Crawford/ EE.UU./ EFE
La Casa Blanca trató ayer de contener el daño ocasionado por informes sobre la profanación del Corán en la base naval de EE.UU. en Guantánamo (Cuba), al acusar a los medios de exagerar lo que fueron “casos aislados”.
El portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan, criticó la cobertura y comentarios que han realizado algunos medios de comunicación estadounidenses sobre los casos en que se abusó del libro sagrado musulmán.
El viernes, el Pentágono admitió por primera vez que guardias de la base naval de Guantánamo, donde EE.UU. mantiene a poco más de 500 “combatientes enemigos”, vertieron orina sobre el Corán en uno de cinco incidentes constatados de “malos tratos” del libro sagrado. En otras ocasiones, el libro fue pateado, pisoteado o empapado en agua.
“Es desafortunado que algunos (medios) hayan optado por sacar fuera de contexto unos pocos incidentes aislados de unos pocos individuos, sin dejar en claro las prácticas y políticas de la gran mayoría, del 99.9 por ciento de nuestro personal militar”, se quejó McClellan.
Agregó que, en todo caso, hubo una cantidad tres veces mayor de incidentes de profanación del Corán a manos de los propios detenidos, “un número mucho peor que los pocos incidentes aislados (…) que violaron las prácticas y políticas militares”.
Reiteró que las Fuerzas Armadas de EE.UU. “no toleran ni aprueban” que sus miembros no cumplan con las normas establecidas.
McClellan hizo esas declaraciones días después de que el presidente George W. Bush y otros altos cargos de su Gobierno, criticasen un informe de Amnistía Internacional sobre los métodos utilizados contra los prisioneros en Guantánamo.