Freddy Alemán
Parece que fue ayer que se inició el año 2005. Qué rápido pasa el tiempo, Y pensar que hace apenas diez años discutía con mis colegas, compañeros de trabajo, en la Universidad Nacional Agraria (UNA), en broma y en serio, acerca de los problemas que podríamos enfrentar en el futuro por efecto de las emanaciones gaseosas provenientes de la zona franca industrial.
Recuerdo que en aquella época se especulaba que entre los desechos se encontraban productos con cloro y azufre, metales pesados como cromo y zinc, potencialmente contaminantes del medio ambiente y la salud humana.
¿Quién no recuerda los olores fétidos provenientes de las plantas de tratamiento de deshechos líquidos de la zona franca, las emanaciones tóxicas, las mallas, techos e infraestructuras corroídas hasta desaparecer por efecto de los gases?
Los efectos negativos en el vivero y árboles de la UNA, la desaparición de los ojos de agua que enaltecían nuestro campus, en fin, el deterioro sistemático de un ecosistema que daba energía y vida a los seres que interactuaban en él.
En aquella época, más de uno de nosotros expresó que en diez o veinte años los trabajadores de la UNA estaríamos en una situación similar a los afectados del Nemagón, que haríamos nuestras chozas de plástico negro y nos apostaríamos ante las empresas asiáticas responsables del deterioro de nuestra salud.
Ah, si alguien hubiera tomado la iniciativa a estas alturas no nos estaríamos lamentando, pero nadie dimensionaba la magnitud del problema, dejamos pasar el tiempo hasta que no hubo retroceso.
Ayer mismo falleció uno de mis colegas con el cual trabajé durante un período de 25 años, es el quinto que muere en los últimos seis meses del presente año. La mayoría de ellos fueron diagnosticados con afectaciones crónicas en órganos vitales de su cuerpo, otros afectados en su sistema respiratorio y unos cuantos por erupciones cutáneas que les hicieron desaparecer la piel.
Docente de la UNA.