- El general Pedro Altamirano, más conocido como “Pedrón”, fue muerto a machetazos por un entenado. El general Sandino le tenía gran confianza y aprecio, cuando se fue a México lo dejó como Jefe del Estado Mayor. Sus enemigos lo señalaban como un hombre cruel, que inventó el “corte de chaleco”. Su cráneo fue traído a Managua. Se ignora su paradero, probablemente se lo llevaron los infantes de marina como trofeo de guerra
Roberto SánchezRamírez*/Especial para LA PRENSA
“‘Pedrón’, con los defectos que pueda tener, le está prestando a la patria muchos servicios, mientras que todos sus acusadores juntos lo único que hacen es mancillarla”, dijo el general Augusto C. Sandino, cuando le informaron sobre las acusaciones que se le hacían al general Pedro Altamirano.
Pasados más de tres cuartos de siglo, la figura de “Pedrón” es todavía causa de polémica y contradicción, en gran medida por la leyenda negra nacida en el libro que elaboraron varios oficiales de la Guardia Nacional y que fue publicado con la autoría de Anastasio Somoza García, el asesino del general Sandino. Los archivos descubiertos en la casa de Bismark Alvarado, en Catarina, sirvieron para editar El verdadero Sandino o el calvario de Las Segovias.
En la obra, el fundador de la dictadura dinástica menciona frecuentemente a “Pedrón” con los peores calificativos. Se le acusa de haber inventado el “corte de chaleco”, consistente en cortar los brazos desde el tronco con machete, estando viva la víctima. Según el libro en mención, bastaba con mencionar el nombre de “Pedrón” para que cundiera el terror. A pesar de las acusaciones, el general Sandino le tenía especial aprecio.
GENERAL ANALFABETA
El 6 de mayo de 1931, Pedro Altamirano recibió una especial distinción, fue ascendido por el general Sandino, a General de División del Ejército Libertador. Habían pasado unos tres años desde que se apareció con su mujer María y varios hijos que a medida que crecían se incorporaban a su tropa, en especial Melecio, que lo acompañó hasta la muerte.
Pedro Altamirano, campesino, hombre de gesto rudo y pocas palabras, nunca se quitaba su filoso machete que le colgaba en el costado izquierdo. Un día se presentó con su familia en El Chipote, como era conocedor de las montañas, pronto fue un elemento necesario en las exploraciones y montó sus propias emboscadas. En las filas enemigas se le acusaba de todo, desde asesino hasta ladrón y contrabandista.
“Pedrón” nació en una familia campesina, en Jinotega, en 1870. Cuando lo ascendieron a General de División era analfabeta y el general Sandino le puso de secretario al general Juan Santos Morales. Sandino le ordenó a “Pedrón” que tenía que aprender a leer, al principio lo hacía cancaneado pero después hasta aprendió a escribir a máquina, pero con un solo dedo.
“Pedrón” era de absoluta lealtad y fidelidad al general Sandino. Desconfiado y escurridizo, se atrevió a contradecirlo cuando se iniciaron las platicas de paz y no estuvo de acuerdo con el viaje a Managua en febrero de 1933.
Tenía un profundo odio contra las tropas de ocupación norteamericanas, sobre todo después que los capitanes Puller y Lee capturaron a dos de sus hijos y a un yerno. Cuando los infantes de marina supieron que eran de apellido Altamirano, Lee les preguntó: “¿De la familia de Pedrón?”, a lo que contestó uno de ellos: “¡No hijo de puta. Del general Altamirano”. De inmediato fueron ametrallados.
El general Altamirano mereció tanto la confianza del general Sandino, que cuando éste se marchó a México, quedó como Jefe del Estado Mayor. Participó en conocidos combates de la lucha sandinista, entre ellos La Chuscada, el Garrobo, Bocaycito, el Remanzo, y el más famoso, el del Embocadero, en el cerro Cimarrón. Con su tropa llegó a controlar parte de los departamentos de Chontales, Matagalpa y la región de Bluefields, habiendo atacado y tomado El Rama.
María de Altamirano fue también una activa combatiente del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua. Ella junto a su hijo Melecio acompañaban a “Pedron”, el general Sandino la distinguía y hasta le enviaba correspondencia. En febrero de 1934, se cuenta que “Pedrón” le rogó con los ojos llenos de lágrimas al general Sandino que no fuera a Managua. Cuando se escucharon los rumores del asesinato y la Guardia Nacional reprimió con saña los campamentos sandinistas, “Pedrón” escapó a las montañas con algunos de sus hijos. Se ignora el destino de María.
LA MUERTE DE “PEDRÓN”
Durante años poco se conoció sobre las circunstancias en que había muerto “Pedrón”. Se decía que lo mató la Guardia Nacional. En marzo de 1972 realicé un viaje por Chontales, comenzando en Santo Domingo. Tuve el apoyo de Pablito Sobalvarro, ya fallecido, luego estuve en La Libertad y San Pedro Lóvago. En el primer poblado me encontré con don Pompilio Bonilla López, quien para entonces trabajaba en el Juzgado Local. Me contó que había sido Guardia Nacional, con el número 6834 y que perteneció a la patrulla que fue a traer la cabeza de “Pedrón”.
Estaba acostumbrado en mis giras periodísticas a escuchar muchos “cuentos de camino”. Mi mochila cargaba cantidad de apuntes de relatos que frecuentemente no eran más que frutos de la imaginación o el deseo de notoriedad, así que al comienzo le presté poca atención, ante mi actitud me dijo que aguardara, que me iba a mostrar una foto.
Un poco amarillenta y algo deteriorada, en la foto aparecían tres hombres, uno de ellos sosteniendo un cráneo. Me dijo que en la foto estaban el teniente Alejandro Zamora, Adán Suárez y Alejandro Arosteguí, con el cráneo de “Pedrón” entre sus manos.
Según don Pompilio, cuando “Pedrón” supo del asesinato del general Sandino, se internó en las montañas de Chontales, con unos pocos hombres, incluyendo a su hijo Melecio que había alcanzado el grado de coronel. Agregó que él estaba acantonado en La Libertad y les ordenaron salir a patrullar para ver si terminaban con “Pedrón”. Iban en la patrulla Gilberto Quintanilla, un oficial de apellido Báez que después murió en un accidente conduciendo una motocicleta, el raso Pablo Valle, en total era una patrulla de 25 hombres.
Llegaron hasta Tipilma y supieron que hacía poco había estado “Pedrón”. Los persiguieron hasta las montañas de Matagalpa. Pasaron en balsas el río Grande, cuando tenía fuerte caudal y no estaba contaminado. No pudieron alcanzar a “Pedrón” y se regresaron. Más tarde lo acantonaron en la mina El Jabalí, en Santo Domingo, como ordenanza del teniente Alejandro Zamora.
Un día se presentaron dos campesinos y dijeron que habían matado a “Pedrón”. Relataron que andaban con él porque la mamá de ellos se convirtió en mujer del guerrillero. Estaban en un pequeño campamento en el lugar conocido como la bocana de La Cusuca. La mamá les contó que “Pedrón” la quería matar y que ellos debían hacer algo, así que planearon su muerte y la de sus hijos.
Pasada la una de la madrugada, los dos hermanos se levantaron machete en mano y se acercaron a donde dormían “Pedrón” y sus hijos. A la orilla estaba el fiel perro de piel tan negra que era conocido como Azabache. El perro los conocía bien, movió amistosamente la cola y ni siquiera ladró cuando los cuerpos quedaron destrozados a machetazos.
La noticia fue transmitida al general J. Rigoberto Reyes y se organizó una patrulla bajo el mando del teniente Zamora. Iban Alejandro Arosteguí, oficial de Sanidad y Adán Sáenz, empleado de la mina de San Gregorio. Salieron de Santo Domingo y la primera noche la pasaron en la hacienda Palmira, después en la comarca El Carrizal, buscando la bocana de La Cusuca.
A PURO ÁCIDO
Cuando llegaron a La Cusuca habían pasado ya seis días de la muerte de “Pedrón” y sus hijos. Los cuerpos estaban descompuestos. Reconocieron a “Pedrón” porque era chintano y tenía un diente de oro. Arosteguí le comenzó a echar un ácido que llevaba. La cabeza fue quedando solo en el hueso. Se desprendió y la pusieron en una canasta, lavándola en un río. Los cuerpos fueron sepultados, el de “Pedrón” sin cabeza.
La patrulla se llevó el cráneo y al perro Azabache. Cuando llegaron a Santo Domingo se armó un gran alboroto y comenzaron a tomar fotos. En el trayecto encontraron a unas mujeres que habían estado en el campamento de “Pedrón” y también se las trajeron y luego las enviaron a Managua, junto con los campesinos autores de las muertes y el perro Azabache.
Todavía para 1972, uno de los campesinos que dieron muerte a “Pedrón” vivía como a seis leguas de Santo Domingo, no me fue posible entrevistarlo, me contaron que ya era un anciano. La mayoría han muerto. Alejandro Arosteguí se convirtió en un respetable y apreciado profesor del Instituto Pedagógico de Managua; cuando comencé a conocer esta historia, ya había fallecido, pero tuve oportunidad de conversar con su esposa, doña Isabel Hernández de Arosteguí, quien me confirmó la información pues don Alejandro se la había relatado.
Parte de esta historia se fue confirmando tiempo después. Octavio Moncada Estrada me contó que para esa época, su hermano Salvador, era corresponsal del diario Novedades, en Juigalpa y que al conocerse la noticia viajaron juntos a Santo Domingo, donde pudieron ver el cráneo de “Pedrón” que todavía conservaba pequeños trozos de carne descompuesta.
Logré reunir fotos del cráneo, de los dos campesinos que le dieron muerte, a las personas que vivieron en el campamento, lo que hasta ahora nunca he podido establecer bien fue la fecha en que perecieron y la más importante pregunta: ¿Qué se hizo el cráneo de “Pedrón”?
Todo hace suponer que Somoza García, en un gesto servil, le entregó el cráneo a los jefes militares norteamericanos para que se lo llevaran como trofeo. Igual hicieron en México con la cabeza de Pancho Villa.
EN LOS CAMPAMENTOS DE SANDINO
Desde la plaza de Quilalí se mira imponente el cerro El Chipote, donde tuvo su principal campamento el general Augusto C. Sandino. La primera vez que miré el histórico sitio fue a inicio de 1970, acompañado de un niño, desde entonces preguntón, curioso y medio gruñón, pantalón corto y calzado con botitas llamadas burritos, Fabián Medina Sánchez.
Fue en El Chipote que el 2 de septiembre de 1927 se firmó el documento de constitución del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua. Ya para 1970 el despale iba terminando con la montaña. Había variado el clima y no se sentía el frío que “taladraba los huesos”, como relata en su obra Salomón de la Selva, frío que aumentaba cuando llovía. Allí se conoció Pedro Altamirano con el general Sandino.
Según la crónica de Salomón, el encuentro fue así:
“Cuando llegó Sandino a El Chipote, ya estaba ‘Pedrón’ Altamirano allí con su gente. Sandino recibió el elemento de guerra capturado. Después hizo pasar a ‘Pedrón’ a su despacho. Los dos hombres quedaron solos, frente a frente. El uno cargaba su machete. Era un hombrazo. El otro llevaba revólver al cinto. Era de complexión endeble. Se miraron largo rato, sin decirse palabra, sosteniéndose fieramente la mirada.
– ¿Con qué ánimo ha venido aquí, señor Altamirano?
– Puej a quedarme, bajo una condición.
– Yo lo acepto, pero también bajo una condición.
– Juguemos los gallos tapados, a ver si quiere.
– Me cuadra.
– Mi condición es que yo seya general también.
Sandino sonrió.
– Aceptado general Altamirano, pero sepa y entienda que aquí mando yo. Mi condición es que usted deje de ser conservador y sea sólo nicaragüense.
– Queda hecho el trato.
Sandino arrugó el entreceño.
– ¡General Altamirano! —dijo con voz altiva.
– ¿Qué manda, mi General? —replicó el otro.
– ¡Entrégueme ese machete!
– Altamirano hizo un gesto de sorpresa, pero se desenfajó el arma lentamente y la entregó.
– Puede retirarse, General.
– ¡Qué le hubo? —le preguntaban los suyos a Altamirano al verlo salir solo y desarmado.
– Que nos quedamos a las órdenes del general Sandino y ya no somos conservadores sino sólo nicas. ¡Tetelque el hombrecito!
– Lo que soy yo, me devuelvo —expuso uno de los de aspecto más fiero—, que conservador nací y conservador he de morir.
– ¡Bruto! —le replicó Altamirano. ¿Qué no naciste nica, so bestia? De aquí no se va nadie, que mando yo y por sobre yo mi general Sandino.
– Sí así es la cosa —dijo el soldado—, me quedo puej. Si sólo quería que me explicara cómo era la cuestión. ¡Tan caliente se me puso, mi General!
Estaban en un extremo del corredor. Sandino apareció en el otro extremo.
– ¡A formar, jodidos! —ordenó Altamirano.
Los treinta y tantos hombres de su séquito se formaron. Altamirano, al frente de ellos, saludó a Sandino .
– ¡General Altamirano! —le dijo Sandino—. Quiero que usted porte mi revólver. Es un recuerdo de amistad que le doy. Hágame una lista escrita de sus soldados para incorporarlos al Ejército, y vea que busquen acomodo.
– Gracias, mi General”.
POBRES PERO FRATERNOS
Los campamentos del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua, tenían grandes limitaciones, a veces no había ni sal. La tropa andaba casi en harapos, calzada con caites, la mayoría con sombreros de palma. El trato era fraterno y no existían diferencias aunque tuvieran distintos grados militares.
Había soldados, artilleros y oficiales, también estaban los palmazones y el Coro de Ángeles. La palabra palmazón provenía de los hermanos llamados “Palmazón”, de nombres Chico, Macario y Calixto, muchachos campesinos que murieron en combate. Cada artillero tenía de ayudantes a un grupo de palmazones. Los del Coro de Ángeles eran menores de doce años que en los combates metían ruido y servían de espías, el coronel Santos López formó parte de esa tropa especial.
El ambiente era alegre. Cuenta José Román que en todos los campamentos había músicos, cantores que fácilmente componían coplas relacionadas con la lucha sandinista. En el campamento del general Sandino había casi una orquesta.
Estaba un acordeonista de apellido Montiel; otro de nombre Miguel era guitarrista, igual que Máximo, hijo del general Altamirano; Tranquilino Jarquín, guitarrista y cantor; Pedro Cabrera, guitarrista, cantor y poeta que también tocaba el clarín de la guardia personal de Sandino, conocido más como “Cabrerita”. Se tomaba chicha pero no muy fermentada.
LA CAMCIÓN MÁS POPULAR
«Aquí están los defensores,
que con plomo y no con flores,
luchamos por libertar
a nuestra patria adorada
que traidores sin conciencia
la vendieron por un real.
Nuestra patria es la sultana
linda, centroamericana,
de los lagos y el pinar,
donde los nicaragüenses
que entendemos el honor,
por nuestra patria querida
estamos dando la vida
contra el yanqui y el traidor.
Aquí están los guerrilleros,
terror de filibusteros
que nos quieren humillar.
Aquí están los indios fieros,
Nicaragua, Nicaragua,
que te van a libertar,
porque ha sido tu destino
que Augusto César Sandino
nos lleve por el camino
donde vamos a triunfar».
FUENTE BIBLIOGRÁFICA
Con Sandino en Nicaragua, Ramón de Belausteguigoitia. Junto a Sandino, Gregorio U. Gilbert. Maldito país, José Román. El pensamiento vivo de Sandino, Sergio Ramírez Mercado. Banana gold, Carleton Beals. La guerra de Sandino o el pueblo desnudo, Salomón de la Selva. Sandino y los US Marines, compiladores R.R. Isaguirre y A. Martínez R. El verdadero Sandino o el calvario de Las Segovias, Anastasio Somoza García. Ahora sé que Sandino manda, publicación del Instituto de Estudios del Sandinismo. Sandino o la tragedia de un pueblo, Sofonías Salvatierra. Sandino, General de hombres libres, Gregorio Selser. Augusto C. Sandino, escritos literarios y documentos desconocidos, Jorge Eduardo Arellano. Sandino, Neill Macauley. Hombre del Caribe, Abelardo Cuadra.
* Academia de geografía e historia de nicaragua