Edgard Tijerino [email protected]
Después de perder 8-2 el tercer juego, las Fieras amanecieron hoy seriamente heridas, cojeando y respirando lentamente. Hay suficientes motivos para pensar que su futuro podría haber sido drásticamente recortado.
Por culpa de Adolfo Matamoros, más allá de la discusión sobre el out a Mario Holmann en el cierre del séptimo, cuando el equipo de Masaya intentaba continuar un resurgimiento espectacular, iniciado en el sexto por el jonrón de Danilo Sotelo.
Lo de Matamoros escapa a lo que pueda producir nuestra imaginación. El bateador de sólo un jonrón en 159 turnos durante la temporada, se agita y explota con dos en noches consecutivas, impulsando tres carreras con cada uno, estableciendo desequilibrios definitivos. Anoche, en el octavo, volvió a funcionar como “mata-fieras” ampliando la diferencia en la pizarra 7-2.
Esta repentina explosividad de Matamoros me hizo recordar los 4 jonrones de Gene Tenace de Oakland, en la Serie Mundial de 1972, después de conectar 5 en 227 turnos funcionando como “comodín” en la campaña.
A lo largo de cinco entradas, los bateadores permanecieron sumergidos en la pileta de la inutilidad, domesticados por el pitcheo de Miguel Pérez y Asdrudes Flores.
Asdrudes no pudo estirar su efectivo esfuerzo, y en el inicio del sexto, afectado por un par de fallas defensivas del jardinero Rogearvin Bernadina, terminó cediendo.
Juan Oviedo conectó hit y Bernadina perdió la pelota facilitándole extenderse hasta segunda. Asdrudes golpeó a Próspero González y Carlos Villalobos, con un proyectil a la orilla del cojín de tercera, que viajó hacia el rincón del jardín izquierdo, impulsó la primera carrera y colocó dos posibilidades en pantalla, presionando terriblemente al zurdo.
El batazo de Matamoros al left sobre un pitcheo alto empujó a Próspero para el 2-0, y el de Dwaine Bacon, bien profundo al center, no pudo ser controlado por Bernadina después de haberle llegado, facilitando dos carreras más, estableciendo una diferencia de cuatro que sentó a la multitud sobre las brasas en Masaya.
Pérez, quien había retirado en orden a 10 adversarios, tenía ahora las riendas en sus manos. Pero ¿qué es predecible o cierto en los cálculos que se hacen en un juego de beisbol?
Después de un out, Bernadina le conectó hit y Holmann lo entregó en segunda. Pese a la presencia siempre amenazante de Sotelo, no se captaban señales de alarma, pero el envío de Pérez fue golpeado con rapidez, violencia y precisión, y la pelota descendió detrás de la verja del right estrechando el score 4-2, con el estadio estremecido.
El brazo de Pérez se desajustó y cedió tres boletos para llenarle las bases a Luis Iglesias. Entró William Juárez. Frente al plato, Luis Iglesias parecía más grande y más peligroso. Pero se precipitó sobre el primer envío y elevó al left, haciendo deslizarse por un embudo la gran posibilidad de lograr “algo más”. Ese out fue clave. Y de inmediato, en el séptimo, el discutible out de Mario Holmann.
¿OUT O SAFE?
En el séptimo, estando la pizarra 4-2 a favor de Chinandega, bateando San Fernando con dos out y Bernadina en primera por boleto, Holmann conectó un cepillazo al sector izquierdo y se lanzó al aterrizaje en segunda base.
El tiro de Bacon fue preciso y la jugada extremadamente cerrada, difícil de juzgar tanto frente a la pantalla como desde las gradas. Ese movimiento del guante con la pelota hacia la mano que se desliza buscando el cojín y la sentencia del out, provocó una erosión.
Pero, tenemos que estar claros que el mejor ángulo, la mejor posición, la vista más clara sobre la acción, la mayor concentración, la tenía el árbitro Daniel López.
¿Qué hubiera podido ocurrir de ser safe el fallo y no out? Recuerden que Sotelo venía al bate. Como diría el novelista Frederick Forsyth, eso pertenece a las especulaciones inútiles.