía después de haber asesinado a David Tejada Peralta, conservaba ese poder que le permitió cometer otro asesinato, el del doctor Fernando Cedeño.

La corrupción llegó a la Guardia Nacional en formas casi increíbles. Existía la Asociación de Esposas de Oficiales de la Guardia Nacional, presidida por doña Hope Portocarrero de Somoza, paralela estaba otra asociación formada por las amantes de los oficiales, encabezada por Dinorah Sampson. Hubo algunas de estas amantes que desempeñaron importantes y rentables cargos en el gobierno, dando su respectiva coima a “Doña Dino”, como servilmente le decían.

Cuando Somoza García decidió hacer a su hija Lilliam, reina de la Guardia Nacional, en la coronación mandó a disfrazar de soldados romanos a humildes rasos . El colmo fue que el día del cumpleaños de su esposa, doña Salvadora, el 27 de mayo, se convirtió esa fecha en el Día de la Guardia Nacional y también bautizó así una conocida calle.

Recuérdese que a su hijo Luis lo hizo coronel, pasando sobre muchos oficiales egresados de la Academia Militar y con muchos años de servicio. Cuando falleció fue enterrado en la cripta para los oficiales de la Guardia Nacional, junto a los restos de su padre, donde permanecen. En 1979 la figura de cemento del soldado que custodiaba la cripta también fue derribada.

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