Carlos Castillo Chavarría
¿Alguien más se siente confundido, tan alejado ya de consenso entre partidos políticos, Poderes Ejecutivo y en el que todos debimos mentir y creernos juntos todas las mentiras? Construimos una especie de refugio de ingenuidad que nos blindó contra los torpes misiles de la ambición de poder y el desdén hacia la solución de los problemas que vulneran y debilitan el desarrollo integral de nuestra querida Nicaragua.
De cualquier modo, a finales del 2005 se destapó la carrera hacia las elecciones de este año (2006). Uno a uno han desfilado todos los distinguidos precandidatos, quienes en su afán de alcanzar “desinteresadamente” la silla presidencial enumeran sesudas propuestas para ganar el voto de los nicaragüenses. Claramente escuchamos las mismas mentiras varias veces al día, reproducidas hasta el cansancio por los medios de comunicación en la carrera de la “declaracionitis” (es mejor el que gana la nota de quien lo dijo primero, sin importar lo que se diga), y toda la discusión alcanzará niveles de tanta profundidad como la que se ve en los hipódromos alrededor de cuales son los caballos con mayores posibilidades de ganar.
Llegará entonces, puntual, el tráfico enorme de ilusiones y de creación de expectativas, típico de cada elección, en medio de la tradicional y ruidosa trivialización de la política criolla. Lástima que los decibeles no resuelven los típicos problemas que arrastramos desde hace décadas: corrupción, desempleo, informalidad, pobreza, educación, improductividad.
La falta de memoria es tan acentuada que incluso hemos olvidado que en este país pinolero ya nadie cree en nada ni en nadie. La crisis de confianza, ya de largo aliento, no ha logrado aminorarse en la joven democracia que dista mucho de la funcionalidad esperada. Ni exigimos ni nos exigimos. Olvidamos fácilmente las constantes arbitrariedades e ineficiencias de la gente en el poder, ocupada de cuidar sus parcelas a través de enfoques partidistas, poco solidarios.
Nos refugiamos en nuestras parcelitas de realidad y desde ahí, con lentes graduados miramos el paisaje nacional y lanzamos petardos de salva. No permitamos que el circo electoral nos distraiga demasiado. No nos contemos más mentiras, por más piadosas que parezcan.
Los Altos, California