Renovación mental

Simón Moraga Se ven muchas personas conturbadas por pensamientos advenedizos de timidez, envidia, superstición y toda suerte de manías que parecen al principio inofensivas, pero que lentamente se van adueñando de la mente, hasta que resulta al fin en extremo difícil expulsarlas. El apóstol San Pablo revelaba un profundo conocimiento científico cuando aconsejaba a sus […]

Simón Moraga

Se ven muchas personas conturbadas por pensamientos advenedizos de timidez, envidia, superstición y toda suerte de manías que parecen al principio inofensivas, pero que lentamente se van adueñando de la mente, hasta que resulta al fin en extremo difícil expulsarlas.

El apóstol San Pablo revelaba un profundo conocimiento científico cuando aconsejaba a sus discípulos que se transformaran para la renovación de la mente. En efecto, es la ley de la naturaleza, el renacimiento perpetuo y la restauración incesante de nuestras fuerzas anímicas, cuya contrariedad única radica en los pensamientos adversos y en las actitudes mentales discordantes.

Para trocar nuestra mente y los malos pensamientos basta con el reencuentro de un ser querido, la contemplación de una obra de arte, la lectura de un libro inspirado, la vista de un panorama espléndido. Con ello se disiparán en un instante las nubes de tristezas.

Algunos opinan que el cerebro no es susceptible de alteraciones notables, porque la ley de herencia lo limita, y que todo lo que podemos hacer es pulirlo y afinarlo un poco. Abundan empero los individuos que modificaron totalmente ciertas porciones de su cerebro y robustecieron las facultades congénitamente débiles o debilitadas por ausencia de ejercicios. Hay muchos otros casos en que, facultades nacientes apenas, se desarrollaron y fortificaron hasta el punto de servir de apoyo al carácter.

Podemos poner por ejemplo el valor de que muchos hombres, después victoriosos, carecieron en la primavera de su vida, con amenazas de echar a perder su porvenir; pero la cuidadosa vigilancia de los padres y la solicitud inteligente de los profesores fueron desarrollando gradualmente esa cualidad, infundiéndolos confianza en sí mismos mediante el relato de proezas heroicas y la sugestión insistente de que es el temor el vicio que negativamente se opone al valor.

El cerebro humano en los tiempos primitivos de la raza, era de muy rudimentaria constitución, pero sólo debía servir de instrumento al instinto de conservación en sus dos modalidades de proteger y sustentar la existencia, puramente animal.

Ganaríamos mucho si viésemos en nosotros y en los demás a través de las bajezas y abnegaciones de la individualidad, a imagen y semejanza de Dios formada.

La Concepción, Masaya

Cartas al Director

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí