- El principal obstáculo del nuevo Presidente izquierdista podrían ser los mismos movimientos sociales que demandan la nacionalización del gas boliviano, y a quienes debe su victoria
José Luis VarelaLA PAZ / AFP
La llegada a la Presidencia boliviana del líder cocalero Evo Morales representa un triunfo de la izquierda latinoamericana y un gran desafío para el nuevo mandatario, que deberá satisfacer las enormes expectativas que ha generado entre pobres e indígenas, lidiar con las petroleras y manejar su difícil relación con Estados Unidos.
Morales ganó el domingo la elección presidencial boliviana con una apabullante diferencia sobre su seguidor, el ex presidente Jorge Quiroga, y debe recibir el mando del presidente Eduardo Rodríguez el 22 de enero.
A falta de datos oficiales —dado el insólito retraso de la Corte Nacional Electoral que recién el martes dará la contabilidad final— las consultoras privadas señalaron que el líder campesino tuvo un 51% de votos, lo que le otorgaría el triunfo en primera vuelta.
Pero aún si en el resultado final baja del 50% y su elección debe ser confirmada por un voto en el Congreso, tiene la fuerza suficiente para imponerse sin necesidad de alianzas ni negociaciones.
De manera que la victoria de Morales es ya un hecho consumado en Bolivia, donde este lunes se saludó con alivio la contundencia de su triunfo, porque puede darle una legitimidad que no han tenido varios de los gobiernos previos.
Sin embargo, las preocupaciones afloraron casi de inmediato sobre la capacidad de maniobra que tendrá Morales en un país que en los últimos meses ha saltado de crisis en crisis y que ha obligado a la renuncia de dos presidentes desde 2003.
Su principal problema, paradójicamente, no será la oposición sino los mismos movimientos sociales que le han acompañado en pasadas luchas.
EXIGENCIAS RADICALES
No ha pasado un día desde que se conoce que será presidente y ya Morales recibió de una poderosa central de sindicatos un plazo de 180 días para cumplir sus promesas electorales.
La primera acción de Morales debe ser “nacionalización (de los recursos hidrocarburíferos) sin indemnización y para eso no se necesita ir a consultar a Washington o con el presidente de Brasil sino simplemente aplicar el mandato de la Constitución”, advirtió Jaime Solares, el radical líder de la unitaria Central Obrera (COB).
“Que no me vengan a decir que necesitan estar un año, dos años ni siquiera seis meses” para abordar el tema, amenazó Solares.
Con 108 billones de metro cúbicos, Bolivia posee las segundas más importantes de gas natural en Sudamérica, después de Venezuela.
“El Tribunal Constitucional ha dicho que esos contratos (petroleros firmados en 1997 por Sánchez de Lozada) son nulos de pleno derecho, ahí no hay dónde perderse”, afirmó Solares.
“Reconstituir confianza no va a ser fácil”, opina el analista Cayetano Llobet, para quien Morales puede quedar prisionero entre el discurso que mantuvo como candidato y la realidad que encontrará como presidente.
“Va a estar en el centro de una gran contradicción entre las exigencias de una sociedad globalizada con reglas de juego, y la presión de su propia gente por las expectativas que ha generado durante todos estos años y que le puede cobrar la factura”, dice.
El frente externo también es complicado: en su discurso de victoria Morales recalcó que había recibido las felicitaciones de los presidentes Néstor Kirchner (Argentina), Luiz Inacio Lula Da Silva (Brasil) y Hugo Chávez (Venezuela), pero esa sensación de protección regional no oculta la mirada desconfiada de Estados Unidos y menos aún la de las multinacionales del gas que operan en Bolivia.
Estados Unidos ya dejó claro que el problema con Morales no es ni su discurso antiimperialista ni su relación con Chávez, sino la forma de abordar la lucha antidrogas.
Pero Morales también ha sido claro: para él la hoja de coca debe ser legal, aunque habla de “cero narcotráfico y cero cocaína”.
“Para Estados Unidos esta victoria de Evo Morales constituye un problema. Se clausura un ciclo de domesticación de los gobiernos, que relegaban intereses del Estado boliviano, y esto va a generar tensión”, dijo a la AFP el experto en seguridad Juan Ramón Quintana.
En el tema del gas lo que haga el dirigente es una incógnita porque su discurso ha tenido muchos cambios. Este lunes dijo en una rueda de prensa en la central Cochabamba que su gobierno “no confiscará ni expropiará” las concesiones de las multinacionales petroleras pero que hará cumplir una ley que les impone un impuesto de 50%.
El gobierno “va a ejercer el derecho de propiedad. Eso no significa confiscar ni expropiar bienes de las transnacionales” petroleras, afirmó Morales durante una conferencia de prensa este lunes.
La preocupación es la norma entre las 26 empresas petroleras que trabajan en Bolivia. En Madrid, la española Repsol, una de las principales operadoras en Bolivia tuvo una baja en sus acciones en Bolsa, y los analistas consideran que esto se debió al triunfo de Morales.
Kathryn Ledebur, directora de la Red Andina de Información, manifestó que “la política impuesta por Washington en el tema de la erradicación de los cultivos de coca ha tenido, por supuesto, un impacto fuerte”, en los resultados de las elecciones.
“Hay en la población, especialmente en los estratos más pobres, un resentimiento por las políticas de erradicación de la coca”, señaló el analista Jaime Daremblum, en Washington.
Este año, Bolivia recibió 91 millones de dólares de ayuda con esos fines de EE.UU.
En entredicho política de EE.UU.
La política latinoamericana de Estados Unidos, basada exclusivamente en el libre comercio, y su programa de lucha antidrogas quedaron en tela de juicio tras la victoria el domingo del líder cocalero Evo Morales, destacaron este lunes analistas a la AFP.
“Los Tratados de Libre Comercio (TLC) no constituyen una agenda (…) y la política antidroga de Estados Unidos en América Latina no funciona”, aseguró el analista independiente estadounidense Miguel Díaz, un día después del triunfo de Morales que prometió ser “un dolor de cabeza para Estados Unidos”.
El experto no dudó en afirmar que los resultados de las elecciones bolivianas marcaron un “retroceso de la influencia de Washington en Bolivia” frente al presidente venezolano Hugo Chávez, adversario del proyecto de Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y que mantiene estrechas relaciones con Morales.
“Estados Unidos tiene que repensar su agenda para América Latina. Se necesita un plan mucho más sensato frente a la demande de equidad y trabajo en América Latina”, pidió Díaz, en momentos en que aumenta en la región el número de movimientos que se oponen al libre comercio.
Kathryn Ledebur, directora de la Red Andina de Información, recordó que Bolivia “ha cumplido todos los requisitos y seguido todas las reglas del comercio de Estados Unidos y las reformas neoliberales. A pesar de ser un buen alumno, esa política no tuvo un impacto positivo”, lamentó.
“Se ha identificado con Estados Unidos las políticas basadas en el ‘consenso de Washington’ de privatización de empresas estatales que representaron una carga inalcanzable para muchos pobladores de los barrios marginados”, reconoció Jaime Daremblum, director del centro de estudios latinoamericanos del Instituto Hudson.