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Pedro Rafael Gutiérrez Doña En Granada, los paseos en coche se transformaron de la noche a la mañana en una actividad movida por la afluencia de turistas. Cien córdobas es la tarifa que los cocheros cobran a nacionales y extranjeros por diez minutos en coche. Lo que antaño era el transporte de los pobres, hoy […]

Pedro Rafael Gutiérrez Doña

En Granada, los paseos en coche se transformaron de la noche a la mañana en una actividad movida por la afluencia de turistas. Cien córdobas es la tarifa que los cocheros cobran a nacionales y extranjeros por diez minutos en coche. Lo que antaño era el transporte de los pobres, hoy es una actividad lucrativa para la industria del ocio.

A sólo una cuadra de los cocheros, un rótulo de “se vende” cuelga muy cerca de La Puerta de los Leones, en una casa que se cotiza a 750 mil dólares. Pareciera que la propietaria no quiere venderla, ya que por el mismo precio, cualquier hijo de vecino podría comprar en Miami Beach o en Buenos Aires, un condominio con piso de mármol y jacuzzi en granito.

Diez minutos caminando y llegamos al lago de Managua, cubierto por el cielo gris, reflejo de su contaminación. Tres adolescentes nica-americanos me acompañaban en la caminata, la que se convirtió en un réquiem por el lago, —frustrados por ahora—, de no poder darse un refrescante chapuzón.

Jugaban en la costa dos niños de la zona, tirando piedras a un perro, que buceaba en el lago y salía luego, como aquellas focas y garzas bañadas en asfalto, producto de un derrame de petróleo… En el Mercado Huembes comprar un disco compacto cuesta si es “original” 250 córdobas, y por el mismo compacto “pirateado” paga 30. Rondan los pasillos del mercado grupos de “crackeros”, despidiendo aromas a fluidos corporales y huyen al instante, compradores de recuerdos.

Custodian la Catedral de León tres fieros leones; el más importante sobre la tumba de nuestro dios literario Rubén Darío, los otros dos situados frente a Catedral en actitud fiera; lo que no saben éstos es que de su robusta cola, sólo queda una varilla metálica corroída por el tiempo.

Y mientras en Managua bañarse en el lago por ahora es un sueño, frente a la impresionante presencia del Momotombo en León Viejo, cientos de bañistas disfrutan de las aguas del mismo lago, como si no pasara nada.

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