(FOTOS LA PRENSA/AP/AFP)

Los colores de las camisetas

BERLIN/AFP Si fuera verdad que las camisetas rojas o anaranjadas atemorizan o confunden a los adversarios, sería difícil explicar por qué Costa Rica, Polonia y Costa de Marfil se marchan de vuelta a casa en la Copa del Mundo. Si alguien tratara de probar también que las camisas a rayas o atigradas ejercen una influencia […]

BERLIN/AFP

Si fuera verdad que las camisetas rojas o anaranjadas atemorizan o confunden a los adversarios, sería difícil explicar por qué Costa Rica, Polonia y Costa de Marfil se marchan de vuelta a casa en la Copa del Mundo.

Si alguien tratara de probar también que las camisas a rayas o atigradas ejercen una influencia fatal sobre los rivales, estaría en un aprieto al haber sido eliminada la albirroja Paraguay en tan sólo dos partidos.

Otro cuento chino (o japonés) parece ser que el color azul de la indumentaria futbolera es más pacífico y cordial, como el que empezó a usar en la cancha Japón después de la Segunda Guerra, cuando reemplazó también su aguerrida bandera con rayos del sol naciente por una esfera roja sobre fondo blanco.

Si el azul fuera tan benévolo y complaciente, qué habrá ocurrido cuando Italia ganó tres campeonatos mundiales (1934, 1938 y 1982). ¿No será que la clave está en combinar sacrificio y talento con la pelota?

Los italianos no utilizan el tricolor verde, rojo y blanco de su bandera para poder rendirle tributo al “azurra” de la Casa de Saboya, de Víctor Manuel, el rey que unificó la península.

Tampoco se entendería cómo Argentina le ganó a Inglaterra (2-1) con vestimenta azul la tarde aquella del Mundial México 1986 en que Diego Maradona puso primero “la mano de Dios” y luego el divino botín zurdo que construyó el monumento al gol en el estadio Azteca.

Argentina usa los colores albiceleste de su bandera, que no son los del cielo, como se cuenta a los niños en la escuela, sino los de la casa de los Borbones que adoptaron los revolucionarios cuando empezaba la guerra por la independencia en el siglo XIX, según los historiadores.

Otro momento histórico para una escuadra vestida de “bleu” fue la de los franceses campeones en su casa en Francia 1998.

Una excepción sería, en todo caso, la roja indumentaria de los ingleses que esperaron casi 100 años desde que inventaron el futbol para ganar el Mundial Inglaterra 1966.

Los “leones” saltan al campo en Alemania 2006 con su típica remera blanca, pero tiene una alternativa, roja como aquella, a modo de talismán, tras 40 años sin celebrar un título.

Los antropólogos Russel Hill y Robert Barton, de la universidad inglesa de Durham, han escrito que “el hecho de vestir de rojo puede hacer la diferencia”, dándole un ascendente sicológico.

Quien se mostró creyente de estas elucubraciones ha sido el entrenador alemán Jurgen Klinsmann, quien dijo que su equipo usará como camiseta alternativa una roja diseñada incluso con ayuda de sicólogos.

“El rojo tiene una mayor identificación de grupo, hace el juego más agresivo y robusto”, dijo Klinsmann.

¿Cómo habrá hecho entonces Ecuador para ponerse por arriba de Alemania como líder del Grupo A con una ropa de dominante amarillo, que simboliza la perfección espiritual, la paz y el descanso?

Otro mito que ronda al color amarillo es que espanta la buena suerte y, si fuera verdad, habría que anularle a Brasil su récord de cinco campeonatos mundiales.

Antes del Mundial de Brasil 1950, los pentacampeones usaban uniforme de camiseta blanca y pantalón negro, hasta sufrir el tremendo “Maracanazo” a expensas de Uruguay que le ganó 2-1 la final.

El talismán brasileño fue cambiarlo por el verde y amarillo, con pantaloneta azul, inspirado en la bandera nacional y nada mal les ha ido a ciencia cierta.

Otros que echaron mano al amarillo, combinado con verde, para colorear su vestimenta fueron los australianos, inspirados en las acacias que abundan en sus bosques.

La razón es más política que otra cosa, porque la bandera de Australia es azul con un emblema de la Unión Jack británica, de cuya protección se han librado.

Alguien dijo alguna vez que Holanda usaba el supuesto poder hipnótico del naranja para intimidar a los contrarios, en lugar del azul, rojo y blanco de su pabellón nacional.

Lástima que Ghana también eligió el color naranja alternativo y perdió así su hermosa “estrella negra” sobre fondo blanco o amarillo, aunque mantuvo el emblema como apodo.

Un misterio para muchos es la camiseta de Croacia, a cuadros rojos y blancos como una bandera de automovilismo, pero que tiene un valor histórico por representar cada uno de ellos a las 25 pequeñas provincias que la componen.

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