Ofensa

Luis Felipe Báez Ortega,Javier Antonio Báez Ortega yMaría Vilma Báez Ortega El 18 de abril fue publicado en LA PRENSA un artículo en el cual se entrelazan medias verdades, graves mentiras y sorprendentes inexactitudes, con el tentativo de dar, con gran atrevimiento e ignorancia, una explicación al nombramiento del nuevo Arzobispo de Managua. Escribimos en […]

Luis Felipe Báez Ortega,Javier Antonio Báez Ortega yMaría Vilma Báez Ortega

El 18 de abril fue publicado en LA PRENSA un artículo en el cual se entrelazan medias verdades, graves mentiras y sorprendentes inexactitudes, con el tentativo de dar, con gran atrevimiento e ignorancia, una explicación al nombramiento del nuevo Arzobispo de Managua.

Escribimos en honor a la verdad. Deseamos aclarar que se calumnia a nuestro hermano, el padre Silvio José Báez Ortega, diciendo que el apellido “Ortega” lo vincula familiarmente con Daniel Ortega. Nos vemos en la obligación de declarar públicamente que tal afirmación es absolutamente falsa.

El autor del artículo afirma que debido a esa parentela con Daniel Ortega, que él atribuye injuriosamente a nuestro hermano, el Papa decidió nombrar Arzobispo a monseñor Leopoldo Brenes y no a nuestro hermano. Es también absolutamente falso afirmar que nuestro hermano se haya podido prestar a manejos políticos en relación con Daniel Ortega, no solamente porque él vive en Italia desde hace muchos años, sino sobre todo porque él jamás ha tenido el menor trato con esta persona.

Nuestro hermano es sacerdote carmelita descalzo, de quien nos sentimos orgullosos de ser sus hermanos. Es un estudioso de las ciencias bíblicas de gran prestigio y profesor de Sagrada Escritura en la Pontificia Facultad Teológica del Teresianum de los Carmelitas Descalzos en Roma. Aunque haya obtenido en una prestigiosa universidad europea su título de doctor en Sagrada Escritura, con la nota máxima de “summa cum laude”, es un hombre de Dios, un religioso carmelita descalzo que, como su madre fundadora, Santa Teresa de Jesús, es “hijo de la Iglesia”.

Hemos escrito por amor a la verdad: “el que obra la verdad va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras son hechas según Dios” (Juan 3,21). Quien odia la verdad, no conoce la verdadera libertad. Quien no ama la verdad, no ama a Dios ni lo conoce. La libertad de expresión sin la verdad destruye la sociedad y la persona humana.

Cartas al Director

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