- Sus cimientos son
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Los prospectos no resisten
Cuando me acerqué al jugador en busca de una explicación sobre su repentino regreso a Nicaragua después de haber sido firmado para el beisbol profesional en Estados Unidos, sus respuestas fueron más sorprendentes que su propio retorno.
“La verdad es que esas organizaciones lo ven como gato a uno”, dijo ante mi asombro. Y continuó su explicación con un argumento que según él le pondría fin a la inquietud: “En mi pueblo no camino ni media cuadra, cuando alguien ya me invita a mis tragos”.
Estoy claro, atiné a decirle.
Justificaciones como ésta, abundan. Cada prospecto que se regresa, tiene una. Y la culpa siempre es de las organizaciones, según ellos. Si no es que lo vieron como gato, es que lo vieron de mal modo. Si no es que la novia lo agobió hasta traerlo de regreso, es que le hacía falta su familia y, además, notó que el equipo ni se fijaba en él.
¿Por qué se vienen los nicas? Ese ha sido un debate que se ha mantenido en los últimos días en la atención popular, pero los decibeles de la discusión se elevaron ante el regreso de William Juárez, uno de los prospectos nicaragüenses de mayor calibre.
¿CULPA DEL SISTEMA?
Culpar al sistema siempre me ha parecido un argumento inconsistente. Hay quienes aún en medio del actual sistema han salido adelante, pero no se puede negar su influencia en el comportamiento de los jugadores. Aquí el sistema es corrupto y al atleta se le permite que haga lo que desee desde chiquito. Hasta se le celebran sus malacrianzas.
Allá (en el beisbol profesional) el sistema es sumamente competitivo y está dentro de un marco disciplinario que muy pocos pueden cumplir, y no es porque se trate de medidas inalcanzables, sino porque los valores mediante los cuales fueron formados, son otros y distorsionaron su personalidad. Entonces, lo más fácil es regresar.
La abolición de la frontera entre profesionales y amateurs permite a estos jugadores que no dieron la talla, venir a jugar al beisbol local y por salarios por encima de la norma de lo que devenga cualquier profesional graduado de la universidad.
En los ochenta, cuando el que no hacía el grado en EE.UU. se quedaba sin jugar, se contó con cuatro big leaguers nicas a la vez.