Pedro Rafael Gutiérrez Doña
Hace un par de años el Estado costarricense, por su desenfrenada e irracional explotación de sus recursos naturales, recibió de una organización ecológica internacional el premio “Diablo Ecológico”. El premio consistía en una estatuilla que simbolizaba al demonio y un documento que sintetizaba los “méritos” por los cuales se hacían merecedores del galardón.
Hoy recibimos, cual bofetada en la cara, el anuncio de que un costarricense radicado en Nicaragua, llamado Ovidio Jiménez, está explotando los bosques fronterizos entre Nicaragua y la vecina del sur. Las autoridades costarricenses jamás permitirían en su país esta “diabólica” actividad, pero expanden sus tentáculos para explotar 3,500 metros cúbicos (¿?) de madera preciosa en el nuestro. Y no es extraña esta actitud de Costa Rica, que por muchos años ha estado muy interesada en la riqueza hídrica de esta zona y ahora de manera ilegal, están enfocados en acabar nuestra flora y destruir la fauna.
Lo que parece absurdo es que la Dirección General de Servicios Aduaneros (DGA) haya autorizado tal aberración, al permitir que el extranjero pusiera un “aserrío portátil” suficiente para arrasar con los supuestos 3,500 metros cúbicos de madera preciosa, suficientes para construir un pequeño caserío. Este es un caso más de corrupción al que las autoridades competentes tendrán que meterle mano y detener el despale incontrolado.
Causal del premio al demonio ecológico fue el exterminio que hicieron de madera preciosa de su país, vendiendo a transnacionales las propiedades y procesando la madera para venderla en el mercado estadounidense a precios inalcanzables.
De las tablas de formaleta que abundan en el comercio tico a una tabla de caoba hay mucha diferencia, diferencia que los endemoniados madereros ticos se dieron cuenta y que mediante el cohecho y la burla a las leyes y controles, asesinan las inigualables bellezas de nuestra flora, queriéndonos endosar ahora el premio recibido por ellos. ¡No, gracias!