- Los jóvenes realizan estudios en órtesis y prótesis
María Antonia López M.
Quién hubiese pensado que las oportunidades vienen a veces en pares. No precisamente tiene que tratarse de amores, pero sí de amistad, de apoyo mutuo. Y es que dos jóvenes nicaragüenses han emprendido toda una travesía cruzando decenas de kilómetros desde su natal Estelí, hasta llegar a San Salvador.
Algunos podrían creer que se trata de aventureros. En realidad no. Por el contrario, son dos jóvenes que buscan un mejor futuro.
Marvin Borge y William Polanco Guzmán nacieron en el barrio Sandino de Estelí, estudiaron en la misma escuela, en el mismo instituto y de allí también surgió la aspiración de llegar hasta Managua, rentar un cuarto e ingresar a la universidad.
Todo indicaba que estarían un poco separados, pues Marvin entró a la Universidad Centroamericana a estudiar inglés y William a otra donde iniciaría ingeniería industrial, sin embargo, no le gustaron las clases, y al poco tiempo ingresó a la UCA a estudiar Administración de Empresas.
Al poco tiempo William obtuvo un empleo en una empresa dedicada al trabajo de prótesis. A los tres meses le dijo a Marvin que había una plaza vacante, de forma que ambos pasaron a ser técnicos empíricos.
BECADOS EN EL SALVADOR
Al cabo de un año. Tras identificarse en el país, la necesidad de especializar a los dos jóvenes, Cruz Roja decidió otorgarles una beca para estudiar una carrera técnica sobre órtesis y prótesis en la Universidad Don Bosco, ubicada en un municipio de San Salvador.
Al conocer de la noticia, empezaron los apuros y los nervios. Ninguno de los dos había salido antes fuera del país. No querían dejar a sus novias, pero tampoco se les ocurría desperdiciar la oportunidad de especializarse.
Así fue como Marvin, con una serie de sentimientos encontrados entre el futuro, el amor y la seguridad, tomó la decisión de casarse, aunque dice que no ha tenido luna de miel.
En tanto William tenía “cuatro años de noviazgo, confío en ella, y sus recuerdos se mezclan con un tono de nostalgia al expresar —“no quería dejarla”—. No obstante, en las próximas vacaciones estará junto a la esteliana que aún le roba los recuerdos.
Estos jóvenes saben que su futuro aún se encuentra en la semilla que pronto germinará. Tres años de carrera, que los llevará a convertirse en unos de los pocos técnicos especializados en órtesis y prótesis.
“Pero sobretodo sentir la satisfacción de ayudar a esas personas que a través de ciertos objetos pueden recuperar parte de su cuerpo afectado por minas, o accidentes”, comentan los nicaragüenses.