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Montelimar.— El uso de la biotecnología, el apoyo financiero a la investigación agropecuaria y la producción, el mejoramiento de la infraestructura, el mercadeo y el fortalecimiento de los institutos de investigación, son algunas de las “armas” que Centroamérica debe usar para enfrentar los retos en la producción.
Especialistas, científicos y técnicos han coincidido en ello, durante el desarrollo de la reunión anual del Programa Cooperativo Centroamericano para el Mejoramiento de Cultivos y Animales (PCCMCA), que reúne en Managua a delegados de más de 12 países de las Américas y que concluye mañana.
José Madriz, especialista en Biotecnología y catedrático e investigador de la Universidad Nacional de Costa Rica, destacó que la biotecnología puede contribuir, no solucionar según destacó, a enfrentar los retos de la agricultura, que van desde una baja producción hasta una reducción de las áreas disponibles para la siembra.
Esto se vuelve cada vez más urgente, tomando en cuenta que en Centroamérica la gran mayoría de la población se ubica en zonas rurales, regiones con altos niveles de pobreza y donde existen además riesgos cada vez más elevados de sequías.
Madriz, consultor de organismos con el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), y el Organismo Regional de Sanidad Agropecuaria (OIRSA), recordó que la agricultura enfrenta una serie de limitantes, entre ellas las plagas y las enfermedades; la falta de agua y la degradación del suelo, y áreas cada vez más reducidas para practicar la agricultura.
EN EL SÓTANO
Destacó que entre 1961 y el 2004 los rendimientos agrícolas en Latinoamérica y el Caribe se han reducido, mientras que han aumentado en el este y surdeste de Asia.
Ejemplificó que Centroamérica, debido a las limitantes en la agricultura que citó, produce 227 kilogramos per cápita en alimentos cada año, mientras que en México la cifra se eleva a 467 kilogramos y sube hasta los 767 kilogramos en el Cono Sur.
A ello se le suma los problemas en la disponibilidad de tierras para la agricultura, ya que indicó que en el futuro el crecimiento de la producción vendrá en un 80 por ciento del mejoramiento de la productividad, es decir de los rendimientos, y no tanto de un aumento de las áreas sembradas.
Países como Brasil, Argentina, Colombia y Venezuela, son algunos de los pocos que, a su juicio, sí podrán aumentar las áreas de siembra porque tienen tierras para ello.
En consecuencia, dijo que el uso de la biotecnología puede contribuir a enfrentar estos desafíos en Centroamérica, poniendo en práctica además redes de cooperación entre los propios institutos nacionales e internacionales de investigación, como una alternativa para enfrentar la falta de recursos financieros y optimizar el uso de los existentes.
Ejemplificó que el presupuesto para las investigaciones en biotecnología agropecuaria en países como Brasil, India y China alcanza al año en cada uno los 500 millones de dólares, cifra que baja a los 300 millones de dólares en total en organismos internacionales como el Centro Internacional para el Mejoramiento del Maíz y el Trigo (CIMMYT). No precisó cifras de cuánto invierte Centroamérica.
Añadió que en Centroamérica existen 107 centros de investigación, que agrupan a 2,115 profesionales; en contraste con los 364 centros localizados en Latinoamérica y los más de 24 profesionales que laboran en ellos.
“¿Puede la biotecnología contribuir a solucionar estos problemas en Centroamérica?”, se preguntó. “Sí, la biotecnología puede contribuir, no solucionar”, respondió.