- Hace 25 años, LA PRENSA culminó la peor crisis interna en sus casi 80 años
Wilder Pérez [email protected]
El 26 de mayo de 1980 fue un día sin precedentes. Luego de cinco semanas de ausencia, se vendieron 123 mil ejemplares de LA PRENSA, que una vez más había decidido defender su independencia frente al Gobierno de turno, entonces en manos del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que ya mostraba sus inclinaciones totalitarias.
Sin embargo, los días que precedieron a ese momento estuvieron marcados por grandes contradicciones .
Las diferencias ideológicas abrieron una brecha tan grande, que el 85 por ciento de las 203 personas que laboraban en LA PRENSA en ese entonces, se marcharon para fundar otro periódico, El Nuevo Diario, que fue una especie de “premio de consolación” ante la pretensión de convertir a LA PRENSA en un vocero más de la revolución.
Para muchos, esa fue la cara visible del problema. Pero detrás de la discusión periodística de cómo LA PRENSA debía manejar el tema de la revolución “popular sandinista”, aparentemente estaba el interés del Gobierno por apoderarse del periódico sin tener que confiscarlo.
Así, El Nuevo Diario habría nacido una semana antes, el 19 de mayo, como producto de una situación inadvertida. La junta directiva de LA PRENSA no esperaba separarse, los sindicalistas del periódico no pensaban fundar otro rotativo, y el Gobierno no estaba interesado en otro medio defensor de la revolución que no fuera LA PRENSA, debido a su prestigio a nivel internacional.
LO INESPERADO
“Yo no sabía, me vine de mi casa, y en el portón, los trabajadores me dijeron ‘usted no puede entrar’”, recuerda Jaime Chamorro, uno de los cuatro socios de LA PRENSA en 1980.
Esa escena, ocurrida la mañana del 20 de abril de 1980, fue el punto culminante de las discusiones que supuestamente sólo se daban a nivel de los socios del periódico, pero de las que los sindicalistas estaban al tanto y hasta habían tomado partido, algo que tampoco conllevó mucho esfuerzo debido a la efervescencia de la revolución.
Gente como Manuel Eugarrios, Danilo Aguirre y Edgard Tijerino, tres de los periodistas más prestigiosos de la época y que trabajaban en LA PRENSA, no sólo editaban el periódico clandestino Trinchera, desde antes del triunfo de la revolución, sino que incluso alguno de ellos, junto con otros colegas del Diario, fundaron Barricada en tiempos en que no trabajaban porque la Guardia Nacional había mandado a quemar el periódico.
“Nosotros sólo los mirábamos pasar, yo me di cuenta de que aquí (en LA PRENSA) lo hacían todo, porque una vez vi con un montón de papeles a la jefa de levantado de texto y me dijo que era para el periódico”, recuerda Melba Ligia Sandoval, antigua trabajadora del rotativo.
Sandoval también había sido detenida por el sindicato el mismo 20 de abril. “Me agarraron los papeles, se los llevaron, ‘no hay PRENSA’ me dijeron”, relata, y añade que sólo entró nuevamente a las instalaciones para participar en las liquidaciones de los sindicalistas que se fueron a fundar El Nuevo Diario.
“Desde entonces me vieron como enemigos. (Aunque) Tijerino siempre me habló, Ernesto Aburto siempre fue el mismo, nunca tuvo un mal gesto contra mí”, asegura Sandoval, quien había albergado en su casa a todos esos periodistas y otros revolucionarios en 1979, y quien se mantuvo al tanto de las reuniones de los sindicalistas de LA PRENSA con gente como Bayardo Arce y William Ramírez, coincidentemente dos ex periodistas de este rotativo que ahora estaban en la cúpula sandinista.
LAS “COLETILLAS”
La mayoría de socios, a excepción de Xavier Chamorro, director del Diario tras la muerte de su hermano Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, no miraban con agrado la inclinación de LA PRENSA hacia la revolución. Las discusiones llegaron cuando los redactores y editores vieron frustrados sus intentos de añadir “coletillas”, párrafos a favor de la revolución, al final de determinadas notas periodísticas.
Una coletilla del director del sindicato, Trinidad Vásquez, logró publicarse el 27 de febrero del mismo año en un artículo sobre el deterioro de la crisis cubana. Citando a “Newsweek”, la AP publicó las razones por las que la economía cubana iba en picada desde la revolución de Fidel Castro.
En el pie de la nota, en negrilla y titulada en mayúscula, estaba la coletilla: “NOTA DEL SINDICATO DE TRABAJADORES DE LA PRENSA. Este tipo de informaciones con el boleo de la revista a la agencia y viceversa, son típicas de las transnacionales de la información. Recogiendo frases de discursos y hechos dispersos, juntándolas con medias verdades, construyen sus análisis noticiosos encaminados a desorientar a las masas sobre los logros obtenidos en países donde la clase trabajadora ejerce el poder. Pero a nuestro pueblo ya no lo consiguen engañar”.
Eso empeoró las relaciones entre Xavier Chamorro y sus tres hermanos accionistas, pero además desató la inconformidad de la junta directiva y de los sindicalistas, hasta que el 20 de abril decidieron establecer una huelga, exigiendo que el director se mantuviera en su cargo, ante el supuesto anuncio de su destitución.
“Primero el sindicato quiso poner coletillas en la información abajo, y las quitamos; entonces no hallaban qué hacer, pero Xavier empezó a defenderlos, al sindicato y al sandinismo, y a decir ‘no, eso no se puede quitar, no se puede hablar mal de Cuba’, pero la influencia de todos los demás, incluyendo a Pedro Joaquín Chamorro Barrios que estaba en la Redacción, lo avasallaban”, afirma Jaime Chamorro.
“Las cosas habían llegado a un tipo de tirantez ya insostenible, se había producido en la directiva un enfrentamiento muy fuerte entre los dueños del periódico. Según la versión que obtuvimos ese domingo (20 de abril), el ingeniero Xavier Chamorro les había dicho de una manera muy fuerte (a sus socios): ‘Si ustedes quieren mi renuncia, entonces yo voy a renunciar’; parece que los otros directivos le tomaron literalmente la palabra y, en esa edición, se estaba insertando una nota que decía que estaba renunciando el ingeniero Xavier Chamorro como director del periódico”, recuerda Danilo Aguirre, director de El Nuevo Diario.
A pesar de eso, no hay recuerdos claros de que en la sala de Redacción se hayan dado conflictos ideológicos, en gran parte porque prácticamente sólo los trabajadores administrativos no estaban de acuerdo con la visión de la mayoría de editores y redactores.
“Entre el personal no hubo (controversias), exceptuando con Horacio Ruiz, que fue adversario de la revolución desde su triunfo, colocaba letreros donde decía: yo amo la libertad burguesa. Cosas que eran una respuesta provocativa, si querés, a las concepciones que comenzaron a manejarse después de la revolución. Era quizá con la única persona que el sindicato se llegaba a quejar de que la sección internacional atacaba a la Revolución. El malestar continuaba, pero sólo era con la sección de Horacio, el resto de redactores todos eran sandinistas, se escribía como sandinistas, se titulaba como sandinista”, recuerda Aguirre.
No obstante, Sandoval recuerda que quienes no estaban plenamente de acuerdo con los sindicalistas, eran siempre vigilados y los tildaban de reaccionarios. Así se observa en una foto privada de la época, en una casa contigua a la de Sandoval, una pinta que dice: “Te vigilamos farisea”.
PUNTO MÁXIMO
Aguirre añade que la nota anunciando la renuncia del director les brindó dos opciones: poner una coletilla debajo de la noticia, desmintiendo la misma, o irse a huelga para evitar que la edición fuera publicada y así mantener al director. Decidieron lo segundo, según Aguirre, para evitar el desprestigio de LA PRENSA y porque las coletillas eran más bien de la oposición a la revolución cubana.
“El punto cumbre del conflicto se da cuando ellos paran una edición, que iba a salir porque tal vez estaba Horacio al frente, e iba a salir con alguna noticia que no les convenía y se la mandaron a enseñar al Gobierno”, rememora Pedro Joaquín Chamorro Barrios, que en ese momento era el columnista que más abiertamente criticaba al Gobierno sandinista.
“Cuando se da esa toma, paralizan la cuestión, se llevaron la edición al Gobierno, a enseñársela a Bayardo Arce, que había trabajado en LA PRENSA en tiempos de mi papá, tenía mucha amistad con Manuel Eugarrios, Danilo Aguirre (editores que apoyaban a la revolución)”, añade Chamorro Barrios. A eso, en LA PRENSA se le conoció como “la operación caballo de Troya”.
CHAMORRO VS. CHAMORRO
Según Chamorro Barrios, para la mayoría de dueños del rotativo “era intolerable que el periódico por el que había dado la vida mi padre, se convirtiera simplemente en un órgano vocero oficioso del Gobierno, no oficial, porque oficial era Barricada, pero no estaban contentos ellos por la circulación de Barricada, ellos sabían que todo el mundo leía LA PRENSA”.
Entonces iniciaron las negociaciones. La mayoría de los Chamorro estaba liderada por doña Margarita Cardenal, dueña original de LA PRENSA, y se componía por los accionistas Jaime Chamorro, Violeta Barrios de Chamorro (viuda de Pedro Joaquín Chamorro, Mártir de las Libertades Públicas) Ana María Chamorro y Carlos Holmann, además de Pablo Antonio Cuadra. Por el lado de Xavier Chamorro estaban los sindicalistas, entre los que sobresalían Aguirre y Eugarrios.
El argumento de la mayoría de los Chamorro era: “Nosotros vamos a dirigirla (LA PRENSA) porque es nuestro periódico”. Mientras tanto, los sindicalistas exigían que Xavier Chamorro continuara como director, para ejercer lo que el periodista deportivo Edgard Tijerino denominaría como “compromiso revolucionario”, eso incluía no criticar las decisiones de los líderes revolucionarios.
Jaime Chamorro recuerda que aquella controversia salpicó a cada uno de los descendientes de doña Margarita en sus dos generaciones siguientes, ya que incluso sus nietos estuvieron en bandos ideológicos opuestos.
FSLN en primera fila
La crisis de LA PRENSA era de sumo interés para la Dirección Nacional del FSLN, que se inclinaba a favor de los sindicalistas.
El libro Frente a dos dictaduras, de Jaime Chamorro, señala que un miembro del Gobierno allegado a su familia les transmitió un mandato de Arce (uno de los nueve comandantes de la Dirección Nacional): “que si no accedían (a las peticiones de los sindicalistas), se confiscaría no sólo LA PRENSA, sino también todos sus bienes personales”.
La respuesta, según Jaime Chamorro, fue inesperada para los del Frente: “Bueno, la confiscan, pero no va a ser el periódico de nosotros, será otro, de otros, pero no vamos a hacer un periódico que no esté dirigido como un periódico independiente”.
La propuesta significó un duro golpe para Arce y compañía, ya que según confirmó una fuente ligada al Gobierno de entonces, no podían confiscar LA PRENSA porque el costo político era demasiado alto, significaba echarse al mundo encima, de modo que su “deseo” de dominar el periódico desde su interior no se les hizo realidad.
Aguirre confirmó que dentro del FSLN había gente “interesada en que nos quedáramos aquí en LA PRENSA y que neutralizáramos el enfrentamiento ideológico que se daba dentro del periódico”, sin embargo, tanto él como Tijerino niegan haber actuado bajo órdenes de la Dirección Nacional, aduciendo que lo hicieron porque eran parte de la revolución que había derrocado al dictador Anastasio Somoza Debayle.
La respuesta de la junta directiva dio paso a una negociación en la que, por alguna razón, se encontraba el FSLN, con Arce al frente. En el libro de Jaime Chamorro se indica que éstos fueron quienes invitaron a una reunión para dar sus puntos de vista, mientras que en el diario Barricada se publicó que la Dirección Nacional había sido invitada a “mediar” por petición de la accionista Violeta Barrios.
EL FINAL “FELIZ”
En una situación como esa, cualquier final sería feliz. En medio de las discusiones, Xavier Chamorro le habría dicho a su hermano menor, Jaime: “La verdad es que yo he decidido venderle mi parte a ustedes. ¡Eso fue como que se me abrió el cielo! Yo inmediatamente vi que esa era la solución”, relata el segundo.
A Xavier se le compró su derecho del 25 por ciento de LA PRENSA. El pago fue mayoritariamente en activos que le permitieran fundar otro periódico, y hubo una porción menor en dinero, según su hermano.
Así, el 17 de mayo de 1980, los sindicalistas entregaron de manera formal los equipos a la junta directiva. Según Barricada, diario oficialista, no hubo quejas porque todo estuvo en orden.
Los trabajadores inmediatamente salieron en una marcha de 300 metros hacia el oeste, levantando en hombros a Xavier Chamorro, gritando “¡Xavier sí, otro no!”, rumbo al sitio donde dos días después fundarían El Nuevo Diario, y en cuya primera edición, Xavier Chamorro, a manera de editorial, expresó su deseo de que no se desestabilizara “nuestro justo y hermoso proceso revolucionario”.
PERIODISMO “REVOLUCIONARIO”
“Este tipo de informaciones con el boleo de la revista a la agencia y viceversa, son típicas de las transnacionales de la información. Recogiendo frases de discursos y hechos dispersos, juntándolas con medias verdades, construyen sus análisis noticiosos encaminados a desorientar a las masas…” rezaban las “coletillas” que el sindicato sandinista en LA PRENSA acostumbraba poner bajo notas internacionales que no les agradaban.