Dr. Alejandro Bolaños.

Bolaños Geyer y Mauleón Isla: In memoriam

Jorge Eduardo Arellano* Este año la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua sufrió dos grande s pérdidas: la del doctor Alejandro Bolaños Geyer (1924-25 de mayo 2005) y la de la doctora Mercedes Mauleón Isla (1920-19 de junio 2005). Ambos, Miembros de Número de la Academia, ingresaron el 20 de septiembre de 1999 en […]

Jorge Eduardo Arellano*

Este año la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua sufrió dos grande s pérdidas: la del doctor Alejandro Bolaños Geyer (1924-25 de mayo 2005) y la de la doctora Mercedes Mauleón Isla (1920-19 de junio 2005). Ambos, Miembros de Número de la Academia, ingresaron el 20 de septiembre de 1999 en solemne ceremonia realizada en el Palacio Nacional de la Cultura. Al día siguiente de la desaparición del primero, la Junta Directiva de la Academia emitió su acuerdo de pésame y solidaridad. Meses antes, había encabezado la solicitud a la Presidencia de la República para que se le otorgara la Orden Cultural Rubén Darío, justo reconocimiento que no pudo recibir por el estado de su salud.

En el tomo 52 (diciembre, 2001) de nuestra revista, dedicamos un dossier como homenaje a su ímproba labor historiográfica. El mayor especialista en la Guerra Nacional Antifilibustera (1856-57) y en otros aspectos del siglo XIX, Bolaños Geyer fue objeto de artículos escritos y artículos firmados por Pedro Joaquín Chamorro y Mario Cajina Vega, reproducidos en dicha revista con otros textos y documentos.

Modelos de exhaustiva acuciosidad, rescates sorprendentes e investigaciones acabadas, las obras de Bolaños Geyer —que culminaron en la más completa biografía del filibustero William Walker— marcaron un hito en nuestra historiografía. No resulta superfluo acotar que en dicha obra, publicada en inglés en cinco tomos —constando de 2082 páginas— entre 1988 y 1991, su autor realizó por primera vez la más plausible interpretación, a partir de la psicopatología freudiana, de la personalidad y el comportamiento de Walker. ¿Su título? William Walker: The gray-eyed man of destiny (El predestinado de los ojos grises). Igualmente, es necesario señalar que el primer tomo en español se publicó en 1989 y que un compendio de los cinco tomos fue difundido por el Fondo Editorial Cira, 1999.

Otros títulos editados personalmente por el doctor Bolaños Geyer fueron El filibustero Clinton Rollins (1976) y la traducción anotada de Con Walker en Nicaragua (1977) de James Carson Jamison. Por otra parte, el extinto Fondo de Promoción Cultural del Banco de América le publicó siete volúmenes de documentos, también traducidos por él del inglés, entre 1974 y 1976. A ello, debemos sumar la edición completa del periódico walkerista El Nicaragüense, su monografía de 1998 sobre San Juan de Nicaragua (ciudad-puerto conocida por Greytown y San Juan del Norte), más el volumen de conferencias que le editó el 2000 el Museo Histórico Juan Santamaría, de Alajuela.

Precisamente esta obra, con otras páginas antológicas del historiador, se insertó íntegra en el último número del Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación, órgano de la Biblioteca Roberto Incer Barquero, del Banco Central de Nicaragua, presentada por su Presidente el doctor Mario B. Alonso I.: “Aquí se reproduce dicho volumen, que consta de unos diálogos con el público asistente a dos conferencias: una impartida en 1992, durante las actividades conmemorativas del Museo y la otra en 1999. En ambas, el doctor Bolaños Geyer impactó a los costarricenses con su profundo conocimiento sobre la materia. También se incluyen capítulos escogidos de tres libros suyos, más su monografía San Juan de Nicaragua (1998) un actual e importante aporte, editado en dos ocasiones por el Banco Central de Nicaragua”.

Terminaba el doctor Alonso: “Nuestro propósito no es otro que el de reconocer la vocación ejemplar del doctor Alejandro Bolaños Geyer y de difundirla, sobre todo entre nuestra juventud estudiosa”. En el próximo tomo 61 de la revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua compartimos el mismo objetivo.

Por su parte, entre los intelectuales españoles realizados en Nicaragua durante el siglo veinte, se destacaron por su carácter excepcional el jesuita Ángel Martínez Baigorri y la mercedaria Mercedes Mauleón Isla. Uno navarro, la otra vasca. Ambos estuvieron vinculados a la Universidad Centroamericana. Allí les conocimos. La presencia de Ángel no puede eludirse dentro del panorama general de nuestra poesía contemporánea; la de la Mercedes, de nuestra historiografía.

A ella se le debe un aporte pionero: su investigación —surgida de las aulas universitarias, es decir, con el apoyo de sus alumnas— Estructura dinámica poblacional de la Provincia Nicaragua (1748-1867). Apenas he hojeado sus tres primeros capítulos. Pero su calidad científica está a la vista. Con esta obra, nuestra época colonial ya no va a estar ausente en la bibliografía analítica de W. George Lovel y Christopher Lutz: Demografía e Imperio, donde sólo se valora la monumental obra Estructuras sociales de Nicaragua en el siglo XVIII del doctor y colega Germán Romero Vargas —nuestro mejor historiador— y las de los tres extranjeros: Stanislawsky, McLeod y Newson.

Pero la obra del doctor Romero prescindió de una fuente que nunca se había aprovechado: la de los archivos parroquiales. Así, con esta masa documental, Mercedes pudo establecer las variables de etnias, edad, sexo y estado civil, familias y hogares, población activa, ocupaciones, entre otras, otorgando a Nicaragua su lugar en los estudios demográficos de América Latina.

Como especialista (era graduada en la Universidad de Valladolid), Mercedes no podía dar menos, pues demostró siempre un gran entusiasmo por su trabajo. Tal vez un afán perfeccionista —y, sin duda, sus circunstancias personales y las accidentadas de nuestra vida política— le impidieron editar su obra. Ella, en su último viaje a España, tenía ese propósito. La muerte le sorprendió en su natal y formativo Bilbao.

Yo fui testigo de su afán y afanes, de su persona y personalidad. Desde que la conocí en 1968 —recién llegada a Nicaragua— advertí en ella su temple espiritual, su reciedumbre humana. Fuimos amigos y colegas —tanto en la UCA como en la UNAN—, pero sobre todo en la Academia de Geografía e Historia a lo largo de los últimos cinco años de vida.

Una vida —vale subrayarlo— que no “renació” —como la de Ángel— en Nicaragua, sino que entregó a este país en el ámbito docente y en el pastoral, sobre todo. Pero nunca fue ajena a otros aspectos —sociales y centrales— se muestra realidad. Sabía estar en el mundo. No la traté mucho, como hubiera querido, es cierto; pero siempre la admiré. No pocas veces me comunicó la intensidad de su vivencia cristiana y su alegría interior. Más de una vez me aconsejó.

Fuertemente sincera —o sinceramente fuerte— en materia de opiniones políticas su carácter nada fácil se confrontó con el mío, tampoco fácil. Los compañeros de la Directiva de nuestra Academia lo recuerdan. Pero, después de todo, supimos convivir e integramos una cohesionada unidad corporativa. Ella ingresó fue electa el 17 de agosto de 1999 y poco después tuve el honor de presentarla. En esa ocasión fui escueto. Hoy lo sigo siendo, porque sólo me he sumado como uno de tantos a este homenaje del Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica, en el que participan algunos colegas que la conocieron más de cerca y a fondo, como Ligia Madrigal Mendieta, su heredera. A Ligia le agradezco haberme enseñado a conocer mejor a Mercedes Mauleón Isla, quien no pasó inadvertida en esta tierra. Se hizo sentir, incluso hasta en sus últimos días.

Su admirable energía la reconocí, finalmente, en dos hechos: uno anecdótico —su vida con mayor agilidad y rapidez que yo, a sus 85 años, las gradas piramidales del Palacio Nacional de la Cultura, donde funciona nuestra sede— y otro serio relacionado directamente con su interés vocacional. Me refiero a la creación del Archivo Arquidiocesano (departamentos de Managua, Masaya y Carazo) en el Seminario La Purísima, inaugurado el 9 de marzo de 2005. Ella se empeñó, casi obsesivamente, por esta fundación. Varias veces la vi en la Coordinación del Cultura del Banco Central de Nicaragua, donde era atendido por Róger Fischer, solicitando el apoyo que hizo posible, con el de otras instituciones, ese legado suyo.

* Secretario/aghn

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