- Testimonio de menor nica que huyó de El Gallito indicaba que habían más niñas explotadas sexualmente
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CORRESPONSAL EN GUATEMALA
Las autoridades guatemaltecas fracasaron en la búsqueda y rescate de tres niñas y otras jóvenes supuestamente nicaragüenses que son explotadas sexualmente y obligadas a drogarse en la zona tres de Guatemala, mejor conocida como El Gallito, ubicada a sólo dos kilómetros del Palacio de Gobierno, donde despacha el presidente Oscar Berger.
Sin resultados positivos, efectivos del Ejército y cuerpos élites de la Policía Nacional Civil (PNC) de Guatemala, penetraron a esa zona, sin lograr desmembrar a los capos del narcotráfico que mantienen el control desde 1987, cuando los hermanos Jorge Mario, Juan Carlos y Wagner García Rodríguez — miembros de la banda de “Los Marisco”— iniciaron la venta de droga.
Según el secretario de Comunicación Social de la PNC, Carlos Caljú Hernández, en la región de El Gallito, fundada en 1923, operan dos grupos de narcotraficantes.
El primero, conocido como “Los Calavera” y “Cara Dura”, derivados de cada uno de los grupos que habían existido con anterioridad, mismos que tomaron el poder, cuando fueron ejecutados “Los Marisco” y sus familias.
—¿Qué pasó con las niñas? ¿Qué ha hecho el Gobierno de Guatemala?, preguntó LAPRENSA a Caljú Hernández.
El funcionario respondió que el operativo de la Policía Nacional Civil tuvo su origen tras conocer que una niña nicaragüense que huyó de la zona tres (El Gallito) manifestó que eran abusadas en el lugar.
“Sin embargo, la Policía ha hecho operativos y allanamientos y no hemos logrado más que encontrar a distribuidores de cocaína, marihuana, crack y laboratorios clandestinos en donde almacenan y procesan la droga”, explicó Caljú Hernández.
Con la colaboración de la División de Investigación Criminal (DINC), el 26 de abril arrestaron a Marco Tulio Soto, Julio Alfredo de la Cruz Estrada, Gerber Josué Agil Pérez, Oscar Manuel Ixmatul Sipack, Byron Alexander Mota Colindres y Mario Gerardo Luna Gómez, en una casa de seguridad del barrio El Gallito.
“Hemos realizado más operativos, pero no hay indicios exactos de donde esté la casa, la dirección de donde la niña pudo haber estado”, dice con frustración Caljú Hernández.
Por las características que dio la niña, las autoridades policiales supieron que sí estuvo en el barrio El Gallito, pero aún no conocen el lugar exacto.
MAYORÍA DE VÍCTIMAS SON NICAS
—¿A cuántas menores de edad de origen extranjero han rescatado?
Tengo conocimiento de tres menores de edad. Los propietarios son consignados a los tribunales correspondientes y se les clausura el negocio. Nosotros hemos encontrado gente de Nicaragua, es el mayor número, y de El Salvador, y algunas de nacionalidad hondureña. Migración las agarra y las devuelve a la frontera.
—¿Cuántas zonas de prostitución hay?
La zona roja de Guatemala está en la zona uno, ocho, dieciocho, diecinueve, en los municipios de Villanueva y Mixco. El Gallito se ha caracterizado por ser un barrio en donde venden droga, no por ser una zona roja en donde haya bares, cantinas, casas cerradas, la gente no lo permite.
—¿Qué encontraron en los primeros operativos?
Un fusil de asalto, gran cantidad de municiones, y veinte bolsitas de marihuana.
—¿Cuál es la radiografía en este momento?
Es un barrio que meses atrás disparaban a cualquier hora con fusiles de largo alcance, nunca había un asalto, pero sí podían salir heridos por armas de fuego. Pero sigue siendo peligroso. No le recomiendo ingresar a nadie.
Durante un recorrido de LA PRENSA se constató que en El Gallito se siente un clima pesado, de tensión, en donde hombres y mujeres jóvenes consumen drogas.
A simple vista no se observan bares o cantinas ni la temible presencia de las maras que han sembrado el terror en esa nación.
—¿Es territorio de maras?
No, aquí no hay pandillas, hay organizaciones criminales, de narcotraficantes, laboratorios y almacenes de droga, responde nuevamente, Caljú Hernández.
Por su parte, el coordinador de Programa Legal de Casa Alianza, Héctor Augusto Dionisio Godínez, dijo que la niña nicaragüense era callada, sumisa, de complexión delgada, de 1.45 de estatura, respetuosa. Pero también por momentos era agresiva, aunque expresó una urgente necesidad de regresar con su familia a Nicaragua.