Francisco Gutiérrez Barreto Especial para la Prensa
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El beisbol del caribe ¿existe?
Francisco Gutiérrez Barreto
Especial para la Prensa
A inicios de los años cincuenta llegué a Monterrey, México, para estudiar ingeniería y me convertí en seguidor de los Sultanes, equipo militante de la Liga Mexicana de Beisbol Profesional. Recuerdo nombres célebres como Ramón Arano, Eddie Locke, Dalmiro Finol, Lázaro Terry y el “Pajarito” Vistuer, pero jamás escuché que se jugara pelota caribeña, a pesar de emplear muchos jugadores de esa cuenca y existir, la Serie del Caribe.
En 1959, graduado pasé a Los Mochis, Sinaloa, para trabajar en el ingenio azucarero, originario de Los Cañeros de Los Mochis, de la Liga Profesional del Pacífico Mexicano y no recuerdo el cacareado distintivo de, beisbol del Caribe. Igual sucedió en la profesional nicaragüense, más sí recuerdo nombres de managers, sonoros y caribeños, como “Sungo” Carreras, Tony Castaño, Wilfredo Calviño y Regino Otero.
Una vez en Venezuela, en los setenta y como fanático, otros famosos hicieron mis delicias ejemplo: David Concepción, César Gutiérrez, Gonzalo Márquez y Vitico Davalillo, todos big leaguers, pero jamás supe se jugara el hoy famoso, beisbol caribeño. Fue hasta hace unos ocho años, que el distintivo comenzó a repetirse con insistencia por los medios informativos y con carácter exclusivo de nuestras tierras.
Inquieto por saber o resolver el enigma y a pesar de tener mucha bibliografía sin de ello hablar, empecé a indagar con el afán de entender y si en realidad existe una manera real de jugar, exclusiva de los mal llamados, jugadores latinos. No fue fácil. En Managua me hablaron de Chico Carrasquel “escondiendo la bola” para hacer out al despistado o tonto embasado. En Caracas, no sabían el origen, pero sí de Ozzie Guillén hacer varias veces en el big show, el truco de esconder el balón y están asentados en la historia escrita de su vida.
Fue en diciembre del 2005, cuando siguiendo un continuado pasado por el canal de TV cultural o Canal 5 de Caracas sobre la Ligas Negras de los Estados Unidos, que empecé a ver las casitas del pueblo. Luego un trabajo de Ibsen Martínez, por el diario El Nacional, terminó de satisfacer mi inquietud. Ahora, transmito mis conclusiones reales y nada imaginarias o sin bases.
En uno de esos juegos de los Monarch, legendario equipo de negros, vi esconder la bola de manera jocosa, también tirar la pelota ensalivada, al catcher hacer malabares y sacar el strike, corredores de primera necear hasta conseguir el tiro errado o descontrolar, y otras diabluras como equipo. Inclusive, hubo un juego genial con robo de home… y sin pelota, ¡simulado! Fueron esos señores, los primeros en jugar con la malicia de la sorpresa, llevando el espectáculo justo por el borde interno de las reglas, de lo legal. Así y allí nació la pelota pícara, que ahora llamamos caribeña.
Y los nativos negros del Caribe, allí mismo aprendieron mientras jugaban en aquellas ligas, especialmente cubanos y fueron muchos, entre ellos el Salón de la Fama, Martín Digho. También enseñanzas tomamos de giras hechas por las Estrellas Negras en México, Cuba, Puerto Rico y Dominicana. Además, desde inicios de los cuarenta, blancos y negros gringos, jugaban junto a criollos, en ligas sin discriminación de Cuba, México y Venezuela. Ahora, como aditivo lo siguiente: Entre noviembre y diciembre de 1945 un equipo de Estrellas Negras jugó varios partidos contra novenas locales en Venezuela, dejando historia y mitos. El conjunto incluyó varios hoy Salón de la Fama y Grandes Ligas como Jackie Robinson, Gene Benson, Verdell Mathis, Sam Jethroe, Roy Campanella, Marvin Baker, Andrew Anderson, Quincy Troupee, George Jefferson, Buck Leonard y Roy Welmaker. Un “Dream Team”.
En resumen, la pelota caribeña es aquella de las Ligas Negras pero mejorada con técnicas nuevas y nosotros por glamour, negocio o el viejo fallo de buscar identidad, la adoptamos. Inventos en el beisbol, hace rato pasaron a la historia y todos lo sabemos.