Gerd Schnepel
Con la nueva hora, en el campo se han presentado algunos problemas, pues la mitad de la gente sigue el viejo horario y la otra mitad la nueva. Consecuencia: cualquier encuentro, reunión, taller, etc. inicia no una hora tarde como antes, por la impuntualidad de los nicaragüenses, sino dos horas tarde.
Existe un caos: permanentemente las cosas no funcionan, o la gente que se levanta temprano (5:00 a.m., hora vieja), ahora necesita luz eléctrica o de candil porque aún hay oscuridad entre las 5:00 y la 6:00 a.m. La radio cambió su programa también: el noticiero de las 6:00 ahora se da a las 7:00. Ni el Gobierno mismo confía en su medida. En Nueva Guinea también el MECD contrarresta la medida de ahorrar energía, mandando a las escuelas a comenzar a las 8:00 en vez de las 7:00.
En otros países estas medidas se preparan meses antes con una campaña para informar a toda la población, preparar a la gente psicológicamente e investigar antes las consecuencias que podrían sobrevenir. Aquí, al parecer se le ocurrió a algún consejero del Presidente proponer el cambio de hora porque lo conoce de New York o Miami (donde tiene sentido porque entre día y noche hay mucha más diferencia que aquí), y lo aplicaron para demostrar que la “Nueva Era” significa que hasta el tiempo se ha adelantado.
Lo mejor sería anular ese decreto lo más pronto posible, porque no logra su meta y sólo causa caos.
Nueva Guinea, RAAS