Melba Sánchez
Daniel Ortega es el menos indicado para hablar de democracia y de la estabilidad social y económica que urge Nicaragua. Desde hace más de 25 años él y sus secuaces formaron y continúan siendo parte del pillaje a que ha sido sometida la nación.
La retórica de sus discursos son cosas del pasado. Sus ambiciones políticas le han creado una crónica enfermedad desde que el pueblo en su gran mayoría le dio el voto de “castigo” al realizarse, por primera vez desde su llegada al poder, un proceso electoral donde se eligió a doña Violeta Barrios de Chamorro.
Esa misma medicina será la que experimentará en los comicios electorales que se avecinan después de tres derrotas, a sabiendas de aquella canción de Carlos Mejía Godoy titulada A la cuarta ni los bueyes.
La reciente marcha contra el pacto y la corrupción demostró claramente que la nación no quiere elegir ni reelegir a candidatos impuestos a la brava, que militan en las filas del sandinismo y liberales, quienes después de ser acérrimos enemigos, ahora son perros fieles a sí mismos. Daniel puede comulgar todo lo que quiera, puede estar en una misa en compañía de Miguel Obando y Bravo, pero será el pueblo el que decidirá quién será el nuevo mandatario en las elecciones del 2006.
La lección sabia en el mundo entero es que “los pueblos tienen los gobiernos que quieren” y en tres ocasiones a Ortega Nicaragua le ha dicho que no lo quiere. El pueblo de Nicaragua es muy inteligente y sabe que todo lo que Ortega hace es una actuación.
La pregunta del milenio es cómo el cardenal Obando y Bravo pudo admitir esa soberbia y falta de respeto a la Iglesia y sus preceptos.
Me pareció totalmente chistoso ver la fotografía de Rosario Murillo a espaldas de Ortega, publicada en este importante rotativo, haciendo cruces con los dedos de ambas manos, como cuando alguna persona pide un deseo. Será que estaba pidiéndole a Dios ganarse la lotería, o que su marido ganara las elecciones el próximo año y a sumarlo a su capital, porque orando por los pobres no lo creo que gaste su tiempo.
Daniel Ortega debe estar claro que contra la voluntad del pueblo jamás logrará sus ambiciones políticas. No entiendo ¿cómo es que quiere nuevamente el poder cuando odia las dictaduras?
* Periodista nicaragüense, Las Vegas-NV-USA.