Roberto Amador N.
“Gringos caitudos”, o sea indios, así nos llamó el otrora Ministro de la Presidencia, ingeniero Antonio Lacayo, a los que hemos tomado, por las circunstancias de todos conocidas, la ciudadanía norteamericana. También el ex presidente Arnoldo Alemán hizo mofa de este pueblo que vive fuera de su Patria no por decisión propia. En esa ocasión el ahora reo Alemán dijo que las mujeres o gringas caitudas vivían pariendo hijos para que fueran ciudadanos gringos.
En mi largo exilio me he dado cuenta de que el país que más nos ha acogido es EE.UU. Este país protege a sus ciudadanos y vela por sus derechos, sean nacidos o nacionalizados, más que el mismo país que nos vio nacer. Acá no se nos ha dado el calificativo que nos dio el señor Lacayo, tampoco importa si las indias paren o no hijos, como a nosotros no nos interesa la vida privada de la señora Alemán ni cuántos partos ha tenido últimamente.
Creo que debe haber un respeto para las personas y su vida privada. Eso también se perdió en Nicaragua, donde los que deberían tener respeto por los indios, que en su mayoría pagan sus sueldos y por estos gringos caitudos que con su sudor y las millonarias remesas han ayudado al pago de esos enormes sueldos, sólo emiten ofensas. Nuestra Patria adoptiva pelea y defiende los derechos que se nos fueron negados y de las confiscaciones injustas del sandinocomunismo. Nos robaron lo que tanto nos costó y tenemos el derecho a recobrar lo nuestro, si no como nicaragüenses, pues que sea como gringos caitudos. Dios bendiga a EE.UU y salve a nuestra vejada Nicaragua.