Los escritores chontaleños León Núñez y Guillermo Rothschuh Tablada.

Sexteto del poeta en palo solo

Aplicando el principio de que la verdadera biografía de un creador hay que buscarla en sus libros, presento seis aproximaciones a la producción literaria de Guillermo Rothschuh Tablada. Dos motivos me asisten. El primero de signo cronológico: los 80 años que cumple este año. Y el segundo, sin duda más importante: que todo escritor, libre […]

Aplicando el principio de que la verdadera biografía de un creador hay que buscarla en sus libros, presento seis aproximaciones a la producción literaria de Guillermo Rothschuh Tablada. Dos motivos me asisten. El primero de signo cronológico: los 80 años que cumple este año. Y el segundo, sin duda más importante: que todo escritor, libre de contaminación perversa o pervertida, debe honrar siempre a los maestros y mayores en el oficio. En mi caso particular hay más: Rothschuh Tablada, desde su posición de eficiente funcionario (no comisario) de cultura, me estimuló oportunamente como escritor. A él le debo la edición, a los veinte años, de mi primera obra: Panorama de la Literatura Nicaragüense (Managua, Centenario de Rubén Darío, 1966).

Pero dejemos a un lado la anécdota y reseñemos, con simpatía intelectual, lo que considero el sexteto representativo de mi referido benefactor y maestro, amigo leal de varias décadas e incansable compañero de afanes y afinidades culturales. Provinciano y universal a la vez, Rothschuh Tablada siempre ha tenido mucho que decirnos: fuerte, sincera, artificiosa y lapidariamente, sin perder nunca el humor. Al contrario: desde hace más de dos quinquenios nos contagia con el suyo. Que estas líneas le expresen nuestra cordialidad intelectual, querido poeta.

1. Whitman, Darío y Neruda (1973)

Las relaciones literarias, tan poco estudiadas en Nicaragua, tienen un ejemplo efectivo en ese ensayo. Leído en un homenaje de la UNAN a Neruda, se publicó con unas páginas más —significativas y complementarias— en la segunda época de la revista Encuentro de la Universidad Centroamericana (núm. 2, septiembre-octubre, 1973) y luego en la presente separata. No obstante su actitud panegírica, Rothschuh Tablada valora justamente las dimensiones americanas de los tres cantores (el del norte, el del centro y el del sur) con su tono discursivo pero penetrante; con citas oportunas y ciertos recursos piropoéticos que revelan un vasto conocimiento nerudiano profundo.

2. Cinco pioneros y una provincia (1976)

Este libro reúne cinco muestras de la poemática prosa de su autor, cuyo estilo vigoroso se impone una vez más, hundiéndose en sus propias raíces y llamando al pan pan y al vino vino. Así, reconoce a los gestores de su entrañable realidad chontaleña; no a los políticos que han pasado, pasan y pasarán sino a los hacedores de cultura. No al caudillo de quien Rothschuh Tablada ha trazado, en otras partes, el mejor retrato a pluma y la mayor diatriba en verso sino al poeta que extrajo de Chontales su inicial y fresca poesía nacional, al científico que se embebió en su naturaleza, al narrador que nos legó todo un auténtico mundo literario de la región, al médico que realizó una sustancial inversión progresista para recreo de sus coterráneos y al educador que fundó el Museo de Chontales. Aludimos al primero de los numerosos hijos intelectuales de ese otro fecundo educador, creador y político que ha sido Rothschuh Tablada.

Los ensayos —de una sólida unidad temática y estilística— se titulan: Pablo Antonio Cuadra, Pionero de una Nueva Sensibilidad; Jaime Incer Barquero, Cronista de Tierra, Agua y Cielo; Carlos A. Bravo o la Nueva Narrativa Nicaragüense; Germán Sandoval Jarquín y el Progreso de una Ciudad que va a la Deriva y Gregorio Aguilar Barea, Semblanza de un Educador.

Rothschuh Tablada puebla Chontales con sus pensamientos y trasciende la prisión que es, en cierta manera, toda provincia. Rescata los duraderos valores de su pasado. Y los proyecta hacia el futuro con una visión humanista.

3. Quinteto a don José Lezama Lima (1978)

Rothschuh Tablada, en sus Poemas Chontaleños (1960) había llevado a las últimas consecuencias, con su indiscutible aporte, una fuente que promovía el Movimiento de Vanguardia: la tradición vernácula. A ésta infundió savia nueva a través de una medular intuición terrígena y de su irradiante, sensible vitalidad. También su barroquismo conceptual, lúcido y epigramático, había subido un peldaño poético en Cita con un Árbol (1965), cuya trama completó con la formulación de toda una cosmogonía de la madera en Veinte Elegías al Cedro (1973).

Pero en el presente homenaje al Monstruo Antillano de la Naturaleza, como llamaba Beltrán Morales a su San José Lezama, adquiere un mayor grado de poder verbal y oculto fuego mallarmeano, de los cuales conocíamos algunos fragmentos perdurables; aquí, un maestro del esplendor rinde tributo al gran cubano con su misma riqueza deslumbrante. En fin, recrea y retrata a Lezama Lima, el autor de Rapsodia por el Mulo, como patrón y patrono literarios.

4. El retorno del Cisne (1983)

En este volumen, Rothschuh Tablada reúne una selección de sus ensayos literarios, en cuyas configuraciones no se advierte el menor rasgo de superficialidad ocasional, ya que una profunda intuición los asiste. Sin duda, tal elemento definitorio obedece al ejercicio magisterial del autor, a su vibrante abundancia que se proyecta con precisa y sólida erudición viva. Porque al poeta que vigila cada una de estas páginas sólo le interesa la vitalidad, el esplendor de lo permanente. Y así, demostrando una completa asimilación de los creadores que pondera —Whitman, Neruda, Asturias, Mistral, Salomón de la Selva y Gabriel García Márquez, entre otros— reconstruye exegética y metafóricamente un mapa personal que sentimos nuestro. Una geografía americana —porque lo es en todo su ámbito— nuestra.

A estos trabajos heterogéneos, los unifica un hilo de Ariadna: la omnipresencia de Rubén Darío, es decir, del Cisne. Desde el primero hasta el último, enaltece su signo, refiere su vigencia e imparte una lección definitiva: que el poeta preside la paidea de nuestros pueblos. Que su retorno debe ser la consigna nuestra de cada día.

5. Letanías a Catarrán (1985)

En Letanías a Catarrán entrega lo más íntimo de su ser, lo más auténtico de su entorno vital, creando y recreando a un personaje que representa, más que ningún otro, al pueblo del departamento de Chontales. Un prototipo y un mito que eleva a través de una madura y elaborada prosa —suelta y sabia— desplegadora de incontables registros e inquisiciones, sentencias y aciertos de carácter social, político y religioso. Un mito construido a partir de un ámbito provinciano que el poeta, el inventor trasciende. ¿Como? Transformando el rito y el drama, el paisaje y la alegría de la existencia; definiendo un héroe cuasi anónimo, un modelo ético: el homo chontaleñus. Y sustentado, en la tradición, porque “todo lo que no es tradición es plagio”, sentenciaba Eugenio D’Ors.

6. Tela de cóndores (2005)

Más francés que alemán, pese a su primer apellido, Rothschuh fortalece en Nicaragua una tradición moderna iniciada por Charles Baudelaire (1821-1867): la exégesis de la pintura. Más americano que español, pese a su segundo apellido —Tablada— el poeta de Chontales lee y recrea, comprende e interpreta a Oswaldo Guayasamín (1919-1999) pintor andino y universal.

La Prensa Literaria

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