¿Cuál es la distancia entre la vida y la muerte? Ese miedo es más latente cuando ya se entiende lo que es la muerte. Según la psicóloga Eudilia Molina, el temor es mayor en los jóvenes y peor aún en los adultos, porque tienen tantos problemas, enfrentan tantas situaciones, que les cuesta mucho asimilar la pérdida de un ser querido.
Muchas veces en los adultos, después de que un ser querido fallece, comienzan con dolores de cabeza, llantos, problemas con las relaciones y dificultades para desarrollarse como personas, comienzan un duelo tan grande que no hay paz en sus cuerpos, ni almas, pierden peso, porque el duelo en los adultos es mucho mayor y los riesgos son traumas severos, sobre todo cuando se pierde un hijo o la madre, dijo Molina.
La psicóloga señaló que es normal sentir ese dolor después del fallecimiento, también es normal llorar y manifestar el dolor abiertamente, sin embargo es anormal cuando ya nos afecta demasiado nuestra vida habitual.
Fantasías son contagiantes
En ocasiones los niños menores de siete años, inventan fantasías de que está con la persona que falleció, añade.
Un ejemplo es que digan: Vino mi hermanito, se trata de uno que falleció, entonces los parientes empiezan a pensar que es verdad que la persona se presentó. Esto va contagiando a otras personas y también empiezan a vivir las mismas fantasías, sobre todo cuando es una muerte inesperada.
Cuando estas fantasías se convierten en ideas obsesivas, lo mejor es buscar ayuda profesional, porque el dolor hace ver y sentir cosas que no son.
Para Molina, un primer paso es identificar que si el problema que se da es originado por el duelo, o es por falta de afecto, porque a veces puede pasar que cuando se dan situaciones de duelo cada miembro de la familia se retrae. Los adultos olvidan que los niños necesitan más afecto y más acercamiento.
Entre las recomendaciones de Molina, para ayudar a un niño que sufre la pérdida de una persona hay que conversar sobre la persona fallecida y explicarle que siempre vivirá en su corazón.