- Conozca el verdadero significado de los símbolos. Ellos son parte de la decoración navideña
La Navidad es una fiesta que tiene al centro al Hijo eterno del Padre, que viene a nosotros, necesitados de salvación. Jesús, el Dios hecho hombre, por eso se habla de Emmanuel, “Dios con nosotros”. En la celebración de Navidad todo debe converger hacia Él. Por siglos, los cristianos hemos venido celebrando la maravilla de que nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor.
Ese gozo se refleja en buenas obras y en revestir festivamente nuestro alrededor; tristemente, con el pasar del tiempo algunas cosas han perdido su sentido original, y en vez de enriquecernos con su significado, nos hemos quedado en la superficie. Recordemos algunas.
EL NACIMIENTO
La tradición de montar la escena del “Nacimiento” la comenzó San Francisco de Asís y la han continua-do los Franciscanos. Se cuenta que San Francisco un día, contemplando un establo con los animales, fue arrebatado en oración de amor al caer en cuenta de que Dios mismo, en tanta humildad, se había encarnado para regalarnos la Redención. Vio al Niño sobre el heno: ¡Feliz entre nosotros! Más tarde, algunas personas comenzaron a representar a María y José con personas en vivo. Es lo que se ha venido llamando “Pastorela”. Posteriormente, aparecieron las imágenes que se colocaban en un sitio especial de la casa.
ADVENIMIENTO
El Nacimiento invita a la oración contemplativa. Es tan seria esta invitación que la Iglesia ha establecido un tiempo que se llama Advenimiento, tiempo de espera a la venida de Jesús. En este tiempo los ornamentos del que preside la misa son color morado porque la espera implica preparación en la ausencia, deseo de recibir la gracia salvadora.
Son cuatro domingos esperando su venida. En este año 2005, el primer domingo de Adviento es el 27 de noviembre, el 4 de diciembre es el segundo, y el 11 de diciembre es el tercero. En este domingo se suprime el morado y se usan ornamentos rosados para significar la alegría porque ya su venida está próxima. El 18, es el cuarto.
LAS LUCES
Cristo es la luz del mundo. María Valtorta recibió en vida el regalo de tener visiones de la vida de Jesús en el seno familiar. Ella narra una visión de María al momento del parto: vio a San José limpiando la cueva. Había mucha mugre, telas de araña, y una lagartija que estaba al acecho. San José ordenó lo que pudo y colgó su manto como cortina a la entrada de la cueva. Todo era silencio y oscuridad. De pronto se llenó todo el lugar de una luz intensa, la cueva resplandeciente. La tela de araña parecía filigrana de diamantes. La lagartija era como un prendedor de esmeraldas. En medio de tanta belleza se escuchó el llanto de un niño: ¡Dios con nosotros!.
*Miembro de la comunidad En Camino.