Berlín /EFE
La multa a Diego Maradona por conducir demasiado rápido, en una autopista de Gelsenkirchen, después del partido Argentina-Serbia y Montenegro, demuestra que la pasión por la velocidad al volante perdura en el futbolista incluso varios años después de colgar las botas.
Según el diario Bild, viajaba muy por encima (40 km /h) del límite permitido.
El hecho de que el policía que le paró se declarase fan, no le eximió de pagar la multa de 200 euros, una minucia para quien, como Maradona, se permite el lujo de reservar habitaciones el mismo día en cuatro hoteles distintos para despistar a los pesados.
Como jugador, Maradona se movía con enorme rapidez en distancias cortas. Como piloto demuestra escasa inclinación a respetar las señales limitadoras de velocidad.
En mayo de 1993, cuando jugaba en el Sevilla español, Maradona ya tuvo un encontronazo con un policía que, en el cumplimiento estricto de su deber, trasladó al astro argentino a la comisaría para que respondiera de los cargos de conducción temeraria.
“Me venían tocando la sirena pero no la escuché porque tenía la música del auto muy alta y en un semáforo, dos policías se pararon con las pistolas por delante, aunque después entendí que al no detenerme yo, creyeron que era un ladrón”, explicó.
El comentario posterior de Maradona, en aquel momento, fue de dudoso crédito.