Gabriel Conde
Yo le digo a los católicos y a los que aún rezamos a Jesucristo, a todos aquellos nicaragüenses que tuvimos la gracia de ser bendecidos por Su Santidad Juan Pablo II, les recuerdo a todos los fieles y buenos cristianos que fueron Daniel Ortega y sus turbas quienes sometieron al escarnio a ese santo representante de Cristo y Pedro aquí en la Tierra. Crimen más oprobioso que el asesinato del obispo Valdivieso.
Este mismo Daniel y sus turbas fueron las que mostraron en los medios televisivos las partes pudendas del padre Carballo. Yo les digo a los católicos que hace un año la alta jerarquía eclesial abrazó y perdonó en un fementido acto de liturgia cristiana, a sus victimarios de antaño ante una multitud de más de 100 mil personas.
La fe que me enseñaron mis mentores religiosos, el padre Nadal, el padre Hartezembuch, de quienes fui monaguillo, reforzada más tarde con los sermones del padre Rossi y el padre Iriarte eran diferentes. De ellos aprendí que la comunión no se podía dar a aquellos que vivían en estado de mancebía, pero hace pocos días el cardenal Obando le dio la comunión a don Daniel Ortega, quien vive en público amancebamiento.
¿Quién soy para acusar de herejía al Cardenal? No soy Torquemada. Lo acuso y lo declaro culpable de quebrantar mi fe, de tratar de debilitar mis creencias religiosas a tal punto y de tal manera que ya no acudo a las iglesias, ya no recibo el cuerpo y la sangre de nuestro Señor.
Lo acuso de haber cambiado las sandalias divinas del redentor por los caites sucios de los mercaderes que el Cristo a quien le rezo expulsó del templo. Lo acuso de haber minado mi fe a tal grado que hoy le pido fuerzas a mi Dios para que en el momento sublime de mi transición no tenga en mi lecho de muerte a ningún pastor de su nueva iglesia.
Cuando por las noches rezo el “creo en Dios Padre”, le agrego: creo en el obispo Hombach, creo en el marginado arzobispo Leopoldo y creo en los humildes porque de ellos será el reino de los cielos.
No acuso al señor Cardenal de las cosas terrenales. Lo acuso de no apacentar debidamente su rebaño, de olvidarse de los niños huelepega, de las prostitutas en nuestras calles y avenidas, de los casinos donde dejan sus ganancias y el sustento de sus familias, miles de nicaragüenses. Lo acuso en fin de que en materia religiosa, “non sum qualis eram”. No le cause más daño a Nicaragua, no nos divida más, reflexione, piense y diga como Cristo nuestro Señor: mi reino no es de este mundo, “ agnus dei qui tolli pecata mundi, ora pro nobis”.