El dinero que damos a los hijos (III parte y final)

Quiero recordar la importancia de ayudar a los hijos de cualquier edad a vivir la solidaridad y generosidad con su dinero Mencionábamos en la columna de la semana pasada (II parte) otros elementos de cómo el dinero, puede “sembrar” pautas educativas en la formación de los niños, de modo que ellos y ellas comprendan que […]

Quiero recordar la importancia de ayudar a los hijos de cualquier edad a vivir la solidaridad y generosidad con su dinero

Mencionábamos en la columna de la semana pasada (II parte) otros elementos de cómo el dinero, puede “sembrar” pautas educativas en la formación de los niños, de modo que ellos y ellas comprendan que la vida que le pueden proporcionar sus propios padres y madres vale, cuesta, y que en muchas ocasiones, ese dinero que paga escuela, uniforme escolar, zapatos, alimentación es a base de sacrificio, mucho sacrificio, y aclaro no pensando en lo que menos ganan, sino también en aquellos y aquellas que perciben mejor salario, que por una condición u otra (problema social latente: la inequidad) tuvieron la posibilidad de estudiar, esforzarse, siempre de forma honrada, con ayuda de sus padres, haciendo con ello que el ciclo se repita de generación en generación.

Volviendo al tema que nos trata y refiriéndome a los jóvenes de doce o trece años con la progresiva aparición del pensamiento formal y de la capacidad temporal, podemos enseñarles a administrar, a ser previsores y a valorar sus derechos, obligaciones y privilegios. Además se derivan una gran cantidad de buenas lecciones, las cuales deben aprenderse de forma progresiva: ¿cuáles?

Todos tenemos derecho a disponer de dinero a cambio de trabajo, pero no a tener dinero a cambio de nada, eso es un privilegio. Debe administrarse el dinero de forma que permita hacer frente a los gastos de un determinado período de tiempo. Es un momento clave en el que es muy importante no perder ningún logro anterior y afianzarlos con nuevos planteamientos y objetivos. Por ejemplo: seguirá disponiendo de su paga quincenal al principio y luego mensual (anteriormente hacíamos mención a una frecuencia semanal) ¿Por qué varió? ¿Por qué la extendimos? Ello permitirá una mejor planificación de los gastos.

Papá y mamá deberán ser incondicionales y puntuales porque hay muchos adolescentes que, a esta edad, les humilla o incomoda tener que pedir dinero. La lucha quizá debería sustituirse por una cuenta de ahorros; El monto del pago deberá decidirse, si es posible, por consenso aunque sin superar ciertas limitaciones: que sea escasa para seguir viviendo la sobriedad, que incluya algún dinero suplementario para hacer frente a algunos gastos necesarios (desgaste de material escolar, transporte, etc.), que sea proporcionada al poder adquisitivo de la familia (no es bueno inducir al hijo a llevar un nivel de gasto superior a las posibilidades), que se incremente ligeramente a medida que se hace mayor.

Puede haber ingresos extras por trabajos extras que costarían dinero a la familia (ayudar a pintar las puertas o la pared de una habitación, ayudar en la tienda de su padre algún día de mucho trabajo, etc.). En vacaciones y horas libres, pueden hacer algunos trabajos remunerados a partir de los 16 años.

Para concluir quiero recordar la importancia de ayudar a los hijos de cualquier edad a vivir la solidaridad y generosidad con su dinero y a enunciar, para cuando alcancen sus propios ingresos, la recomendación de que entonces pasen a sufragar en todo o en parte los gastos que ocasionan en la economía familiar.

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