Los cortes de energía causan problemas en todos los negocios.

Cortes de energía afectan negocios

Wilder Pérez [email protected] Las gaseosas están calientes, el hielo está hecho agua, los helados derretidos y la leche se está agriando. Esa es la situación que enfrentan pequeños negocios afectados por el racionamiento de la energía eléctrica desde la semana pasada, cuyo déficit alcanzó ayer el umbral de los 100 megavatios, lo que significa que […]

Wilder Pérez [email protected]

Las gaseosas están calientes, el hielo está hecho agua, los helados derretidos y la leche se está agriando.

Esa es la situación que enfrentan pequeños negocios afectados por el racionamiento de la energía eléctrica desde la semana pasada, cuyo déficit alcanzó ayer el umbral de los 100 megavatios, lo que significa que no hay sector que escape a la crisis.

Y los más afectados son las microempresas: pulperías, farmacias, cibercafés, pequeños restaurantes, panaderías, clínicas y tiendas que no cuentan con una planta de emergencia para enfrentar los apagones.

Algunos negocios, como la Farmacia F&F, optan por no despachar productos refrigerados, para evitar que los que no se vendan caduquen con anticipación. Otros, como la tienda de Mercedes Dávila, tienen que cerrar temprano porque no pueden atender a oscuras.

En ambos casos, las pérdidas son inevitables, ya que los horarios de corte no corresponden con la realidad.

“Lo que pasa es que cada día hay nuevos problemas”, dijo Ericka Ramírez, directora de prensa de Unión Fenosa.

Según Ramírez, “hoy (ayer) todo tuvo que variar, básicamente, en el programa (de racionamiento) se amplía la cantidad de lugares afectados.

El problema es que ni los productos perecederos ni los habitantes del país, aceptan excusas.

LAS PREOCUPACIONES

“Dicen a una hora y el apagón es a otra, aseguran que es de cuatro horas y son más de seis; si a mi mamá se le friega la refrigeradora, ¿Unión Fenosa va a querer pagar?”, se preguntó Dávila.

Igual pregunta se hizo Olivia Urbina, quien trabaja en la farmacia antes mencionada. “Tenemos un laboratorio, si un químico se daña, ¿quién responde por eso?”

Francis Solano, dueña de una clínica privada, le vino una inquietud que para ella es más de fondo: “¿Por qué estamos en un racionamiento, si Unión Fenosa es una empresa privada, y cuando privatizaron la energía decían que esto no iba a pasar con una empresa privada, pero ahora estamos en lo mismo?”

Para una medida de los años 80, Dominga Flores utilizó una respuesta igual de añeja: una lámpara rústica, como un quinqué, alimentada por un tanque de gas butano de 25 libras. Tendrá luz hasta que finalice el año, pero eso no le evitará las pérdidas ocasionadas por los apagones.

Según Dávila, su hija, las gaseosas, las cervezas y los helados han bajado en ventas, “porque (las gaseosas) nadie las quiere calientes y los helados se derriten”.

Además, en la venta de doña Dominga sus hijos están cruzando los dedos con los productos perecederos, como los lácteos y las carnes, que pueden dañarse en cualquier momento.

Desde el punto de vista de Urbina, el problema es serio para algunos enfermos, pues la farmacia para la que trabaja es la única que atiende las 24 horas en la colonia Pedro Joaquín Chamorro y sus alrededores.

Así, gente que necesita glucosa, placas u otros medicamentos que necesitan refrigeración, podrían no encontrarlos donde siempre hay.

Solano, por su parte, aseguró correr riesgos mayúsculos porque no puede atender pacientes en su nueva clínica, y menos aún a los que necesiten de un electrocardiograma u otro examen que requiera de energía eléctrica.

Mientras tanto, Libia Chévez prefiere distraerse mejorando su jardín, al ver cómo se va el tiempo sin poder hacer algo para que su cibercafé camine.

“Son diez máquinas, a diez córdobas la hora, 15 por dos horas, además las llamadas que se hacen a Estados Unidos a dos córdobas el minuto, no es que se utilice todo de manera constante, pero la luz se va en las horas pico, las cinco horas perdidas son el 41 por ciento del horario de trabajo”, lamentó Chévez.

OTROS RIESGOS

Cada uno sufre la crisis de manera distinta, y al parecer, sólo algunos le sacan ventaja.

Los delincuentes aprovechan que en invierno a veces ni la Luna sale, y se dedican a lo suyo.

“Esto es un problema porque la robadera se empeora, el otro día, apenas se fue la luz en la noche, un ladrón se metió en la casa, el muchacho que estaba lo siguió sobre el techo y más bien se cayó y se quebró una mano. Lo mismo pasa con la gente que va a pie a su casa”, comentó Boanerges Salazar, habitante del barrio Riguero Norte.

Urbina, que trabaja en la colonia Pedro Joaquín Chamorro y que cada noche debe cambiar de bus en Monseñor Lezcano para llegar a su casa en Altagracia, reforzó las palabras de Salazar.

“Nadie va conmigo, a esas horas de la noche cualquier cosa me puede pasar, y sin luz es peor, porque los ladrones se aprovechan”, afirmó.

Al final, el cambio de horario benefició a la población por el punto menos esperado: una hora más de luz solar por la tarde, aunque no representó mucho para el verdadero objetivo, que era disminuir el consumo de energía, dijeron algunos de los entrevistados.

Mientras tanto, panaderos como Manuel González seguirán reduciendo su producción y cuidando que el pan no se les queme en la puerta del horno por la oscuridad, a la espera de que los apagones no se extiendan más allá de lo que pide en sus oraciones.

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