Roberto Sanchez RamírezEspecial para LA [email protected]
Cuando converso con el ingeniero Luis Humberto Flores Donaire sobre sus viajes por toda Nicaragua, pienso en aquellos viajeros, como Thomas Belt, gracias a los cuales sabemos cómo era nuestro país, lo mismo que dentro de unos años será con las obras de Luis o Jaime Incer Barquero.
Con 47 años de residir en Estados Unidos de Norteamérica, la distancia acerca más a Luis a todo lo que significa su país natal. Contrario a otras personas que en poco tiempo ya no saben ni hablar español, en Luis se acentúa su identidad nacional. No es de los que en pocos meses para preguntar por una lora se refieren a “la gallina verde, que hablar como la gente”.
Nacido en Managua, su padre don Humberto Flores Rodríguez, originario de San Marcos, departamento de Carazo, fue un conocido constructor, entre cuyas obras estuvo el moderno Primer Templo Bautista, destruido en el terremoto de 1972.
UN GOYENISTA
Luis se refiere con mucho orgullo a su época de cuando era alumno del Instituto Nacional Central Ramírez Goyena, construido en la vieja Plaza El Caimito, donde se celebraban las fiestas de Santo Domingo de Guzmán. Fue la época del profesor Guillermo Rothschuh Tablada, quien por un quinquenio dirigió la experiencia educativa más interesante de este país.
Entre recuerdos y risas surgen los nombres de esa promoción, egresada el año 1958, dedicada al educador chontaleño. Se mencionan los nombres de Otoniel Arguello, Jorge Navarro, Francisco Buitrago Castillo, Luis Flores Vivas, William Aguilar, Francisco Solórzano, Inocencio Olivas, Sergio Saldaña, algunos ya fallecidos, varios muertos en combate por la liberación de Nicaragua, en el FSLN. Surgen los infaltables apodos: Sapo Pipa, Barrilito, El Burro, El Viejo, La Cotorra, El Bibo.
Al bachillerarse, Luis partió a Estados Unidos de Norteamérica. Primero estudió para técnico en microondas, luego ingeniería industrial en la universidad estatal de San José, California. Durante 28 años laboró en el Departamento de Ingeniería Industrial de una gran proveedora de la NASA, una de las plantas de esa empresa tiene 25,000 empleados, Luis llegó a ser el primero de los ingenieros en su campo.
TRAS SU NICARAGUA NATAL
El ingeniero Luis Humberto Flores Donaire logró prosperar, haciendo exitosas inversiones en el campo de los bienes raíces, fue así que, como él dice, “se autojubiló” en 1993, para dedicarse por su cuenta a realizar el logro de conocer y dar a conocer su Nicaragua natal, logrando poseer algunas de las más grandes y variadas colecciones sobre nuestro país.
Durante muchos años, Luis ha invertido miles de dólares en recorrer Nicaragua. Viene, alquila un apartamento, un vehículo según el destino, asume, en fin, todos sus gastos, tomando a veces meses, separado de su familia, la que le brinda todo el apoyo, su esposa Margarita Cabrales de Flores, sus hijos Arely Margarita, Humberto Javier y Luis Ernesto.
“Quiero dejar un legado”, dice Luis cuando se refiere a su obra, expresada en parte a través de dos libros extraordinarios, impresos en Comercial La Prensa. El aporte de Luis al conocimiento de nuestro país va más allá de los libros publicados. Ha dado su autorización para que el Banco Central de Nicaragua y la Alcaldía de Managua puedan utilizar las fotografías de su autoría y las recopiladas, para montar exposiciones públicas en todo el país.
Igual que admiramos ahora los grabados que aparecen en el libro Nicaragua en el siglo XIX de E. G. Squier o los de El naturalista en Nicaragua, de Thomas Belt, así en el futuro se tendrá que recurrir a los libros de Luis Humberto Flores Donaire.
Academia de geografía e Historia de Nicaragua.