El taller de Juan José Gaitán esta equipado con alta tecnolgía. (la prensa/j.maltes)

Mecánico realiza su “sueño americano”

CORRESPONSAL/MIAMI Mide cinco pies tres pulgadas. Pesa 150 libras. Es el típico nica moreno, cabello “chirizo” negro azabache, su nombre Juan José Gaitán Calero, un humilde hijo de campesinos quien, según sus propia palabras, logró realizar el “sueño americano” cuando inauguró su propio taller de mecánica ubicado en Hialeah, del Condado Miami-Dade. Pero no fue […]

CORRESPONSAL/MIAMI

Mide cinco pies tres pulgadas. Pesa 150 libras. Es el típico nica moreno, cabello “chirizo” negro azabache, su nombre Juan José Gaitán Calero, un humilde hijo de campesinos quien, según sus propia palabras, logró realizar el “sueño americano” cuando inauguró su propio taller de mecánica ubicado en Hialeah, del Condado Miami-Dade.

Pero no fue tan fácil, ni expedito para Gaitán Calero, pues no sólo pasó dificultades para sobrevivir en Nicaragua, sino durante su recorrido clandestino desde Managua hasta pisar tierras estadounidenses.

Es el mayor de siete hermanos, hijo de Juan Gaitán Hernández, de San Juan de la Concepción y de Mercedes Calero de San Rafael del Sur, quienes se vieron obligados a trasladarse a Managua porque la situación económica en San Rafael del Sur era verdaderamente difícil durante el régimen sandinista, recuerda Gaitán Calero.

Desde muy joven comenzó a trabajar para ayudar a los gastos familiares y empezó como ayudante de mecánica en el Instituto Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados (INAA), posteriormente en Dismotor y la Pepsi Cola, al tiempo que continuaba sus estudios hasta bachillerarse en el colegio Modesto Armijo de Managua.

“Pero la vida se hacía cada día más dura con la represión sandinista, pues los salarios eran muy bajos, y además cuando teníamos algún dinerito no se encontraba qué comprar, porque todo estaba racionado”, dice con cierta tristeza.

Mientras repara un auto en su Taller Auto Repairs Tech Millenium, narra que cuando cumplió 25 años decidió ayudar más a su familia por lo que decidió irse “mojado” a Estados Unidos.

LA TRAVESÍA

Así, pues, en 1987 Juan José ya no tenía nada que hacer en Nicaragua y con su mochila a cuestas se fue por veredas desde Managua hasta Guatemala, donde trabajó ilegalmente durante seis meses para recoger algún dinero y dar otro salto hasta México donde se contactó con un “coyote” para que lo ayudara a cruzar el territorio mexicano.

“Mi gran sorpresa es que el día que me citó para la partida, habían otras 60 personas (mujeres y niños), entre ellos nicaragüenses. La travesía por México es unas larga y tormentosa pesadilla, pues íbamos compactados como una maqueta de hielo en un camión y sin poder movernos ni hacer ruido por temor a ser detectados por la Policía o la famosa migra mexicana con sus continuas ´mordidas`, porque si uno los paga puede hasta perder la vida”, recuerda Gaitán.

La acalorada travesía mexicana duró alrededor de nueve días, que fueron un verdadero tormento para este nicaragüense.

Por fin llegaron a la frontera con Estados Unidos frente a la ciudad texana de Brownsville, donde el río Bravo se interpone como una muralla gigantesca, que se convierte entre la vida y la muerte, pues muchos no logran pasarlo y se los lleva la corriente.

“Con sólo ingresar al agua se siente un terrible miedo y angustia. Yo logré pasar, pero tuve que ayudar a varias mujeres que traían a sus niños en sus brazos. Después cada uno se va por su lado como en una desbandada en medio de la oscuridad y el silencio.

EN EE.UU.

Pero las angustias y la tensión nerviosa de Gaitán Calero no terminaron en ese lugar. No tenía dónde dormir, pero alguien le informó de un lugar llamado Casa Romero, donde ayudan a personas que intentan afincarse en Estados Unidos. Allí estuvo alrededor de una semana y después decidió trasladarse a Miami.

Con el poco dinero que le quedaba compró el pasaje sólo de ida hasta Miami en la línea Grey Hounds, aguantando hambre hasta llegar a Miami, porque ya no le quedaba más que un dólar.

“Al bajarme del bus no sabía para dónde agarrar, ni cómo llamar por teléfono a un familiar. Pero le pedí ayuda a una persona que hizo la llamada y de esa manera me llegaron a recoger y ahí empezó mi nueva vida para continuar luchando”, narra mientras supervisa vehículo por vehículo y dando instrucciones a sus mecánicos.

Una vez instalado en Miami y sin documentación legal, comenzó a trabajar lavando carros.

“Con la ayuda de Dios, mientras lavaba carros, conocí a Adrián López, un pentecostés y me ayudó con ropas y alimentos. En ese mismo lugar conocí al cubano José Cossío, dueño de un (dealer), lote de automóviles, quien me ofreció trabajar como mecánico. De ahí fui a trabajar a la empresa de mudanzas Ryder, siempre como mecánico, pero al mismo tiempo ya comenzaba a estudiar de noche inglés y mecánica especializada y logré graduarme en frenos, motores, full injections y mecánica en general”, explicó Gaitán Calero.

Una vez con sus tres títulos, este nicaragüense sacó sus licencias para operar y fundó su propio taller que tiene instalado la más moderna de las tecnologías en mecánica.

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