- Investigan posible desaparición de dos lanchas
José Adán Silva y Heberto Jarquí[email protected]
Un bus con aproximadamente 60 personas que eran trasladadas a uno de los 30 refugios que se dispusieron en Bilwi, se dio vuelta anoche en el barrio Alemán en una de las zanjas provocadas por las últimas lluvias. No hubo lesiones.
Mientras tanto, la Capitanía de Puerto investigaba la posible desaparición de dos lanchas con 18 persona que salieron ayer de los Cayos Miskitos y buscaban refugio en Bilwi y que hasta anoche no habían llegado.
Estas noticias se sucedían anoche en medio la gran tensión que vivía los pobladores de Bilwi, quienes esperaron anoche que los vientos empezaran a hacer crujir los techos para salir a las calles en busca de donde protegerse, atendiendo la alerta roja que decretó el gobierno para proteger las vidas en esta ciudad puerto ante el inminente embate del huracán Beta.
Las calles quedaron oscuras desde las cuatro de la tarde cuando el cielo se puso negro y lucían desoladas, salvo por algunas luces de autos que circulaban acarreando gente a los albergues. A pie no circulaban más que rescatistas que peinaban la zona para tratar de convencer a los últimos incrédulos que se negaban a abandonar sus hogares.
La energía iba y venía, los cables de los postes bailaban con las ráfagas de viento y algunas casas de tambo crujían desde las bases.
Bilwi es una ciudad precaria. La mayoría de las 20 mil viviendas son rústicas con piso de tablas encajadas sobre pilares de madera podridos por la humedad que siempre impera todo el año aquí.
Muy pocas casas son de concreto. Algunos 30 edificios de cemento como escuelas, oficinas gubernamentales e iglesias estaban saturadas con unos 12 mil evacuados que a última hora salieron de sus viviendas con maletas y ropa.
La intempestiva llegada masiva de refugiados causó desorden en algunos albergues como el de la Iglesia Verbo Divino, donde no cabía una persona más y cientos estaban apenas sentados en el piso.
Algunos pobladores en la oscuridad repentina salieron a intentar abrir algunas escuelas e iglesias que no estaban destinadas a albergues, la Policía que estaba viendo la situación llegó a tratar de imponer el orden y a esas alturas todavía discutían sobre si entraban o no a esos albergues donde no habían alimentos ni condiciones para refugiados.
En algunos barrios como el Nuevo Jerusalén y Alemán el agua llegaba hasta debajo de las rodillas y pequeños ríos que hasta ayer eran charcos anoche tenían la anchura de una avenida.
Los ministros y funcionarios que llegaron desde Managua anoche abandonaron la Casa de Gobierno y se marcharon a un hotel alto en las periferias, sin embargo a esas alturas ya con oscuridad, lluvias, fuertes vientos y corrientes, aún había gente tomando licor y negándose a abandonar las precarias viviendas ubicadas a menos de 200 metros del mar.
Tiendas, pulperías y demás negocios reforzaron sus puertas con tablas y clavos y no hubo negocio que a las cinco de la tarde tuvieran sus puertas abiertas.
Los víveres dejaron de venderse y no había anoche un lugar donde se encontrara un plato de comida o una puerta abierta para albergar a alguien.