Johnny Cajina Guillé[email protected]
El fervor y la algarabía cundieron ayer entre cientos de promesantes de Santo Domingo de Guzmán, que asistieron a la parroquia de Las Sierritas para presenciar la bajada del Santo Patrono de los managuas.
El grito de ¡Viva Santo Domingo de Guzmán! y el estallido de pólvora estremecieron la pequeña Iglesia de Las Sierritas, cuando la diminuta imagen fue retirada del altar mayor para ser colocada sobre la peaña que lo traerá en su nueva visita a la capital.
La Iglesia de Santo Domingo resultó pequeña para la legión de promesantes que asistió a la misa solemne oficiada por primera vez por monseñor Leopoldo Brenes, quien fuera nombrado este año Arzobispo de Managua, en sustitución del cardenal Miguel Obando y Bravo.
LA “CHICA VACA” NO FALTÓ
Juana Francisca Villalta Lezama, la popular “vaca vieja”, llegó una vez más al jolgorio.
“Estoy aquí bailándole a Santo Domingo desde que estaba en el vientre de mi madre y lo voy a hacer hasta morir”, dice con orgullo en medio del sonar de las marimbas y chicheros.
“Bailo la vaca desde 1934, cuando mi madre murió, y yo seguí su tradición. Pero yo bailaba desde chavala, cuando mi madre era una alta cocinera del Arzobispado, en los tiempos de monseñor José Antonio Lezcano y Ortega”, agrega.
“Voy a cumplir 97 años y todavía tengo fuerzas para seguir bailando”, dice Villalta, quien paga una promesa a Santo Domingo para que la proteja de sus crisis de epilepsia, que según dice padece desde el terremoto de 1931.
“Quedé padeciendo de epilepsia desde que el primer terremoto me agarró dentro del mercado San Miguel, comiéndome una tortilla de a medio real con un centavo de crema y mantequilla. Con eso me congestioné y por eso padezco de los ataques”, agrega la legendaria “Chica Vaca”, quien promete llegar una vez más bailando con su colorida “vaquita” de cachos y telas.