Pedro Rafael Gutiérrez Doña
No podría imaginarme cuál sería la reacción de un fanático religioso católico al ver publicadas en un conocido medio de comunicación, caricaturas de “Minguito” o Santo Domingo de Guzmán, donde mediante el uso de dibujos se hiciera burla de dicho personaje.
Por un lado, no nos extrañaría algún tipo de reacción cuando acostumbrados estamos a ver en los medios a sujetos empacados en dinamita, explotando sus cuerpos en centros comerciales para “autopurificarse” ser “libres” o recibir el cielo como recompensa, por haber asesinado a mujeres y niños inocentes.
Aquí es donde los enemigos de Dios argumentan neciamente diciendo que no quieren tener una relación personal con la divinidad, tomando como ejemplo a locos como los que tengo en el tema.
No creo que los fanáticos de “Minguito” se atrevieran a incendiar consulados o embajadas como los seguidores de Mahoma, movidos por una clara frustración ante la invasión de la cultura hedonista/atea norteamericana, seguida por muchos fans de Madonna y Michael Jordan.
Si bien es cierto hay que respetar aún aquellos que —según el criterio de cada quien— están engañados, no se puede llegar a tomar acciones irracionales como la quema de sitios públicos y asesinar a gente inocente por creer que ha sido humillado el Dios en que se cree.
Suficientes incendios tienen interiormente aquellos que han confundido al Dios verdadero con una imagen o aquellos que creen que la divinidad puede traducirse a una caricatura, y por ello desatar la muerte.