Heberto Jarquín Manzanares
La muerte de nuestro hermano Adolfo Olivas Olivas nos confirma que en Nicaragua existe una casta de intocables que creen estar por encima de la ley y que pueden aplastar a quien se les ponga enfrente, así sea un periodista.
Los cobardes que anden con una pistola al cinto saben que los periodistas solamente disponemos de la palabra para defendernos. También se han dado cuenta que Nicaragua es el país de la impunidad, por eso se atreven a dispararle a un reportero. Yo he vivido en carne propia la persecución y el acoso de delincuentes que se amparan en sus vínculos con autoridades policiales y abogados venales para atacarme de diversas formas.
Es inaudito que una persona prófuga de la justicia, con condena firme encima, se atreva a amenazar y acusar en los juzgados a un corresponsal que se atreve a publicar las fechorías que comete un forajido, y para colmo de males y de lo inverosímil, se da el lujo de disponer de policías como testigos de la acusación.
¡Que Dios proteja a los periodistas y que la sociedad juzgue…!
Corresponsal RAAN