Martha Solano Martí[email protected]
A las cinco de la tarde de ayer, visitar el parque de ferias Microfer era un suplicio. El sol, que no respeta el nuevo horario de Nicaragua, brillaba con toda su intensidad.
Mientras unos cuantos visitantes paseaban en familia por los pasillos donde los artesanos esperaban por los compradores.
Al igual que años anteriores, la administración de la feria ha hecho un esfuerzo por clasificar los módulos de acuerdo al producto que se ofrece, pero una vez más, hay algunas excepciones y módulos vacíos o a medio pintar.
Las pequeñas empresas extranjeras tienen su propia área. Ahí encontramos a una familia de comerciantes compuesta por ocho personas, quienes además de compartir el espacio para ofrecer sus productos elaborados a base de cuero, madera y textiles, también han convertido su tienda en su casa mientras dura la feria.
“En esta tienda somos ocho invitados y dormimos en el puro suelo, sobre cartones. Aquí mismo comemos, cada plato de comida nos cuesta 30 (córdobas). A Dios gracias que el pueblo nicaragüense está aceptando nuestro producto y eso nos satisface”, expreso Manuel Colón, de la tienda Artesanía Tzam-Yac, que traducido al español significa “nariz de gato”.
En Microfer también podrá encontrar productos novedosos como los ídolos de barro elaborados en San Juan de Oriente por la familia Gutiérrez Bracamonte o piezas de mármol y textiles importados desde Pakistán y que está ofreciendo la tienda Pakistán Nicaragua, a precios favorables.